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Los Scardaccione, de la provincia de Matera al territorio chaqueño

Escrito desde los sentimientos entrañables de la amistad que perdura, el texto recuerda a los hermanos Scardaccione, nacidos en Italia y la presencia de ellos en el Chaco, con quienes compartimos vivencias y recuerdos.

Por Inés Paula Berry 

En los comienzos

Del fraterno encuentro con la familia Scardaccione en la casa de playa Serena, en las afueras de Mar del Plata, estuvieron Emilio, su esposa María Di Prinzio y Olga la única hermana. Los tres evocaron los años de amistad que nos unen. Coincidente con los 80 años que Emilio cumplió el 7 de abril, surgió la idea de redactar vivencias, anécdotas, infaltables canciones y palabras expresadas en su dialecto.

Es una biografía accesible sin otra pretensión que poner al alcance de la familia y nietos, las figuras de estos italianos modelo de honradez, generosidad y de entrega a sus tareas en el área de la salud pública y de otros ámbitos donde se desempeñaron. Emilio -Mimí- en diminutivo y su hermana Olga, de pequeños junto a sus padres se trasladaron a San Arcángelo, en la provincia de Potenza, zona de Lucania que integra la región italiana de Basilicata.

Una foto atesorada de los tiempos en que Antonio Scardaccione estuvo prisionero durante la guerra.
Emilio, Olga y los padres recién llegados a Buenos Aires
El San Giorgio navegó a Sudamérica hasta 1952, cuando fue transferido al servicio australiano del Lloyd Triestino.

Padre y madre

Antonio Scardaccione -nacido el 4 de diciembre de 1904- tenía cuatro hermanos y en su país natal trabajó como decorador especializado en restauración de frisos y murales religiosos. Integrante voluntario del Ejército Italiano, combatió en la Segunda Guerra Mundial y estuvo prisionero durante varios años en África. Al finalizar la contienda, el joven regresó a la patria, se reencontró con su familia y la inmensa alegría de conocer a la pequeña Olga de tan solo cinco años.

Caterina Gagliardi -nacida el 12 de noviembre de 1909- proviene de una familia de once integrantes y su vida transcurrió entre el cuidado de los hijos, las tareas hogareñas, tejidos a mano, visita a parientes, el rezo diario del Santo Rosario y la devoción a San Antonio a quien en forma diaria ofrecía oraciones en su casa o en la iglesia del pueblo.

De ese tiempo, la familia aún conserva un pequeño libro de oraciones de Cata con plegarias, invocaciones, misas, responsos y Vía Crucis. Emilio nació en San Giorgio Lucano el 7 de abril de 1935 y Olga, el 14 de julio de 1940. Él cursó allí hasta el tercer año de la secundaria y ella finalizó la primaria. Luego de muchos años Olga regresó para reencontrarse con los habitantes de su pueblo natal.

El arribo a la Argentina

El padre había viajado solo a la Argentina para radicarse en Resistencia. En la capital del entonces territorio nacional ya se habían establecido otros parientes, entre ellos Vittorio Gallo de quien recibió el llamado. Trabajó como pintor de brocha gorda en las escuelas nacionales recién construidas.

A través de un acta de llamada, su esposa e hijos se trasladaron desde la zona de montaña, hasta Taranto, luego prosiguieron a Nápoles donde Caterina y embarcaron el 10 de julio de 1951 en el buque San Giorgio, según consta en datos autenticados con el respectivo sello documental. Arribaron al puerto de Buenos Aires el 9 de agosto, después de casi un mes de navegación, donde eran esperados por el padre. Como correspondía en aquellos años, un dato de interés es que, además de la documentación del inmigrante, las autoridades daban un visado con la fotografía de la niña.

Emilio y Olga Scardaccione están radicados en la Ciudad de Buenos Aires pero siguen recordando siempre aquel Chaco solidario, generoso que los recibió al tiempo que, evocan a sus compañeros, amigos del colegio y del barrio que fueron conociendo cuando, recién llegados de Italia junto a tantos inmigrantes que poblaron esta tierra chaqueña, prosperaron del intercambio y las vivencias experimentadas en la escuela pública, donde aprendieron a integrarse a la nueva comunidad que los recibía.

El camino a la provincia de Buenos Aires

Con el tiempo y por razones laborales hacia 1960, Emilio se mudó a Buenos Aires e ingresó en la Facultad de Ingeniería. Después siguió la carrera de Medio Ambiente en la Facultad de Lomas de Zamora. Su hermana Olga había logrado una beca para estudiar Servicio Social en Santa Fe, primero obtuvo el título de Asistente Social y luego se especializó con la Licenciatura en Terapia Familiar Sistémica, con el grado de Magister. Poco después desarrolló su carrera en diversas áreas de Minoridad en la Capital Federal. Junto a su madre y hermana se radicaron en Villa Ballester. En 1961 integró el Programa de Medicina Preventiva del Ministerio de Salud Pública de la provincia de Buenos Aires, trabajó en los centros de salud en los partidos de San Martín y Tres de Febrero. Al cabo de unos años se dedicó a la actividad comercial en forma independiente.

