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Hipólito Ruiz
Por: Hipólito Ruiz

Chaco, un lugar perdido

Durante los últimos años, se han escuchado expresiones de todo tipo respecto al cultivo de algodón, y el rol de la provincia como principal productora, lugar que perdió ante el avance de Santiago del Estero en la presente campaña.

 

  Los productores no pueden afirmar que apostarán siempre por el textil, porque así como los sedujo la soja, el escenario algodonero en cuanto al mercado de la fibra, los precios, los costos de implantación y la demanda de agroquímicos para combatir las plagas, entre ellas el temible picudo, sacó de combate a los pequeños productores que acostumbraban a sembrar pequeñas parcelas. Los medianos, en tanto, no están más en el Chaco, y pocos se han reconvertido.

  El Chaco algodonero nació de una catástrofe en la producción de Estados Unidos. Su desarrollo quedó limitado por subsidios de los países centrales como por la miopía de la política local, dice en el diario Página 12 Diego Ramírez, especialista en temas agropecuarios.

  Hacia 1922 la cadena algodonera norteamericana sufrió una catástrofe cuando una plaga conocida como picudo proveniente de México infectó el 96 por ciento de la producción de Estados Unidos.

El desastre se veía venir desde el final de la Primera Guerra Mundial, por eso en 1920 el USDA, el departamento de agricultura de Estados Unidos, envió a varios expertos a distintos países del mundo con el objeto de impulsar el cultivo del algodón en otras latitudes. Estados Unidos impulsó la oferta mundial de algodón para que la falta de materia prima o su elevado costo no perjudicara a sus industrias que absorbían buena parte de su población económicamente activa.

VER CERCA, VOLAR MAS CERCA AUN

En la Argentina, la política de comercio exterior que imperaba por entonces determinaba que no se desarrollara ninguna industria que pudiera competir con el principal socio comercial, Gran Bretaña. De modo que las pocas industrias textiles que existían se basaban en la fibra de lana, pero no en el agregado de valor del algodón que a la sazón era un cultivo casi inexplorado en nuestro país. Llegado el momento en que el precio del algodón efectivamente se disparó como consecuencia de la plaga en Estados Unidos, el gobierno de Marcelo T. de Alvear, a través de su ministro de Agricultura, Tomás Le Bretón, intentó impulsar el desarrollo del sector algodonero y entre las medidas adoptadas se contrató el servicio de especialistas norteamericanos en la materia.

ALGO DE LO QUE FUE

Sin embargo, el desarrollo de la producción algodonera en la mirada de los dirigentes de la Argentina ignoraba por completo a la industria textil. El único negocio que vislumbraban era la exportación de algodón sin valor agregado. Los costos de producirlo en el Chaco eran todavía elevados, pero el alto precio internacional los justificaba, de manera que se distribuyó semilla y se instaló a colonos para incentivar el cultivo.

ENTRE LA IMAGINACIÓN Y LA REALIDAD

La imaginación de los norteamericanos albergaba un Chaco que gradualmente aumentaría la calidad y la producción de algodón y que desarrollaría un polo de industria textil que potencialmente podía convertirse en uno de los más fuertes del mundo. Pero la imaginación de los argentinos no iba más allá de aprovechar el alza de los precios aumentando a como diera lugar la producción de algodón. Aunque el mercado interno finalmente se consolidó en las décadas posteriores y hubo un desarrollo de la industria textil algodonera, las fábricas no se asentaron en la zona de producción: Chaco, Formosa, Santiago del Estero y norte de Santa Fe.

Hoy el Chaco, según datos del gobierno, superó las 100.000 hectáreas de siembra.

¿De qué manera el Chaco debe apostar al algodón si políticamente así lo ha resuelto? le preguntamos a un veterano y reconocido dirigente cooperativista de Sáenz Peña, don Vladislao Romachevsky. “Tendremos que renovar la visión, sobre todo nosotros, porque el mundo ha cambiado, y aunque la historia es la misma, el futuro de si somos algodoneros o no, dependerá de nosotros, de cómo veamos lo que se viene, y de qué cosa hagamos” dijo.

¿Y EL COOPERATIVISMO AGRARIO?

  El brillo, el júbilo y las épocas de gloria parecen haberse terminado para las cooperativas algodoneras chaqueñas. Los dirigentes de las entidades adjudican esta situación a la caída del área de siembra del textil, en los últimos tres años, pero hay deudas que vienen de arrastre, incluso, surgidas poco después que durante el gobierno de Raúl Alfonsín fueran saneadas en su pasivo bancario.

  Hoy, la gran mayoría de las entidades cooperativas transitan un verdadero cuello de botella, con deudas que la agobian, a lo que se suma la existencia de personal que mediante acuerdos sindicales -como en el caso de los desmotadores- lograron incrementos salarias que hoy son difíciles de cumplir, porque las cooperativas no tiene materia prima para procesar el desmote, y sintieron muy fuerte el impacto de la caída de la actividad.

  Están muy lejos de ese histórico rol protagónico en el sector algodonero, con una gran cantidad de socios que volcaban su producción a las mismas, y en un acto de lealtad, recibían el respaldo para seguir sembrando.

  Pero esos tiempos parecen haberse ido. Los resultados de los ejercicios no fueron óptimos, y hoy vive una situación prácticamente de supervivencia, con un mercado cada vez más exigente en todos los términos.