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Memoria de la inmigración italiana. La Colonia de la Nueva Fagagna en el Chaco Argentino (1877-1881)

No fue la miseria, sino el miedo a la miseria

Con este significativo título, Non fu la miseria, ma la paura della miseria, su autor, el historiador argentino radicado en Udine, Javier Grossutti, recordamos un aniversario más, 139 años, de la inmigración friulana al Chaco.

Por Ángeles de Dios Martina

Gracias a la traducción del profesor Ernesto Bargallo, colaborador en la ejecución del Programa Internacionalización Universitaria de la FAU-UNNE, podemos acceder a este fundamental aporte a los estudios realizados en torno a esta corriente inmigratoria y a la fundación de la Colonia Resistencia.

El libro mereció en su oportunidad, una reseña del doctor Ernesto Maeder quien destaco entre otros conceptos, el original enfoque de la obra, la calidad de su información, su tratamiento historiográfico y el valioso aporte que este libro significaba para el Chaco. 

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Típica familia de la extensa nómina de inmigrantes italianos que se afincaron en estas tierras.

Las fuentes utilizadas fueron los registros de población, parroquiales y municipales, archivos obrantes en los distintos municipios de la entonces provincia de Udine, los Boletines de la emigración y de la Asociación Agraria Friulana, los informes de los comisionados, los periódicos de la época como el “Giornale di Udine”, “La Prensa” de Buenos Aires, e importante correspondencia enviada por los protagonistas, tanto de los que arribaron a América como los que quedaron; o  regresaron decepcionados. Al respecto, leemos  que las cartas “tenían como finalidad principal la de empujar a salir a los que aspiraban a emigrar”.

Ellas proporcionaban noticias interesantes que daban a conocer la realidad de este destino, tanto la satisfacción por haber cumplido el destino de lograr tierras, como las dificultades que día a día se presentaban en los asentamientos donde faganenses y friulanos fueron ubicados.

A estas fuentes agregamos la bibliografía especializada de estudiosos de la emigración italiana a América y los historiadores locales como Seferino Geraldi, Ernesto Maeder, Enrique Schaller, Guido Miranda o políticos, como Juan Ramón Lestani y consultas realizadas a instituciones de Resistencia como al Museo Histórico Regional “Ichoalay”, su material bibliográfico y acervo fotográfico, al Museo “Luis Geraldi” y entrevistas a profesionales del medio.

El resultado de esta investigación es un trabajo de imprescindible conocimiento en nuestro medio, que aporta y complementa estudios de los  historiadores chaqueños antes mencionados con una mirada diferente y complementaria desde el lugar de origen de esta inmigración.

 

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La partida y el arribo

El viaje en tren desde Udine al puerto de Génova y hasta Resistencia, cerca de 80 días, implicaba como es sabido, un sin fin de dificultades, entre ellas el cansancio, las enfermedades que sobrevenían y en algunos casos, el fallecimiento en alta mar de viajeros. Sin embargo, acota el autor: “Lo que animó a un buen número de familias a emigrar hacia la Argentina no fue la miseria sino el miedo a la miseria”, palabras que definen el título de la obra que reseñamos.

Esta emigración se produjo entre 1878 y 1879 y sus protagonistas se aferraron “como el náufrago a un bote en medio del mar; de hecho a nada más se parecía esa inmensidad solitaria”. La propaganda del gobierno argentino para alentar la llegada de colonos que poblaran estas tierras, había comenzado en 1876 con la sanción de la ley de Colonización e inmigración, conocida como ley Avellaneda.

Los agentes encargados difundían en Italia, al igual que en otros países europeos, los beneficios que la Argentina ofrecía a los emigrantes durante los primeros meses, entre ellos, además de tierras, alimentos, semillas, animales y algunas herramientas.

