Temas de hoy: Elecciones municipales Peregrinación Juvenil a Itatí Elecciones 2019 Sin transporte nocturno Cambio Climático
Para ver esta nota en internet ingrese a: http://www.diarionorte.com/a/127329

Roberto Romero, el músico que quería ser futbolista

La fama de Roberto Romero es se agiganta cuando otros cuentan que participó en más de 700 grabaciones con artistas de la talla de Pocho Roch, Teresa Parodi, Mario Bofill, Antonio Tarragó Ros o Rodolfo Regúnaga, entre otros. 

Texto de Claudia Araujo

Fotos de Miguel Ángel Romero

A la entrevista con CHAQUEÑA llega con su compañera en el escenario y en la vida, Graciela Linares. Con descontractura el arreglador y pianista nacido en Curuzú Cuatiá celebra la ausencia de toda ceremonia y comparte varios momentos familiares.

Habla de los momentos difíciles, de las elecciones personales y de los ámbitos donde aprendió, desarrolló y reprodujo su arte.

La gira lo llevó a pasar por una extensa lista de ciudades y es en el sur donde atesora los mejores recuerdos. “Bariloche era una plaza muy fuerte para nosotros porque hay mucho turismo y gente que respeta nuestra música”-afirma.

La pareja vive en Resistencia. Uno de sus hijos es médico y vive en Corrientes, otra formó familia en Ituzaingó y la tercera eligió volver al pueblo de su padre, “es la más inteligente”, dice entre carcajadas.

La historia de Roberto es conocida porque desde pequeño tocaba el piano con solvencia y todos creían que su mamá daba clases en la casa. Sin embargo él se encarga de aclararlo: -“Yo no leo música. Siempre toqué de oído”, dice.

 

CHAQUEÑA: ¿Su madre no le enseñó?   

-Mi mamá nunca quiso que sea músico. Hace dos meses falleció, tenía 96 años. Tuvimos una relación estupenda con mamá, los cuatro hermanos. Un mes antes de que falleciera, le pedí a la Negra (Graciela) que cante un clásico de los años 30. Cantá Amapola, le dije. Y mamá cantó completa la letra sin desafinar. Ella fue soprano, tenía una voz potente y afinadísima.

 

¿Entonces cómo aprendió a tocar el piano?

- A mí me pasó algo muy raro, que hizo que sea tan creyente. Me crié jugando a la pelota en un club del centro. El amor de mi vida era el fútbol, yo quería ser futbolista hasta que se me reventaron las dos rodillas. Mi mamá era profesora de música en un colegio y también daba clases particulares de piano. Sus alumnos tocaban todo el día pero a mí nunca me llamó la atención hasta que a los nueve años, un día pasé, me senté y toqué. (se le quiebra la voz por la emoción) Dios te regala esa gracia. 

 

“Elegimos las canciones donde lo que importa el contenido”, dicen Roberto y Graciela.

¿Esa es la explicación de su elección? 

-Sí, y por más de 20 años tardé en contarlo hasta que se lo dije a un amigo, porque pensaba que nadie me iba a creer. Es algo que sabía mi familia y los más cercanos.

 

¿Y su madre qué hizo?

-Me llevó a rendir un examen anual del conservatorio. Me puso una partitura y toqué de memoria lo que practicaban las otras alumnas. Ese día me saqué sobresaliente con mención especial y yo no sabía nada de lo que había ahí escrito. Es algo divino, algo sagrado que te regala Dios.

 

¿Su papá tampoco tuvo algo que ver?

-Tengo que hacer justicia con él porque siempre se creyó que mi herencia era por parte de madre. Él era un cordobés militar, pero de los buenos, ni golpista, ni asesino. Era peronista, como yo. Se casó muy joven con mi mamá, ya murió. Siempre admiré la cultura que tenía. A mis vecinos de Curuzú les dije hace poco que esto que tengo lo heredé de papá. Él tenía una colección de música, era instruido y meses antes de fallecer nos enteramos que también tocaba la armónica.

 

¿Con qué ritmo se identifica?

-Soy músico y amo la música. A partir de ahí todo. Cómo negar a Chopin, a Piazzola o a Serrat. Amo la buen música y a los buenos músicos. Y cómo no valorar a otra gente que hace otras cosas.

 

¿Cómo se conocieron con su actual esposa?

Graciela: Cuando lo escuché pensé por Dios lo que toca este hombre. Y fue recíproco porque cuando él me escuchó me dijo: ‘Vos vas a cantar conmigo’. No podía creer que después de haber estado con Mercedes Sosa, Teresa Parodi, Alberto Cortés, Jairo, Juan Carlos Baglietto y tantos artistas quiera trabajar conmigo.

 

Primero fue el proyecto musical y después el de pareja…

Roberto: -Claro, como cuando dejé Buenos Aires para volver a Corrientes porque mi hijo empezaba la universidad.

 

¿Cómo eligen el repertorio?

Graciela: -Yo lo elijo, porque no podría cantar algo que no siento. A veces él me sugiere algunos temas y le digo que no, porque no me llega. Hace poco escuché un tema que me hizo llorar todo un viaje. Era Me quedo contigo, me gustó porque habla de lo que vive el artista. Lo mismo me pasó antes con un bolero de Manzanero que escuché en la radio.

 

Y una vez que eligen, después ensayan

Roberto: -No ensayamos casi.

Graciela: -Le digo ‘me gusta esta letra’. Arranco y él me sigue. Después vamos ajustando la nota y él va haciendo los arreglos. Canto desde los cinco años, en un trío con mis dos hermanos. Cuando falleció mi madre cada uno hizo un camino propio. El canto vino por parte de padre, pero mi mamá fue la promovía cultivar el arte.

