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Leo Rodríguez expresó en La Vaca Atada

“Salgo a cazar con la guitarra para ganarme el pan”

En víspera del Día del Padre las canciones y las melodías de Lucas Monzón y Leo Rodríguez ensancharon la Vaca Atada turbando y agitando emociones.

Por paulo ferreyra

Para homenajearse o homenajear a los padres Leo recitó antes de cantar, “Recuerdo que taitá, los mil secretos me enseñó, la huella del carpincho, las costumbres del avá. Cuando sea el tiempo, sabrá mi cachorro, la huella del carpincho y las costumbres del avá”, fragmento del tema “yo voy mariscando”. Los aplausos y el coro del público reavivaron los afectos.

La Vaca Atada, ubicada en una esquina céntrica de la ciudad de Resistencia ofreció una velada acompañada por un excelente acordeonista como Lucas Monzón y la guitarra y el canto de Leo Rodríguez. 

El público volvió acompañar la propuesta artística y gastronómica del lugar. Las mesas estaban cubiertas por diferentes platos, las bebidas se abrieron entre vino, soda, cerveza, agua, gaseosas. Las botellas de cerveza de litro están vestidas de diferentes colores que iban del rojo, verde, amarillo, azul, entre otros.

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En el plano musical la propuesta estuvo cargada de música nueva y no faltaron también los grandes clásicos. El matiz de algunos temas instrumentales también aportó un color diferente en la noche musiquera. Entre los temas que se escucharon podemos recordar “Sauce y río”, “Guitarra canguí”, “A Villa Nueva”, “El Moncho”, “El cielo del Albañil”, “El Hornerito”, “Poca monta”, “Villa Guillermina”, “Estrella de amanecer”, “Camino del arenal”, “ña froilan”, “la Oma”,

Manolo Duran fue el encargado de dar la apertura de la velada. Además intervino en varios pasajes de la noche a veces iluminan con sus conocimientos y a veces sólo cortando el silencio producido entre el final de un acorde y el inicio del nuevo tema.

El primer invitado a cantar en la noche fue “El Pelado” Ferreyra. Muchos se apuraron a sacar fotos con sus celulares para registrar ese momento.  El clima es agradable dentro de la Vaca Atada. El clima aquel de la piel exterior y el clima de las expresiones humanas que se vierten en bondades y sonrisas del alma.  Adentro todo está colmado. También afuera, en la vereda de la Vaca Atada, se dispusieron algunas mesas. Ahí llega la música y la felicidad.

La voz de Leo Rodríguez suena clara, alta, precisa y con una dicción ajustada en cada tema. “Vamos Leo”, lo alientan desde el público. Mientras en silencio Lucas Monzón lo acompaña con una fuerza herculeana poniendo una cadencia armónica única en el chamame.

El público también se anima en algunos cantos y elevo su voz acompañando a Leo Rodríguez. Por momentos las voces se multiplican afinadamente. Como en otras noches no faltó el vendedor de flores.  Hay parejas, por lo menos tres en torno a sus mesas donde sólo reinan ellos y la música. Las personas mayores se miran en silencio, se acarician las manos, comen en silencio, beben en silencio, se miran y se acompañan en silencio.  Cuando por un momento habla Leo sólo se escuchan los sonidos de los cubiertos. Todo lo demás es silencio.

Pasada la media noche hubo una pausa por más de media hora. Esa pausa se hizo larga para algunos mientras que para otros fue breve. Lo cierto es que por momentos aquí no caben las penas o las tristezas, quizás sí la nostalgia. Las penas son mitigadas por música, por letras y chamame, por qué no, por un vino o una cerveza.

Sobre el cierre hubo una ronda de cantores para hacer parte de la velada a los cantores presentes. Cerca de las una de la madrugada y todavía sigue llegando gente, algunos se van y esa mesa enseguida es ocupada por nuevos visitantes. Después agregan una mesa más con cinco sillas.

Por la celebración del día del padre hubo muchos saludos.  Los brindis, los besos, las expresiones de buenos deseos se extienden bañando todo el lugar.

La ronda de cantores se viste de clásicos y grandes recuerdos. Hay cantores de Goya, Corrientes. 

Días antes de esta velada Coqui Di Raddo había prometido al público que los músicos harían “erizar la piel y hasta le arrancarían un fuerte sapukái a los amigos”, finalmente no se equivocó. Todo fue en esa corriente.

“La vida del músico no es fácil”

Por un momento Leo hizo una pausa. Tomó el micrófono y explicó.  “Yo fui papá hace poco más de dos meses”, deslizó.  “Yo hace cuarenta años”, “yo hace nueve”, “yo hace veinte tres”, comienzan a expresarse los padres presentes. Leo se enciende con una sonrisa.

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“Cuando salgo con la guitarra mi guaina le dice a la nena “papá se va a cazar con la guitarra. Se va a traer la comida”.  Entonces pensaba en que no ha cambiado nada en los últimos años. Cuando hablamos con Lucas pensamos en la realidad de que hoy hombre y mujer deben salir a cazar para el sustento diario. Hoy salen a la par para pelearle a la vida todos los días. Hay que ir a buscar el pan y cada vez es más difícil”, afirma.

“En nuestra profesión también es difícil. No es fácil.  Hay veces que no hay ganas de salir, no hay ganas de tocar o veces no están dadas las condiciones para trabajar. Sin embargo salimos igual como muchos otros trabajadores. Entonces salimos igual con nuestra herramienta, con nuestra escopeta y con nuestra cimbra. Por todos esos padres hoy vamos a homenajearlos con este tema “yo voy mariscando”.  Tras el anuncio los aplausos estallaron y el canto volvió a tener eco en cada mesa, en cada hombre y mujer.

Sobre el cierre de la velada Manolo Duran anunció que el próximo sábado estarán Matías Galarza y Noemí Maizares.