La correspondencia enviada a Italia por los colonos y las que desde el Friuli salen para el Chaco, expresa Grossutti, era un dialogo constante entre las familias. Pese a los sufrimientos y dificultades de esos años, en general, los emigrados  escribían acerca de las bondades del lugar, la fertilidad de la tierra, los cultivos incipientes, la construcción de sus primeras viviendas. Otras cartas, describían una realidad diferente, inimaginable, que a unos amedrentó y a otros, animó y fortaleció ante la posibilidad de contar con tierras, cultivarlas e iniciar una nueva vida. Arribaron de este modo, procedentes de Fagagna,  familias  en tres contingentes. Respecto del Friuli, y en general en el Véneto, involucraron a agricultores “pequeños propietarios, aquellos capaces de juntar dinero necesario para la salida. El traslado de Génova a Buenos Aires, significaba en ese entonces, un gasto de 190 liras de oro”. Cita  el historiador argentino a Gabriele Luigi Pecile quien afirma “que en 1878, en la vecina Udine, “es el municipio del que salieron más individuos, en proporción a sus habitantes”

Algunos vendieron su casa, tierras, muebles y hasta el producto de sus cultivos, como lo hicieron los fagagneses, para afrontar el costo del pasaje. No obstante las dificultades para reunir el dinero necesario, fueron muchas. Similar situación se produjo en Martignacco distrito de Udine de donde salieron más individuos en proporción al número de sus habitantes.

 Los distintos contingentes se afincaron en la zona de Resistencia ubicada en la localidad donde se había levantado San Fernando del Río Negro. Como es sabido, el lugar no estaba completamente despoblado. Ya en 1875 habían llegado algunos italianos sin familia; existía una quincena de obrajes,  criollos e indios. El encuentro con los nativos -señala el autor- fue en principio pacifico. Parte de la realidad que observaron al llegar, desanimó a algunos que regresaron a Italia, otros modificaron su destino trasladándose a Colonia Caroya en Córdoba o a Mendoza. Las altas temperaturas,”calores espantosos”, el medio hostil, los insectos o enfermedades que ocasionaron el fallecimiento de algunos niños y adultos fueron decisivas. Otros, en cambio, afrontaron tales dificultades y continuaron en su empeño para radicarse definitivamente.

 

Las familias

Extensa es la nómina de las familias de origen fagagnes y friulano, en particular del Friuli austríaco que se afincaron en estas tierras para  poblar el Chaco. A través del tiempo sus nombres perduran como testimonios de aquellos antepasados. Entre tantos mencionamos los nombres completos o solo sus  apellidos como: Lavia, Giuseppe Della Mea, Simoni, Cimbaro, Giacomo Cimbaro Canella, Ubaldo y Remigio Bruno, Fabio Vincenso Bruno Pezzano, Girolamo Peres, Antonio Martina  y su esposa Luisa Rizzi (de Raccolana) con sus hijos Pietro Antonio y María,   Ernesta Degli Uomini (de Raccolana) con su hermano, Giovanni Lestani con su esposa e hijos, Domenica Floriani, Luigi Freschi con sus padres, Luigi Geraldi, Antonio Barbetti con sus padres, Moisés Chilesi, Pedro Antonio Picelli. Continúan los registros con Costantino Sabbadini, su hijo Francesco, Toffoletti, Pegoraro, Mattia Zamparo, Tommaso Foschiatti entre otros.

Es de interés señalar que esta publicación consigna en varios casos no solo  los nombres de los inmigrantes, sino cómo eran conocidos familiarmente por sus apodos; procedencia y lugar y fecha de nacimiento. Similares datos del cónyuge, de los hijos que los acompañaban o hermanos, el destino asignado y ocupación. Se conoce de este modo que varios eran en su mayoría campesinos, otros peones, zapateros, algunos carpinteros y herreros, agricultores, pequeños propietarios, arrendatarios o granjeros. Los que poseían algún tipo de bienes, “los vendieron malamente y hasta miserablemente” para reunir el dinero necesario con el fin de emigrar.

