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Rita Segato: “El problema de la violencia de género permite leer los proyectos de poder de una sociedad”

La antropóloga visitó nuestra ciudad en el marco del XXVI Encuentro de Geohistoria Regional, que se realizó en el Instituto de Investigaciones Geohistóricas. Allí compartió un conversatorio con periodistas y militantes feministas, en la que abordó la violencia de género, conceptos sobre el Estado patriarcal y el fenómeno de los femicidios en nuestro país.

Texto: Mónica Kreibohm 

Entre las ideas más interesantes, Rita Segato propone al vínculo como una vía para reorganizar el deseo y reubicarlo hacia la vida y las personas, no hacia el mundo del capital y el consumismo. Además alerta sobre el problema de la violencia de género como una manifestación del poder en una sociedad y anticipa una nueva forma de la política, a partir de inserción de la gestión femenina.

Rita Segato sostiene que el vínculo y la gestión femenina son algunas de las vías para liberar a la mujer de la violencia machista.

—¿Qué pasa con el Estado patriarcal y las mujeres?

—Jean Améry en su ensayo “Cuánta patria necesita el ser humano”, analiza los términos homeland y fatherland. Desde allí define la patria acogedora (homeland), que es femenina, y la patria bélica (fatherland), que es la masculina. Hay un problema en la historia estatal porque es una historia masculina, es una manera de hacer las cosas, es este fatherland, esta patria barricada. Además hay personas que apostaron sus fichas al Estado, hacer camino en el Estado con leyes y políticas públicas, las grandes banderas del feminismo eurocéntrico- no hay otra manera de decirlo: aprendimos de Europa esa forma de luchar, esas metas, esos proyectos-, y hay un problema ahí porque el Estado en Europa tiene una historia muy distinta al Estado en nuestro continente y cualquier persona que trabaje con la lengua sabe que una entidad se define por su campo semántico, por su contexto toma sentido. Si nosotros miramos nuestro contexto y el contexto de los países que nos colonizaron, es decir, que la relación Estado-sociedad en Europa y Estado-sociedad acá son dos entidades que no tienen nada que ver entre sí.

A pesar de lo que aprendimos en la escuela de que la independencia fue un quiebre importantísimo entre un tiempo anterior colonial y un tiempo posterior criollo y republicano, en realidad es un mito porque la continuidad de la administración con exterioridad con relación a lo administrado, características de la colonización, una administración desde lejos, desde afuera de lo administrado continua siendo una realidad de la relación Estado-sociedad postcolonial hasta el presente en nuestro país.

La guerra de la independencia significó un cambio de manos y territorios de la herencia colonial, pero igualmente exterior y distante del pueblo. Por ejemplo, basta ver un empleado de cualquier mesa de entrada de una dependencia pública: uno va a ver en esa persona que uno ya está afuera del campo estatal y ese empleado lo trata mal. Y digo que la política será hecha por las mujeres porque fracasaron las políticas del Estado, y el Estado es masculino. Su ADN es patriarcal y no puede sacarse eso de encima, incluso es patriarcal cuando está siendo ejercido por mujeres, vean los ejemplos de Dilma y Bachelet.

—Una crítica al feminismo local y su estrategia

—Hay que preguntarnos por qué los movimientos sociales y el feminismo pusimos todas las fichas en el Estado. Es más fácil de construir la historia por un camino estatal, pero si una ley no tiene eficacia simbólica no tiene eficacia material; si no cambia la sensibilidad ética de una sociedad, la ley es sólo ornamento y esto lo vemos con el femicidio, que no paró de crecer a pesar de todas las políticas públicas. El feminismo se profesionalizó y se transformó en carreras: hay activistas en oenegés, en la administración pública, en la academia y hubo un abandono de la política doméstica.

—¿Por qué la política va a ser de las mujeres?

—Primero hay que aclarar que no es cuestión de que las mujeres entren en el Estado patriarcal. La política hecha desde la esfera pública tiene imposiciones de todo tipo, especialmente de distancias: te impone que una no puede gobernar un país haciendo huevos fritos.

En el caso de Cristina Fernández de Kirchner intentó un poco traer su cocina para la gestión: su forma de ser mujer, pero necesita darle un discurso y radicalizar eso. Muy distinto a Dilma y Bachelet. Por eso hay que mirar con grandes ojos a las mujeres burocratizadas: transformar a una mujer en sujeto de la burocracia lleva mucho trabajo, por eso la mujer cuando se vuelve burócrata es muchísimo más autoritaria que el hombre porque tienen que aprender, es de manual, no es propio de su naturaleza.

—¿Cómo es esa política femenina?

—En la forma de convivencia en el espacio doméstico hay una gestión, hay una forma de administración de la vida que en nada se parece en la administración de la vida pública. Esa informalidad, esa intimidad, la manera en que las mujeres convivimos en el mundo femenino. Hay que reconocer que hay una historia de lo femenino y una de lo masculino: hay tecnologías de sociabilidad y modos distintos en ambos sexos.

Hay habilidades que tienen cada uno por su historia distinta y en lo femenino tenemos una gestión de la vida de otra forma y esto entró en la política y tiene que ver con una política del pueblo, no con la política estatal. El otro problema que tenemos es que fuimos colonizados por la política estatal para pensar que sólo se puede hacer política en el Estado y eso es falso. Hay otros caminos de la política: hay una manera en que las mujeres hemos hecho nuestra política, a pesar de los conflictos y la competencia, y actuamos de otra forma. Esa forma tiene que ver con el campo de la gestión de la dignidad, de los afectos, puede mostrarse como político y ser llevado a otras organizaciones. No es algo que esté inventando: es algo que ocurre, sólo nos basta tener más conciencia de esa politicidad.

