Temas de hoy: Pase a planta yaguareté Ley de emergencia alimentaria CAME náufrago
Para ver esta nota en internet ingrese a: http://www.diarionorte.com/a/129495

Ríos de tinta a la basura

La teoría de la “obsolescencia programa” ya no es una teoría a partir de numerosas experiencias reveladas por usuarios molestos de equipos de informática,  que misteriosamente comunican que tal o cual pieza debe ser cambiada. Obviamente la búsqueda de ese repuesto arroja resultados negativos, ya que los fabricantes se encargaron de no mandar grandes cantidades al mercado.

Por Ricardo Ambrosig

Tal el caso de algunas impresoras de una conocida marca que después de un tiempo comienza a informar de una sarta de errores, como por ejemplo “remplace cartucho” y los cartuchos están llenos, “remplace accesorios” y los accesorios están perfectos y solo parece quedar la opción de comprar una impresora nueva aunque la que tenemos está bien y solo necesita resetear ese famoso chip.

La imagen es más que elocuente sobre la cantidad de tinta que queda en los repuestos luego de que la maquina se detenga por falta de este insumo. Se calcula que entre el 14 y 20% de lo que se paga se tira a la basura.

De hecho existen programas que se consiguen en Internet que logran resucitar las impresoras para que dejen de mandar mensajes de error y con sorpresa se verifica que pueden seguir en servicio por varios años más.

Ahora surgió una nueva trampa del mismo fabricante que fue descubierta por una empresa dedicada a las impresiones en grandes series. La cosa es así: al parecer las máquinas informan que los cartuchos están agotados cuando en realidad les queda bastante de vida. La gente de la compañía Bellevue Fine Art decidió averiguarlo con los de su impresora Epson 9900, con un dispositivo de tinta de casi dos metros de ancho y 115 kilogramos.

El precio de la impresora flota cerca de los cinco mil dólares, mientras que el paquete de cartuchos de 700 mililitros cuesta en promedio unos 3.800 dólares. De más está decirlo, la tinta para semejante monstruo pulveriza presupuestos. Pero además hay otro inconveniente: La impresora miente.

La imponente Stylus 9900 capaz de impresiones espectaculares en trabajos profesionales consume un pack de tinta que cuesta 3800 dólares, de los cuales entre el 15 y 20% se desperdician.

Cuando el hardware reporta que el nivel de tinta está por debajo del 1 por ciento, simplemente se niega a continuar las impresiones hasta que no se instale un nuevo cartucho. Solo por curiosidad, la gente de Bellevue Fine Art decidió abrir por su cuenta algunos de sus cartuchos supuestamente vacíos, y descubrieron lo que todos ya sospechaban: Cada cartucho de 700 mililitros “vacío” tenía entre 100 y 150 restantes, o sea, entre el 14 y el 21 por ciento de su contenido.

Lo mismo sucede con las versiones de 350 mililitros, que cuando la impresora los rechaza por estar vacíos, aún poseen 60-80 mililitros de tinta.

En otras palabras, compañías como Bellevue Fine Art están obligadas a arrojar a la basura miles de dólares en tinta que ya pagaron, y que por algún motivo la impresora no utiliza.
Una muestra de la cantidad de tinta que queda en los cartuchos luego de que la empresa Bellevue Fine Art se escandalizara por la frecuencia del recambio sin relación a los trabajos realizados. La compañía fabricante no comentó nada.
Uno de los artistas de Bellevue Fine Art mientras extrae la tinta que según la impresora no tiene. El costo de los insumos hizo que la empresa se preocupara en revelar lo que ellos llamaron un engaño.

Si esto fuera causado por una limitación técnica, lo lógico sería que Epson agregue tinta extra para compensar la merma, pero no es así: Los cartuchos tienen exactamente 700 mililitros. Dicho de otro modo, se pagan 700 para usar 550.

En Bellevue Fine Art trataron de contactarse con Epson reiteradamente  buscando una solución, pero la posición de la empresa siempre fue la misma: Ignorar los mensajes o decir que están equivocados.

Los encargados de la impresora publicaron videos en Youtube y reflotaron las historias de obsolescencia programada de las impresoras más modestas pero la respuesta de la corporación fue la más efectiva en estos casos. El silencio.