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Un drone con correa, la solución

Las ideas simples y exitosas son las verdaderamente geniales. El inventor del palito para las selfies nunca imaginó que de un lampazo modificado se haría millonario al igual que quienes pensaron que la mejor manera de “legalizar” un drone era con una correa de perro.

Por Ricardo Ambrosig

A medida que los casos de drones derribados con armas de fuego se multiplican en EE.UU y las autoridades tratan de resolver semejante enredo, Fotokite diseñó algo que a simple vista se parece a otros tantos drones compatibles con cámaras GoPro, pero la diferencia está en que el Fotokite Phi posee una correa extensible como la de un perro  (parece una tontería pero la patente la volvió una idea rentable).

El Fotokite Phi en acción dentro de un museo. La prueba se realizó con permiso de las autoridades que consideraron a la correa como una garantía para preservar el patrimonio del lugar de un vuelo errático.

En Norteamérica, ciertas personas dispuestas a proteger su privacidad con un poco de ayuda de la Segunda Enmienda, han decidido resolver la ecuación aplicando “fuego antiaéreo” a cualquier drone que cruce la proyección vertical hacia arriba de su propiedad.

Evidentemente se trata de un tema muy caliente para los medios estadounidenses, no sólo cubriendo cada situación, sino también explorando las consecuencias legales asociadas al hecho de derribar un dron. Más que la privacidad, a las autoridades les preocupa la seguridad.

La visión de la FAA es bastante sencilla: Un dron pesa en promedio 400 gramos. Si esos  gramos caen desde una altura de 60 metros podrían, en el peor de los casos, matar a una persona. Algunos han propuesto alternativas como interruptores de señales para bloquear el control, pero la consecuencia de fondo es la misma: El dron se convierte en proyectil. Con todo eso en mente, ¿qué otras opciones hay?

Construido en plástico blando y con soporte para cámaras el Fotokite Phi se distingue de sus similares por la correa extensible que lo libera de muchas trabas impuestas por la ley.

Una suerte de barrilete o mascota voladora

La idea de Fotokite fue bastante curiosa y simple: Una correa extensible de perro. Su flamante dron bautizado Fotokite Phi, reemplaza el control vía smartphone, radio y/o GPS usando una simple correa.

Desde cierto punto de vista, esto hace al Fotokite Phi una suerte de barrilete sofisticado (y los barriletes no están alcanzados por las leyes al menos hasta ahora), aunque otros prefieren el término “mascota voladora”.

El sistema es muy fácil de transportar gracias a su diseño (se puede guardar en un tubo), posee un soporte compatible con cámaras GoPro, sus propulsores “blandos” reducen la posibilidad de heridas, y permite la recarga directa vía USB o el reemplazo completo de la batería en un par de segundos.

Con apenas un gesto o dos, la correa debería ser suficiente para volar al Fotokite Phi, pero la opción de controlarlo con un dispositivo Android está disponible. En caso de que se corte la correa, el dron activará su modo automático, aterrizando de inmediato.

Tal vez parezca extraño, pero la existencia de la correa le da un aire extra de responsabilidad al Fotokite Phi, y durante las pruebas públicas, la gente recibió al dron de manera mucho más positiva.

El Fotokite Phi apareció como una patente, se convirtió en una empresa y en tres semanas recibió 211.000 dólares sobre un total de 300.000 invertidos por socios interesados en participar del negocio. Su precio es de 299 dólares, no incluye envío, ni la cámara GoPro. Las primeras entregas se llevarán a cabo en marzo de 2016.

El Fotokite Phi se puede llevar a cualquier lado en un estuche al efecto. Su uso solo está limitado por la imaginación.
El radio de acción del drone con correa está limitado por la extensión de esta. Hay un punto donde ya no resulta práctico el vuelo en esas condiciones y por eso su aceptación en lugares cerrados.

La ley argentina

Este tema, sin dudas,  pone a prueba la rapidez del legislador argentino en adaptarse a los cambios tecnológicos. La Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), de nuestro país,  lanzó en julio un reglamento, a través de la Resolución N° 527, que comenzará a regir el próximo 12 de noviembre.

La norma buscar “lograr y conservar el nivel uniforme de seguridad operacional” que, en el caso de los vehículos aéreos no tripulados, significa “velar por la seguridad operacional de todos los demás usuarios del espacio aéreo así como la seguridad de las personas y los bienes en superficie”.

La  infracción a esa normativa ya está contemplada en el régimen de infracción de aeronáutica vigente, que es operar sin autorización en un espacio aéreo, pero no se dice nada de la correa así como no se penaliza el volar barriletes.

Aunque actualmemte el uso de drones está prohibido fuera del ámbito doméstico, de acuerdo al nuevo reglamento será necesario contar con autorización para operar y, en el caso de ámbitos con una gran presencia de población –como el de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires–, será necesario contar con un permiso de excepción por el riesgo que supone para el resto de las personas.

Salvo casos especialmente autorizados, los drones “no podrán operar sobre zonas densamente pobladas o aglomeración de personas”, según la nueva norma, pero el Fotokite Phi lo cambia todo y habrá que ver qué lugar se le da en la legislación.