 

Colonia Nueva Fagagna

En la Memoria de Inmigración de 1878, el comisario general  del gobierno argentino Juan Dillon, informa que la población de Resistencia estaba  formada por indios tobas, vilelas y chunipíes; 299 argentinos; 224 italianos, 388 austríacos, 317 agricultores de cultura italiana procedentes del Trentino y Friuli austríaco”; 9 españoles; 10 ingleses; 15 franceses; 15 paraguayos y 9 brasileños”. Un año más tarde, la población de Resistencia, incluyendo a  los “indios amigos” ascendía a 1421 personas.

Desde Buenos Aires, la Comisaria General de Inmigración  recomendaba a  las autoridades de Resistencia  por medio de su delgado  Jaime Sosa, la necesidad de brindar  ayuda a los colonos  llegados entre enero y febrero de 1878. Para ese fin redactaron un listado de vegetales y plantas de los cultivos que éstos debían realizar y comercializar, recomendando en primer término el maíz amarillo para cocinar la “pulenta”, uno de sus platos preferidos.

Cada colono construyó al lado de su vivienda el horno  para la cocción del pan y algunos de ellos, por ejemplo los Della Mea y Pezano  elaboraban “quesos de calidad aceptable”,  y los Címbaro y Címbaro Canella,  producían manteca que comercializaban en Corrientes.

Para la construcción de la vivienda “tal vez una choza de tierra cubierta con paja, conforme  a las costumbres de allá, porque no se encuentran piedras”. Otros, con recursos propios, lograron  construir unas habitaciones de material  con mayores comodidades. Estos progresos fueron dañados en varias  oportunidades   por fenómenos climáticos como intensas lluvias,  inundaciones u otros desastres, y en el caso de los cultivos, la invasión de langostas diezmó  gravemente las cosechas. Podrían aparecer  en las cercanías tigres o alimañas,  peligros  que los colonos afrontaron con entereza.

Las noticias extendidas en Argentina y en Italia  aportaban  información acerca de epidemias de fiebre que afectaban tanto a los colonos como a los nativos. Un informe publicado en un diario italiano editado en nuestro país, expresaba:”Nuestros pobres compatriotas de las provincias  vénetas, en su mayor parte de las de Udine, enviados a la Colonia Resistencia, están todos enfermos de fiebre amarilla y oftalmía”.  Los médicos  José Poli y Amarilla, el farmacéutico Serravalle, y posteriormente el doctor José Luna, atendían los pacientes si bien residían   en Corrientes.

A las necesidades de atención sanitaria – escribe el autor  de la obra  que reseñamos-   se agregaban  reclamos por  la falta de escuelas  y de un sacerdote.

Al respecto expresaban los colonos: “un verdadero sacerdote –si es posible anciano y virtuoso sin duda- que hable castellano e italiano”. Sin embargo, los agricultores friulanos e italianos, si bien estaban asistidos religiosamente  por el franciscano Gabriel Grotti residente  en Corrientes, debieron esperar hasta 1880 para contar con un sacerdote estable, oportunidad en que “el Arzobispo de Udine, Monseñor Casasola, les envió a don Giovanni Morandini, que fue el primer párroco de Resistencia”.

 

La relación con los indígenas

Respecto a la  relación con los indígenas – rememoran  los testimonios de quienes crecieron junto a ellos y participaron  en juegos y correrías, la convivencia era pacífica.

 “El indio es sumamente fiel; es y fue bueno y no malo como afirman algunos, los que no conocen su vida y sus hábitos; yo que lo conocí -contó Antonio Barbetti-  y tuve con ellos relaciones de cercanía, día tras día, los aprecio mucho porque los considero generosos e inocentes; por eso los defiendo y siempre lo haré”.

Excede a estas páginas  aportar mayor información  referida a esta publicación. Lo señalado aspira a evocar a aquellas familias, sus inicios, dificultades y realidad que vivieron. La obra publicada en italiano, fue impresa en Udine con el patrocinio de la Universidad de Trieste y el apoyo de la Región Autónoma del Friuli y Venecia Julia, en 2010.Ilustracion de tapa fotografía de una toldería Colonia Las Palmas. Museo Histórico Regional “Ichoalay”.