Temas de hoy: abuso sexual LAB 18 - 19 River Campeón de América Perrando Corre Restitución de restos Qom
Para ver esta nota en internet ingrese a: http://www.diarionorte.com/a/138263
Noemí Esther Giannetti de Molfino, asesinada por la dictadura

Vida, pasión y muerte de una gran luchadora

No es de extrañar aquello de que los ojos son el espejo del alma. Después de todo, ellos muestran, acompañan y reflejan los sufrimientos padecidos por los hombres, la tristeza y el horror que pasaron para sobrevivir... Es el caso de Miguel, José y Liliana Molfino, los hijos de Noemí Esther Giannetti secuestrada y asesinada por la dictadura de 1976-, que relataron a NORTE con tristeza y dolor, pero también con emoción y alegría, la tragedia familiar.

Por momentos sus voces -que hilan recuerdos-, vibran, crecen y luego se adelgazan hasta que enmudecen en otra música que mágicamente envuelve el ambiente, como si Noemí palpitara en el aire. Es que ella se ha hecho carne en sus hijos. No es posible, para la cronista, dejar resbalar sus palabras por la piel sin sentir un escalofrío hiriente que desgarra el alma. Pero, ¿cómo empezó todo?.

Memoria del fuego

“Cuando leo la noticia y veo que la secuestrada se llamaba como mi mamá, supuse que era un error. Además, mamá en esa época vivía en Madrid, ¿qué podría estar haciendo en Perú? Si hubiera viajado nos hubiera avisado, con toda seguridad”. Liliana Molfino, la cuarta hija de Noemí Esther Giannetti de Molfino, recuerda el desconcierto que le causó en ese momento la lectura de la noticia en Clarín.

Algo similar vivió José Alberto, el quinto hijo de Noemí, cuando Liliana fue a su casa para comentarle la aparición de la inquietante noticia. “Pensé que había un error, que todo era un error, aunque sospeché sin decirlo abiertamente que podría tratarse de mamá, pero lo deseché. Mamá en Perú era algo sin sentido”.

“Yo todavía me hallaba en Lima, estaba escondido porque los milicos peruanos y los servicios argentinos me estaban buscando, sabían que yo había viajado con mamá y los otros argentinos. Y así, oculto en una casa, escuché la noticia de la aparición del cuerpo sin vida de la vieja por Radio Noticias del Continente, la emisora que Montoneros había instalado en Costa Rica”, cuenta Gustavo -el sexto hijo de Noemí-, que también se había exiliado unos años antes. Tenía 19 años y militaba en Europa contra la dictadura.

En tanto Miguel, con un extraño y húmedo brillo en los ojos, recuerda: “En el pabellón 2 de la cárcel de La Plata, recibí en la celda la noticia de su secuestro. Si bien nos censuraban los diarios, ese día no lo hicieron. Un compañero me lo contó en el recreo y tampoco creí, esa mujer no podía ser mamá. Pensé en que era mi hermana Alejandra -exiliada también- que había ingresado a Perú con los documentos de mamá. Pero a la hora todo se aclaró”.

“Bruscamente -continúa- la requisa del penal allanó mi celda y se llevó la única foto de mamá que yo guardaba entre mi correspondencia. Rato después, un grupo de oficiales del ejército me sacaron de la celda y me llevaron a un cuartucho. Estaban vestidos de combate y sus insignias tapadas con curitas, pero pude reconocer al jefe: era el coronel Sánchez Toranzo, lo tenía visto de unas fotografías. Por las preguntas y agresiones que me hacían, supe que tenían a mamá prisionera. Son una familia de subversivos, genéticamente subversivos, gritó uno de los milicos más jóvenes.” Sánchez Toranzo, en un momento, preguntó a Miguel dónde estaba su madre. “Lo miré un rato -cuenta-, y le dije: No me joda, coronel, ustedes la tienen, sólo le pido que no la torturen. Fue el final de la entrevista y terminé encerrado en los “chanchos”, el calabozo de castigo”

“Éramos felices, vivíamos una vida familiar con mucha música, lecturas y hasta solíamos pasarnos horas haciendo teatro con mis hermanos los viernes a la tardecita, antes de la cena; eran como shows que le armábamos a papá y mamá. Había mucho amor, después de todo, conformábamos una típica familia de clase media, con buen pasar, en una época en la que los conflictos no pesaban demasiado en la realidad de provincia que vivíamos. Estas experiencias nos hicieron fuertes y tal vez hayan sido la fuente de donde sacamos la energía para sobrevivir a la tragedia que se nos cernía en el horizonte.”  

