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El ataque de Isis en París Barbarie y civilización

Al principio fue el caos. Se hizo la luz, Dios no habló, pero aun así todo se iluminó. Explosiones al mismo tiempo, gritos. Dolor, mucho dolor. Más tarde vino la rabia, la impotencia. Ya ha pasado más de una semana desde el ataque en París y la confusión no desaparece. “¿Por qué?"

Por Nicolás Cañete

 

“¿Qué es lo que quieren?” Se pregunta la gente en estos días.

¿Hablamos de una lucha de barbarie contra civilización, como decía hace unos días el presidente Rajoy? ¿Está usted a favor o en contra de la guerra? ¿Acaso se puede comparar con Irak? ¿No fue esa precisamente uno de los motivos que origino el ISIS? ¿Podemos comprender nuestro presente o acaso solo nuestro pasado?

Como un bebé: antes de formar los órganos y los sistemas primero el cuerpo se prepara a sí mismo para anidarlo. Quizá lo mismo pase con la historia y necesitemos tiempo para poder soportar las verdades que vamos creando.

El tiempo da siempre algo de perspectiva u objetividad, si se prefiere. Surge la narración, en la que los hechos cobran sentido. A eso lo llamamos historia. Las verdades de los vencedores, dirán algunos. Esos mismos que veían las primaveras árabes como una prueba más del fin de la historia, la imposición del liberalismo a nivel global, el fin de la historia de Fukuyama.

Pero la renovación política en Oriente Medio devino en inestabilidad, la incipiente democracia vino de la mano de la religión. ¿Es acaso el Islam incompatible con la modernidad?

Sin embargo, el Corán constata en el sura cinco que asesinar a un inocente o sembrar el desorden macabro en la sociedad equivale a un genocidio universal.

Estados Unidos y sus aliados no encontraron en Irak aquello que decían buscar (pero sí aquello que en realidad buscaban), dejando detrás de si un país escindido por la guerra, preso por el odio. Un resentimiento hacia el opresor extranjero que crecía día a día.

Decía el novelista Julian Barnes en su libro el sentido de un final que la historia no es solo la verdad de los vencedores sino también las mentiras que se cuentan a sí mismos los derrotados.

Por más inabarcable que nos pareciera la realidad siempre acaba por convertirse en historia. También se da el caso contrario, por supuesto, uno recuerda haber leído el diario de Luis XVI el día de la toma de la Bastilla. "Hoy, nada", escribe, desafiando a todos los historiadores de los últimos dos siglos.

El Terror, los atentados anarquistas, el Ku Klux Klan, Pizarro, Torquemada, el auge del nazismo, todos fenómenos inexplicables para sus coetáneos, pero vistos desde una perspectiva histórica se vuelven necesarios para llegar a ser lo que somos.

Los políticos dirán que estos son juegos académicos, que hay que decidir qué hacer, no puede uno quedarse mirando en el medio del tablero intentando comprender los movimientos de las demás piezas. Las fronteras deben permanecer cerradas o abrirse, la OTAN debe intervenir con una estrategia coordinada a gran escala o continuar con ataques puntuales en lugares estratégicos. Optar por integrar a las personas en riesgo de exclusión por su religión, a la vez que los derechos y las libertades se ven disminuidos en aras de mayor seguridad. La posteridad, como siempre, dirá.