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Un chaqueño recorre América en moto

Nació y vivió en Resistencia hasta que a los 24 años decidió deshacerse de sus objetos materiales para conquistar eso que no se puede ver ni tocar: su sueño de recorrer América.

Se llama Francisco Goldstain Graciani, tiene 26 años y lleva viajando más 33 mil kilómetros con Luna, su moto, una Honda CBX 250 Twister blanca. Aunque él mismo lo define como ‘loco’, pronto emprende el regreso, con la idea de visitar a sus familiares, ir hasta Tierra del Fuego y, después volver a recorrer países que le faltan, hasta llegar a Panamá.

¿Cuándo comenzó la aventura?

-Esta aventura creo que no inicia el día que cerré la puerta y me fui, sino el día que tomé la decisión de hacerlo, y comencé a barajar la posibilidad de irme y dejar la vida que llevaba, por una vida podría decirse, distinta, más dinámica, más intensa, no rutinaria y mucho más ‘vivida’.

¿Qué fue lo que te impulsó a viajar?

Alguien, algo... -Es difícil responder qué me impulsó a viajar, ya que fue un proceso mental, en el que todo me apuntaba a la misma cosa. El tiempo no perdona, y pasa, y uno sin darse cuenta, pierde el tiempo y su vida en cosas que uno no llevará al irse de este mundo. Eso me daba vueltas y vueltas en la mente. Me preguntaba: ¿qué llevás el día que morís? ¡Nada! ¡Sólo los recuerdos! Entonces, no tenía sentido trabajar horas y horas para generar miles de pesos para comprar cosas, que de todas maneras no llevarás y que a cambio diste lo más importante que tenés y te pertenece: tu tiempo. ¿Para qué trabajás tanto? Para pagar la boleta del celular, el resumen de la tarjeta, el internet, el cable, etcétera. Pero si no tuvieras tarjeta, celular, internet por un momento. Imaginate no generar vos mismo tus deudas. ¿Cuánto dinero deberías generar para vivir? Muy poco se necesita para vivir feliz... Sólo necesitás para comer, para dormir, ¡Y nada más! Creo que la decisión difícil es dejar atrás la zona de confort en la que vivimos, que son las comodidades que tenemos, sino a lo que mentalmente nos resulta conocido. Esta zona de confort incluye renegar todos los días con el mismo bache de la avenida, escuchar al jefe regañarte, o saber dónde queda el supermercado para comprar la cena luego de trabajar; y a todos inconscientemente les da pánico dejarla por tener miedo a lo desconocido. Por eso muchas veces aceptamos trabajos mal pagos o actividades que no nos gustan, por temor a dejarlo y no saber qué ocurrirá después. Cuando uno vive así no se da cuenta que abandonando la zona de confort, está la zona de aprendizaje, donde se conoce el propio ingenio y habilidades para desenvolverse. Y cuando lo lográs, estás expandiendo tu zona de confort. Antes de salir, espacio de comodidad era Resistencia, Chaco, Argentina; en este momento, se extiende por Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela y Brasil. O sea, que dejar tu vida cómoda y trabajo estable, por una vida incierta, puede ser un reto, pero si la superás, podés tener grandes logros.