Mima

A Noemí le decían Mima y también Mimí. Entre los amigos y en el ambiente del exilio europeo, la conocían más como Mima y así la recuerdan. Pero, esta historia empezó en Saladillo, un querible pueblo bonaerense. Allí conoció a José Adán Molfino Vénere, exquisito poeta, uno de los mejores que dio el Chaco, -al decir de Aledo Luis Meloni-, y se casaron al poco tiempo.

Los hijos no tardaron en llegar, primero Migue y luego cuatro más en cinco años: Alejandra, Marcela, Liliana y José Alberto. Gustavo, el menor, llegó años después.

“Nuestra casa siempre estaba llena de amigos y amigas de papá y mamá. Había música, libros y pilas de amigos, siempre era así. Mamá ya entonces se desvivía por nosotros”, dice José Alberto.

“Y como era tan joven y tan alegre, jugaba con nosotros como una más. Siempre se estaba riendo.”, agrega Liliana.

Luego de vivir unos años en Paraguay donde “papá era el agregado cultural de la embajada, se radicaron en Resistencia, en 1957, junto a mis abuelos paternos”, dice Miguel.

Papa muere, nace mama

La vida familiar sufrió el primer gran cimbronazo cuando el padre muere a los treinta y nueve años, dejando viuda a Mima a los treinta y siete y con seis hijos muy niños (en esa época Miguel tenía trece años).

Es lo que los hermanos llaman el nacimiento de mamá. Joven, sola y devastada por la pérdida de su compañero, se puso al frente de sus hijos y comenzó una construcción si se quiere invisible, hecha de amor, paciencia y alegría.

Ese hábito que alentaba Mima de que las reuniones con amigos se hicieran en su casa, poco a poco fue filtrando la pasión por la política. “Mamá participaba de cada reunión, de cada discusión, en silencio pero acompañando.”

“Desde muy jóvenes iniciamos nuestros compromisos: en el co-medorcito diario (la unidad básica familiar) se podían escuchar charlas sobre el PRT-ERP, sobre el Peronismo de Base o Montoneros” recuerdan. El mate, el humo de los cigarrillos y las convicciones reinaban en esas juntadas. Mima siempre respetó las ideas de sus hijos en los hechos ya que la casa de los Molfino era no solo un lugar de puertas abiertas sino un punto de reunión efervescente de política. Eran los fines de los ‘60 y principios de los ‘70. El país vivía bajo una dictadura y ya se escuchaban los truenos que anunciaban las tormentas políticas que no tardarían en desatarse.

La hora de los hornos

“A partir de mis comienzos en el PRTERP y los de Marcela, la hermana desaparecida, en el Peronismo de Base, la casa de los Molfino y mamá, la jefa, entró en una nueva dinámica -cuenta Miguel-; la militancia era el tema casi exclusivo y mamá, con sobradas razones, cada tanto comentaba sus miedos: eran tiempos calientes, de apuestas fuertes, de riesgos.” Ahora, a la distancia, los sucesos se ven como desarrollados en tiempos largos y lentos, pero todo se precipitó en un par de años y en 1974 Miguel tuvo que pasar a la clandestinidad luego de que la “Triple A” le volara el auto.

Meses después, Marcela y su compañero Guillermo Amarilla siguieron el mismo camino. Al poco tiempo, cayó presa Alejandra y Mima entendió, con todo el dolor del mundo, que debía salir a la calle para ayudar a sus hijos. Pudo haberse quedado en su casa pero decidió involucrarse: era una leona que temía que terminaran mal sus cachorros. La injusticia la sublevaba y sus hijos eran lo primero. Entonces, Noemí empezó su propia militancia.