Matrimonio y descendientes

Al poco tiempo de llegar a su nuevo destino conoció a María Di Prinzio, nacida en la provincia Di Quieti-zona del Abruzzi. Su compañera de toda la vida, de profesión estilista asesoraba sobre vestimenta, peinados e imagen. La pareja tuvo dos hijas. Andrea es arquitecta que se casó con Fabián Cattanese y tuvo a Gina de 13 y Julia de 9 años. La otra hija Mariela, es abogada y con Alexis Mussa son padres de Marco de 13 años.

Olga; Emilio, su esposa María Di Prinzio e hijas: Andrea y Mariela; los nietos Marco Mussa, Gina Cattanese, su hermana Julia y su papá Fabián Cattanese.
Doña Cata y una sobrina amasan la típica pasta italiana.
Emilio, Fernando, Ricardo y Obdulio. Amigos inseparables.

Emilio y sus amigos

La vida de los Scardaccione transcurrió en Resistencia. Emilio estudió en el colegio salesiano Don Bosco donde conoció y se hizo amigo de Jorge Daniel Sudar, que de él dice: “Nos conocimos a fines de 1952, el ‘Gringo’ había arribado hacía poco tiempo a la ciudad y yo, de Capital Federal con pase del Colegio Nacional Buenos Aires. Ambos éramos forasteros. Quizá por eso Emilio se me acercó en uno de los primeros días de clases para preguntarme en una mezcla de italiano y castellano si tenía el Martín Fiero. A mi respuesta afirmativa siguió la invitación para que estudiáramos juntos los versos del poema gauchesco”.

“Así nació una relación, primero de estudio y que después se consolidó en amistad imperecedera, extendida hacia otros compañeros como Fernando Medina Alliana, Ricardo Rousselot y Obdulio Olmedo (de Ibarreta, Formosa). De ahí en más, estudiamos juntos casi todas las materias hasta tercer año. Luego en grupo nos fuimos al Colegio Nacional, donde concluimos el bachillerato. En las tardes templadas nos reuníamos en la placita Belgrano a comentar las andanzas del día y hablar de ‘las chicas’”, recuerda. Jorge fue a estudiar a La Plata y Emilio a Buenos Aires (Ingeniería); aunque “conservamos nuestra amistad de adolescencia, el cariño y un gran afecto”, afirma Sudar.

El recuerdo de la adolescencia

Fernando Medina Alliana que en 1950 iba a sexto grado en el Don Bosco recuerda al ‘italianito’ que presentó el maestro, el inolvidable sacerdote Juan Vizcarra. “Nos aclaró que el nuevo compañero, por su origen, tendría dificultades con el idioma. Quedamos sorprendidos cuando en pocas semanas dominaba el castellano, demostrando su inteligencia además de tener una voluntad excepcional”, dice.

En el secundario grupo de la amistad mantuvo el vínculo porque hasta tercer año cursaron en el mismo establecimiento y después siguieron en el Nacional. En los tiempos de estudiantes compartían casi a diario una mesa en el famoso bar La Estrella, para el atardecer se bebía granadina y luego se paseaba hasta la plaza central para contemplar a las jovencitas que daban una vuelta por el lugar. “Emilio, por su acento extranjero y su ‘pintita’ enseguida conquistaba admiradoras. Pero hay que destacar que así como aprendió el idioma castellano con rapidez, hasta el día de hoy, luego de más de 60 años de vivir en nuestro país no ha perdido su acento y habla como un novel inmigrante”, describe Medina Alliana

En la promoción de la salud

Lo de Scardaccione era la música, profundizó el aprendizaje del requinto y con su voz privilegiada integró el coro del colegio Don Bosco y en el reconocido conjunto coral de Resistencia. Fue además un incansable promotor de comunidades desde que obtuvo su título de Oficial de Saneamiento.

Con otros jóvenes, recorría sectores asignados por el Ministerio de Salud Pública. Era parte de la acción educativa acordada en 1957 entre el Chaco y la Oficina Panamericana de la Salud. Durante esos años Emilio trabajó asesorando a comisiones vecinales de Villa Prosperidad, Libertad, Alvear y otras donde su principal accionar era informar a los pobladores sobre los nuevos sistemas sanitarios. Dictaba cursos de su especialidad en centros de salud, escuelas y otras organizaciones comunitarias.

La especialidad de la mamma

Los domingos era común ver a la familia reunida a la mesa. Parte de la tradición era ver a doña Cata amasar la exquisita pasta. Su especialidad, entre otras, eran los firrizulos, como se dice en el dialecto por los fusiles que servidos con tuco, constituían una delicia.