—¿Qué pasó con este fenómeno de la violencia de género?

—La gran pregunta es por qué crece la violencia de género y hoy, sin lugar a dudas, podemos decir que aumentó, especialmente porque crecieron los casos de femicidios y de violencia letal constantemente. Uno se pregunta qué pasa porque cada vez hay más leyes, más instituciones y más políticas públicas, todo el campo estatal asumió el tema de la violencia de género y sin embargo, es inocuo. Parece que por ese camino no está la solución y esa es una de las razones por las que digo que no tengo fe cívica: no hay que abandonar el Estado y decir que no existe, es uno actor importante, pero no podemos poner toda la solución allí.

—¿Qué hay que hacer con ella?

—Mi esfuerzo permanente es mostrar que el tema de género no puede ser sectorizado, no es un tema de las mujeres, ni minorizado; o sea que el problema de género es un tema importantísimo que permite leer este tiempo, leer la situación de una sociedad y los proyectos del poder para esa sociedad.

En la militancia hemos aceptado minorizar este problema porque al cerrar las puertas a abordar de forma interdisciplinar el problema de género se puede controlar mejor, son campos más controlables y el poder se apropia mejor del discurso cerrado. En el campo del feminismo vemos ese fundamentalismo disciplinar responde a una voluntad de control y debemos tener una mirada más amplia.

—¿Dónde podría estar la salida a la violencia de género y los femicidios?

—El cosmos creacionista de un Dios anterior a todo es un cosmos altamente problemático que orienta hacia el monopolio. Los pueblos, eso lo aprendí después muchos años de antropología, son pluralistas, son agregadores: se puede ser A y B al mismo tiempo con absoluta tranquilidad. Por ejemplo, un hinduista que llega a un país europeo va a cualquier iglesia. El problema de la exclusividad espiritual es un problema europeo, occidental, monoteísta y monopólico. Hay que entender que el pueblo es pluralista, nuestros enemigos son monopólicos, que dicen que hay una verdad única, una solución única como lo es la verdad estatal. No digo que haya que echar todo por la borda: el Estado tiene sus cosas buenas, pero no podemos colocar todo el peso de la solución de la violencia de género y los femicidios en el Estado.

Hay otro problema: hay personas que están siendo atraídas, de una forma fortísima e irracional, hacia el mundo de las cosas, del capital. Eso es lo que organiza su deseo, así se plantea su meta de felicidad. Esas personas se mueven físicamente hacia ese mundo de consumo y es uno de los fenómenos del proyecto histórico del capital. Esto lo vemos en esas personas que suben al tren La Bestia, en busca de una mejor vida pero que terminan siendo esclavizados por eso deseo de mejorar. Hay otro tipo de personas que organizan su deseo, su meta de felicidad es el vínculo. El vínculo es el camino: en Argentina todavía tenemos la amistad como un vínculo fortísimo que organiza nuestro deseo, en el que invertimos tiempo y hacia allí hay que apuntar.

Medios y pedagogía de la crueldad

La antropóloga argentina desarrolló un concepto llamado “pedagogía de la crueldad”, una estrategia para minar la empatía de las personas entre sí y frente a la violencia machista. En este universo, los medios de comunicación juegan un rol importante como reproductores y soporte de esta pedagogía.

“Tenemos varios problemas, primero la forma en que los periodistas aprenden: lo importante es que su mensaje sea leído y para eso no tiene que contradecir los estereotipos, tiene que fomentarlos y cuanto más fomente los estereotipos, más posibilidades tendrá de volverse un periodista aceptado en sus puntos de vista, que son los del sentido común. Ya estamos ahí frente a un problema, luego tenemos la agenda mediática que estableces qué cosas valen más en la bolsa de valores de la vida humana: por ejemplo, es noticia la vida de un soldado estadounidense vale más que la de un afgano y qué sentido se le da a la muerte. Y en relación a esto tenemos los femicidios: es un tema que no hemos entendido completamente porque cuando muere una mujer asesinada en Argentina, no sólo muere una vez, sino que es matada cada vez que los medios abordan el tema con un lenguaje morboso a esa mujer. Uno se pregunta a qué obedece ese matar y re matar del discurso mediático y la respuesta es la mimesis, porque parece que al mismo momento en que uno se espanta de la noticia parece que el tratamiento de los medios está diciendo “que un crimen así es lo que cámara está buscando” y en nuestro mundo de hoy la forma máxima del ser es “ser para la cámara”.

Las personas son conducidas a actuar de esa forma como una forma de ser. Además más que información, en la cobertura de un femicidio hay una promoción del hecho a través de la masculinidad y su potencia. Entonces, lo que muestran los medios, más allá del horror del hecho y la indignación, es que detrás de estos crímenes hay sujetos potentes y hay un subtexto ahí de que “de que se es potente así”, es una propaganda del sujeto feminicida, del sujeto matador porque en el asesinato muestra su potencia y eso es un atractivo para muchos. En la sociedad argentina esto es obsceno. Los medios son dejados a hacer y las personas que ejercen esos discursos no tienen conciencia de lo que están haciendo. Una ley de medios interesante es la obligue a los medios a mantenerse reflexivos acerca de sus discursos, en texto y subtexto”, explicó Segato

Violencia machista

Rita Segato reside hace años en Brasilia y en 1993 el problema de la violencia de género llegó a sus manos a partir de la consulta del secretario de Seguridad, quien pidió a la universidad que explique estos crímenes tan violentos que estaba viviendo la ciudad. “En ese momento comencé a pensar la violencia de género y pensé que era un tema contingente, pero a partir de ese día no pude abandonar más este tema porque solamente creció la problemática”, dijo Segato