 

Qué implica la elección por una vida de artista 

Roberto: -Que sea para siempre.

Graciela: -Es lo que amamos. Soy coiffeur, trabajé casi diez años en una peluquería que atendía a la mañana y me iba muy bien. Al mediodía y a la siesta preparaba comida para una rotisería y de noche iba a cantar. Tenía esa vida hasta que me dio un pico de estrés y el médico me dijo que algo tenía que dejar. Le dije que amaba cantar y él me contestó: ‘Entonces dedicáte a eso’.

Roberto: -Trabajé 20 años como bancario era un ulceroso crónico por culpa del banco. Me tomé tres meses para pensar antes de dejar todo e irme a Buenos Aires. Tenía cuatro hijos a cuestas además. Ganaba bien, vivía de gira pero los chicos extrañaban porque venía cuatro cinco meses y ya me iba. Como no se negocia el amor de los hijos, volví y la Parodi nunca me perdonó que la dejara.

 

Roberto, usted sí que tocó con todos

R: -¿Sabes una cosa? Mi único amor es la música, no los músicos.

 

¿Le queda algún sueño por cumplir?

R: -Yo todavía sueño con jugar en Boca (risas).

 

En piano y acordeón  

Romero era un adolescente cuando actuaba en bailes populares en varias agrupaciones Los seven boys, La petit jazz, Los caballeros del tango y Los diamantes tropicales. 

En el 63 formó la agrupación Los Estudiantes, por la que pasaron músicos como Asdrúbal ‘Kutu’ y Rodolfo Regúnaga, Adolfo Alsina, Charles Brown, Mateo Villalba, Edgardo Azeves, Santos Villa y Lucky Alcaraz, entre otros.

Poco después se integró como acordeonista al plantel de músicos que tocaban con Poco Roch. Con ese proyecto continuó por 15 años, aun viviendo en su pueblo natal. 

A fines de los 80 y por dos años condujo el conjunto que acompañaba a Teresa Parodi (entre los que estaban también Orlando Gutiérrez, Cacho Ferreyra y Pinocho Hernández) y se fueron de gira por Estados Unidos y varios países europeos.

Luego compartió un proyecto musical con Mario Bofill y por diez años se desempeñó como acordeonista, pianista y arreglador. Grabaron cinco discos, e hicieron numerosas giras por varias provincias y por países vecinos.

Fuente: fundacionmemoriadelchamame.com

 

El camino del chamamé

Hace tres años que integran la grilla de la Fiesta Nacional del Chamamé, un lugar que muchos desean ocupar. El debut fue con un tema de Carancho Ramñirez, Ahora que te conozco.

A la distancia la pareja recuerda cómo a fines de los noventa el chamamé era redescubierto por muchos argentinos en Bariloche, donde había mayoría de extranjeros. “En esa época había argentinos que desconocían al chamamé y que aún hoy no lo conocen”, comenta Roberto y su esposa agrega: “En el sur el público del exterior reconocía por igual el tango y el chamamé”.

 

¿Comparten que el chamamé pasa por un buen momento?

Roberto: -Es una de las melodías más populares de América latina y todavía le falta desarrollarse.

Graciela: -Además el chamamé no es solo bailar, también es escuchar.

 

Sucursal del Cielo

En varias ocasiones Romero saca a relucir su sentido de pertenencia con Curuzú Cuatiá: “Allá el nivel musical es totalmente diferente, de otro mundo”, dice. Y sin temor a exagerar subraya: “Si existe la rencarnación, quiero volver a nacer ahí. A la misma canchita, a jugar con la misma pelota y a tocar en el piano de mi vieja, Es una sucursal del Cielo”, resume.

 

¿Por qué es tan fuerte el apego a ese lugar?

Roberto: -No sé. Se respira arte ahí. Y hubo una fuerte inmigración de los vascos, con ellos hay varias coincidencias.

Graciela: -Es un pueblo con muchísima cultura. Cuando fui a cantar él me advirtió que me iba a encontrar con un público exigente. Y es cierto. Es un público silencioso. Por eso aprende, porque escucha. De entrada no sabés si le gustas o no, y al final -gracias a Dios- me abrieron las puertas.

 

Graciela Linares: “Aprendo de los que respetan lo que hacen” 

Con una diversidad de géneros a cuestas: baladas, boleros, chamamé o tango, actuaron en Chaco, Corrientes, Entre Ríos, varios puntos de la costa uruguaya y en el sur del país. Algunas dolencias y pérdidas familiares los obligaron a detener la marcha y hace unos siete años la pareja retomó los espectáculos.

“En los últimos meses nos encontramos con gente que se asombra cuando nos escucha por primera vez”, comenta Graciela. Y Roberto lamenta que “haya algunos circuitos donde hoy no les den cabida”.

Graciela también cuenta que tuvo varias oportunidades de trabajar fuera del país pero que las descartó porque eran proyectos inviables y la alejaba de su esposo. Y destaca el respeto que recogió fuera de su provincia: “Es algo que lamentablemente no me pasa en Resistencia, por eso agradezco a Coqui Di Rado, que nos invitó a la Vaca Atada. Espero mucho más de mi Chaco”. 

 

¿Cuáles son tus referentes?

Graciela Linares: -Rescato algo de todos los que saben. Soy muy observadora, trato de aprender de los que hacen muy bien algo y respetan lo que hacen. Me gusta Mercedes Sosa, Estela Raval, Paloma San Basilio, Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Juan Luis Guerra, Marc Anthony. 

 

¿Con quién te gustaría cantar?

G.L.: La lista es interminable. Siempre le digo a mi marido que el día que me saque la lotería los traigo a todos para que mi marido haga la dirección musical y los arreglos.