De la rutina a la libertad

¿Cómo era tu vida antes de emprender el vuelo? -Mi vida era un ejemplo de trabajador, como la mayoría que debe estar leyendo esto. Me fui de la casa de mis padres muy joven, con 18 años y comencé a trabajar para mí. Aprendí a trabajar con vidrios, a hacer amoblamientos en MDF (sigla en inglés de fibra de densidad media) y tenía un servicio de limpieza de acuarios a domicilio. Progresé muy rápido: ya para los 20, no me daban los tiempos, tenía muchísimo trabajo; de mañana y de tarde andaba por la calle haciendo mantenimiento de peceras, o colocación de algún vidrio, y siempre de siesta o noche terminando algún mueble para entregar. Entre los 20 y 21 decidí abrir mi negocio, alquilé un local, y abrí una empresita de vidrios y amoblamientos. El primer año, el negocio caminó despacio pero nunca dio pérdidas, pagaba sus gastos, pero no dejaba grandes ganancias, ya para el segundo año, la empresa andaba muy bien, dejaba lindas ganancias. Ya tenía una camionetita para hacer los fletes, una moto para tomar medidas, y todo seguía progresando muy bien... pero esto implicaba más y más de mi tiempo. Hasta hubo un momento que comencé a ir los domingos para terminar trabajos atrasados para entregar. Me preguntaba ¿para qué trabajar tanto?, ¿a qué me llevaría de eso? ¡Estaba por darme una úlcera de los nervios constantes, no tenía tiempo de salir ni a la esquina y tenía que ir en tiempo récord al baño! Comencé a decir basta y empecé a viajar los fines de semana, a Paso de la Patria o a algún lugar cercano para desenchufarme del trabajo y ahí inició creo yo- el cambio de mentalidad. ¿Lo de viajar sólo fue una decisión? ¿Por qué? -Lo de viajar solo no fue muy pensado, tuve temor en un principio. Se me cruzó por la cabeza ir con un amigo o amiga, pero al comenzar a plantear la idea no hubo quien no me tratara loco, las frases se repetían: ¿vas a cerrar un negocio funcionando para irte? Nadie entendía que mi felicidad no estaba en ganar dinero, sino en vivir la vida. Algo que me hizo pensar mucho fue un comentario de Walter, un amigo, cuando en un asado que hacíamos los jueves comente lo que haría, y me dijo “¡Estás loco! Vos lo que tenés que hacer es trabajar 10 o 20 años juntarte una buena plata, y después te vas un tiempo y dejás a alguien acá para que te siga atendiendo, ¿pero irte así y dejar todo?”. Mi respuesta fue: “Hermano, ¿trabajar 10 años? Tengo 23 ¿trabajar hasta los 33? ¿Y dónde queda la parte de disfrutar de mi vida? Entiendo que la edad pasa por la mente, y que uno a los 30 sigue siendo joven pero no es lo mismo viajar con 20 que con 30 ni con 40. Yo quería vivir mi juventud a pleno y a los 30 largos, ya haberlo hecho y empezar a pensar en una familia. No a esa edad salir recién a vivir (aunque conocí casos de gente que tuvo este despertar a los 40, a los 60, y hasta incluso 70, y decidieron irse a vivir la vida a pleno). Así que contra viento y marea, seguí con mis ideas. Después de hablarlo con otros viajeros que ya estaban viajando, y pensarlo mucho, decidí salir solo. Sabía que es muy difícil la convivencia. Quería conocerme viajando y desenvolviéndome en cualquier tipo de inconveniente solo: llegar a una ciudad sin conocer a nada ni nadie, y lograr desenvolverme. Además, aprendí que para compartir y convivir, primero tenés que conocerte bien, y aprender a convivir con tu soledad, para ser independiente. Si no sabes estar solo, es muy difícil que puedas estar acompañado.

El camino compartido

¿Qué pensás acerca de compartir la ruta?

-Después de andar mucho tiempo solo, fui cruzando personas con las que compartí un poco de ruta y aprendí nuevas cosas. Aprendí también que viajar solo tiene también su parte dura. Si bien es hermoso y no dependés de nadie, no tenés problema para elegir nada, todo se resume a hacer lo que querés sin consultar nada con nadie. Con el tiempo aprendí que compartir la ruta también tiene su parte linda. Estuve en lugares hermosos y disfruté, pero no es lo mismo. Ejemplos: acampé muchísimas veces en lugares hermosos en medio de la nada solo y fue increíble, pero en Bolivia crucé a otro argentino, también viajando en moto, y fuimos compartiendo tramos, y acampamos en medio de la nada. Hacer un buen fuego y cocinar algo tuvo otro color, charlar con alguien de rutas, lugares, compartir el viaje, es muy bello también. En Colombia me compré una máscara para hacer snorkel y ver peces (es lo más bello del planeta que puedas hacer). Estuve un mes metiéndome al mar solo y observando la vida marina. Desde Colombia a Venezuela me acompañó una amiga, e hicimos snorkel en Cayo Sombrero, una Islita del Mar Caribe, y realmente fue hermoso compartirlo. Fue 10 veces más bonito compartir esa experiencia. Hoy en día, si apareciera la compañía ideal para viajar, lo haría. No estoy cerrado a viajar eternamente solo, sería lindo compartir el viaje...

¿Tenías definido el destino antes de salir, o fue tomando forma en el camino?

-El destino del viaje se fue creando solo. El plan era salir a recorrer Sudamérica y algún día, el mundo. Pero no tracé una ruta antes de salir, se fueron dando las cosas, como sigue hoy día. ¿Por qué en moto? -En moto, porque me encanta andar en moto y más aún en ruta. En verdad nunca se me cruzó por la mente irme en otro vehículo.

¿Hay algo a lo que le tenías miedo y lograste superarlo en el camino? ¿Existe algún temor todavía?

-Los temores son normales antes de salir: ¿Y si me roban, me violan, me matan? Hermano, todo lo que puede ocurrirte afuera, puede ocurrirte en tu misma ciudad, donde te sentís más seguro. En Resistencia me asaltaron, y me robaron una moto; fuera del país, nunca tuve un episodio violento de ningún tipo. Los miedos son instintivos y normales, pero tenemos que aprender a manejarlos. Hoy me siento seguro de que si camino derecho y sin molestar ni perjudicar a nadie, así mismo me irá. Estoy en el país que se dice más peligroso de Latinoamérica, y donde dicen que la policía es peor que el ladrón, y hasta el día de hoy, siempre traté a todos con respeto, y la policía fue muy amable conmigo.