Su militancia

Se contactó con las Madres de Plaza de Mayo, con los familiares de los presos políticos y cuando salió Alejandra de la cárcel con la opción para salir del país, Mima la siguió y se instalaron en Francia. En esos días, Miguel cayó preso.

En 1978, Mima regresó al país para acompañar la salida clandestina de Marcela y Guillermo, el mismo día en que Argentina ganó el Mundial de Fútbol del 78.

En París, empezó a colaborar con la organización Montoneros y fue la encargada de denunciar las violaciones a los derechos humanos que se venía perpetrando en la Argentina durante una reunión de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en Ginebra.

“Allí es amonestada por el representante argentino y es muy probable que ese hecho le sirviera a los servicios de inteligencia para marcarla”, piensa en voz baja Miguel.

Su hija Marcela y su yerno Guillermo Amarilla desaparecieron en Buenos Aires el 17 de octubre de 1979, en plena operación de lo que fue la contraofensiva montonera. Mima volvió a sortear las alambradas del dolor y siguió su infatigable lucha en España y Francia.

“En 1980, viaja a Perú junto a su hijo Gustavo y un grupo de exiliados argentinos a solicitar solidaridad al flamante gobierno democrático de Belaúnde Terry. Ignoraban que los esperaba en Lima una patota de militares argentinos, quienes contaban con el cobijo de las fuerzas armadas peruanas, en el marco del Plan Cóndor.

El 14 de junio de 1980, Mima es secuestrada en un departamento que alquilaba con Gustavo en el centro de Lima.

“Yo regresaba a casa, era de noche -cuenta Gustavo- y cuando estoy a media cuadra de llegar, noto movimientos raros: unos tipos disimuladamente armados estaban frente al edificio. Sigo de largo, llamo a mamá desde un teléfono público y mamá atiende y me dice: ‘Ya están aquí, Gusty, ya entraron, escapate ya, vos sos muy joven...’ Fue la última vez que escuché la voz de mamá.”

Morir en Madrid

Un mes después de su secuestro, un mes de versiones y silencios, el cuerpo sin vida de Mima fue ubicado en un apart-hotel de Madrid.

Había sido trasladada a la capital española por un equipo de agentes de inteligencia. Según versiones que circularon en juzgados y diarios españoles, llegó a Barajas en un vuelo comercial, acompañado por este enigmático grupo de argentinos, con pasaporte falso. El resto está envuelto en un denso misterio: no se sabe para qué la obligaron a hacer ese largo periplo hacia la muerte o cuáles eran las razones para proceder de un modo tan cruel y disparatado. Sólo se sabe que los agentes, luego de matarla, abandonaron a Mima en su cuarto de hotel, colgando en el picaporte de la puerta el típico cartelito de “No Molestar”.

Lo curioso de todo esto lo resalta la revista Interviú de la época: “De forma insólita e inesperadamente, la noticia de ‘la aparición en un apartamento de Madrid de una mujer argentina’ documentada con una extraña y exhaustiva información sobre circunstancias y detalles tan minuciosos como las actividades de las personas que lo alquilaron (...).”

Recién un día después de que saliera la noticia en Clarín, los hechos fueron publicados en España. ¿Quién le habrá dado esa tremenda primicia a Clarín?

“Mamá, la afable señora de la casa de Juan B.Justo 287, amiga de tanta gente, en las próximas horas será homenajeada en la ciudad en la que ella eligió vivir. Quiero cerrar esta nota, parafraseando a Julius Fusik, militante checo que fue ejecutado por la Gestapo; creo que a la Vieja le hubiera gustado que la despidan con palabras similares: Por la alegría fui a la lucha, por la alegría muero... que nadie asocie mi nombre a la tristeza.”

Homenaje

El Intendente del municipio de Resistencia, Jorge Milton Capitanich y la familia Molfino-Giannetti, invitan al acto en el que se colocará una baldosa alusiva frente al que fuera su domicilio -en Juan B. Justo esquina R. Sáenz Peña, el próximo jueves a las11-, y el descubrimiento de una escultura especialmente creada por la artista Mimo Eidman, en homenaje a Noemí Esther “Mima”, Madre de Plaza de Mayo en el exilio, secuestrada y asesinada por la dictadura militar en 1980.