Para ver esta nota en internet ingrese a: http://www.diarionorte.com/a/153560
Juan Carlos Tuyaré
Por: Juan Carlos Tuyaré

Sentarse con los pecadores

Sentarse tiene una connotación especial. Una persona que se sienta está dispuesta a permanecer en una situación de descanso al menos por un rato. No es lo mismo atender a otra persona parada que sentada.

 El estar sentado significa que existe una predisposición a escuchar y dialogar con quien tenemos enfrente; al revés del estar hablando con alguien parado, que le da a la charla la imagen de fugaz. Jesús se sentó a comer con pecadores porque tenía un mensaje que trasmitirles en relación al pecado.

Cuando buscamos el significado de la palabra pecado en el diccionario que utilizan los chicos para el colegio, su texto nos dice: “a) Hecho, dicho o deseo u omisión contra la ley de Dios; b) cosa que se aparta de lo recto y justo, o que falta a lo debido; c) exceso o defecto en cualquier línea”.

Pero cuando perfeccionamos la búsqueda de su significado y recurrimos a un diccionario bíblico, podemos observar otros detalles, como por ejemplo: “El pecado no es la mera infracción a los mandamientos, sino el rechazo de la voluntad de Dios, es la disposición mental que lleva al pecador a hacer su propia voluntad en oposición directa a la de Dios”.

Elegir o rechazar

Siempre que tomamos una decisión en la vida, optamos por elegir o rechazar algo. En este caso, cuando elegimos pecar estamos rechazando la voluntad de Dios. Y la situación agravante es que el texto bíblico señala que todos los seres humanos han pecado, por lo que no hay uno que sea justo por sí mismo.

Sin embargo, ningún ser humano se animaría a desmentir que el pecado es sabroso al momento de cometerlo, pero el problema es que su consecuencia no es sabrosa, todo lo contrario, condena al individuo al castigo eterno.

Sabemos que muchos, podríamos decir la mayoría, no cree que esto sea así, pero ese preconcepto no modifica la realidad de las cosas: el precio del pecado es la separación eterna de Dios y el alojamiento en cárceles eternas para el alma del pecador. También sabemos que la mayoría de la gente no cree en el infierno, pero ese pensamiento tampoco impide que sea una realidad.

Reconciliación

Esa fue la misión de Jesús, pagar por el pecado; lo hizo en la cruz. La propuesta de Dios es que si alguien acepta lo que Cristo hizo en la cruz, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; y desde ese momento todas fueron hechas nuevas. Y esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos encargó a los cristianos el ministerio de la reconciliación. Por ese motivo escribimos.

El ministerio de la reconcialición consiste en el trabajo de embajadores que deben hacer todos los cristianos, para avisar a los que todavía no creyeron que se reconcilien con Dios.

Esto no significa que todos los que creyeron y avisan ya son perfectos y no pecan más. Lo que significa es que ya no practican el pecado como antes y buscan el camino de la perfección.

A esta manera de actuar el texto bíblico le llama santificar la vida. Dicho de otro modo, es elegir hacer la voluntad de Dios y no la nuestra. Pero solo lo pueden hacer quienes aceptaron a Jesús y le siguen, el resto tiene cegado su entendimiento debido a que sus vidas son manejadas por el enemigo de Dios.

No apañar al pecador

Cuando Jesús se sentaba a comer con los pecadores era muy criticado por hacerlo, creyendo sus críticos que eran mejores que el resto. Pero Él les contestó que había venido a buscar a los perdidos y por ese motivo tenía que estar con ellos.

Era la única forma de rescatarlos. Por ese mismo motivo, no está mal que un ningún líder religioso reciba a quienes por sus propias conductas sociales son rechazados, algunos de ellos verdaderos delincuentes que se han quedado con el dinero del pueblo; lo que no está bien es que no se les reclame que devuelvan el dinero que robaron; al contrario, en ocasiones hasta parece que los apañaran. Jesús no apañó a nadie, a pesar de que se sentaba y comía con los pecadores. A la mujer pecadora le dijo: “Yo tampoco te condeno, vete y no peques más”.

Es importante señalar la última parte de la frase, “no peques más”. No hay lugar para la reincidencia y menos aún para el apañar. Sin embargo a la enorme mayoría de quienes visitan a líderes religiosos no se les ha visto abandonar el pecado; al contrario, parece que vuelven fortalecidos. Ese tipo de visitas, a veces reiterada, no sirve para nada. No hace falta visitar a nadie.

opLo que hace falta es reconocer la actitud delictiva, arrepentirse y devolver lo robado. El verdadero valor no consiste en la visita, sino en “yo tampoco te condeno, vete y no peques más”