Los afectos

¿Extrañás? ¿qué cosas?

-Extraño gente más que cosas, o lugares... Resistencia ya no considero que sea ‘mi ciudad’. Mi lugar es en la que me encuentro, y mi casa es donde estoy. Sí extraño a mi madre, mis hermanos, mis sobrinas, y extraño muchísimo a mis amigos y juntarme con ellos, por eso estoy yendo a visitar a todos y continuar viaje.

¿Qué es lo que más te sorprendió hasta ahora?

-En paisajes, muchas cosas, el Salar de Uyuni impacta, Las Ruinas de Machu Pichu, las ruinas de Ollantaytambo. Me gustó muchísimo Baños de Agua Santa en Ecuador, El Catatumbo de Venezuela, Las Cataratas del Iguazú en Misiones. Hay muchísimas cosas por nombrar, cada cosa tiene su belleza única, pero el lugar que me hizo reflexionar y decir ¡Wuau, dónde estoy! fue Cayo Sombrero, una Islita muy pequeñita en Venezuela.

¿Dónde dormís?

-Es relativo, en ciudades grandes, no hay opciones más que un hotel, o a veces buscar hostales, que son más económicos y no tienen problemas. Si no, también paro en campings. No tengo problema en pagar cuando es lindo el lugar, tranquilo y cómodo.

¿Leés?, ¿qué?

-Me gustaba mucho leer. Pero no había leído viajando, hasta que una amiga me regaló hace unos días un libro que siempre quise, estoy leyendo Las Venas Abiertas de América Latina.

Vida mochilera

¿Cómo te sustentás? ¿qué es lo más caro?

-Caro viajando no hay nada, ya que viajando tenés solo una cosa en que invertir: en vos. Hasta ahora quiero algo, trabajo y lo compro. Sólo invierto en mí, no tengo tarjeta, ni deudas viajando. Me sustento vendiendo artesanías, tejo con hilos, hago macramé, y me encanta hacerlo, y disfruto muchísimo también vender, ya sea poniendo un pañito en una plaza, o caminando, o poniendo un stand en una feria. Me encanta el intercambio con la gente, y al llevarse algo hecho con tus manos, es como que se llevan un pedacito de tu energía, es muy gratificante.

¿Instarías a que más personas tomen la decisión de abandonar sus trabajos para comenzar un viaje?

-Viajar me cambió la vida, creo que todos deberían hacerlo al menos un poquito o corto tiempo, pero no sé si dejar los trabajos para esto. Me gustaría que dejen los trabajos para ser felices o hacer lo que les gusta, si es viajar, adelante. Pero no a todos les llama hacerlo, cada uno tiene que buscar su felicidad. ¡No creo en estar trabajando doce horas en una oficina, para llenar los bolsillos de otro.

¿Hay una edad para hacerlo?

-Olvidalo, no hay edades. Conocí a un hombre de 67 años, mecánico que dedicó su vida y tiempo a su taller. Crecieron sus dos hijas, y su mujer se fue de la casa. Decidió que algo no había hecho bien. Le regaló el taller a su secretario, armó una moto, y salió a rodar por el mundo. ¡No hay edad! Todo está en tu mente y en convencerte de que podés.

¿Volverías a tener una vida con un trabajo en el que cumplir horarios?

-Llevo ya casi dos años durmiendo sin despertador, y comiendo cuando tengo hambre, no a “la hora de comer”. No creo que pueda volver a tener relojes que me digan qué hacer. Estás en el Caribe, ¿cómo sigue el viaje? -Estoy en el Caribe venezolano. Tuve muchas dudas sobre seguir a Centroamérica, o sobre cómo seguir y decidí que tengo el dinero, el tiempo, y sé cómo hacerlo. Pero siempre los que salen de viaje salen corriendo hacia arriba (como yo también hice). Y cuando llegué acá, me di cuenta que dejé cosas sin hacer. Mi sueño durante mucho tiempo, estuvo en conocer el fin del mundo en Tierra del Fuego, también quería conocer toda Sudamérica y, no conocí ni Uruguay ni Chile. Además, si me fuera pasaría otro gran tiempo sin ver a mis afectos. Así que decidí que sí voy para Panamá, pero antes bajo a darle un abrazo a mi madre, veo a mis sobrinas, como el tan esperado asado con amigos. Al bajar conocería Uruguay, bajaría hasta Tierra del Fuego, y subiría por Chile, y ahí sí estaría listo para cruzar a Panamá. Así que, en verdad, estoy camino a Centro América pero dando la vuelta por Tierra Del Fuego.