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Viento Norte, la banda antimito de la cumbia

Contra el prejuicio de hacer música pobre o de provenir de una clase ajena a los contextos bailanteros, los integrantes de Viento Norte explican por qué eligieron tocar y componer cumbia. Con ellos el ritmo protagonizó espacios donde antes no solía llegar y reversionaron clásicos que escuchaban sus padres para los veinteañeros.

Textos de Claudia Araujo

Fotos de Germán Pomar

La banda se conformó con un grupo homogéneo sub 30 y como muchas otras, porque los músicos se conocían del secundario -del colegio Don Bosco- y porque tenían proyectos musicales afines.

A la entrevista con CHAQUEÑA Mauro Siri, Marcos Parvanoff, Emi González, Guido Romero Scherf y Paly González llegaron unas pocas horas después de actuar en Tecnópolis. Y mantenían el entusiasmo: “Era parte de un ciclo que se llama Cultura Cumbia, un proyecto muy interesante que busca romper estereotipos e instalar la idea de que la cumbia es cultura y vale tanto como cualquier otro ritmo”, explica Emi, uno de los percusionistas.

Buena parte de la conversación colectiva rondó aspectos relacionados: discriminación, prejuicios, zonas vedadas, escuelas. Las respuestas se complementan y redondean ideas comunes.

Como cuando tocan, cantan y bailan, funcionan en equipo. Y si quieren etiquetarlos, eligen un rótulo: “Somos cumbia canción”, dicen.

CHAQUEÑA: ¿Por qué decidieron hacer cumbia?

Guido: -La idea al principio fue hacer un tributo a Los Chaques (expresión de interrogación) y después fue un proyecto que buscaba funcionar. Si se quiere hacer música para fiestas y trabajar en eso, se va a tener menos movilidad con letras propias que con canciones para bailar. La idea era pasarla bien durante el verano.

Mauro: -La idea nunca fue tocar en fiestas. El objetivo no era ser contratados, sino tocar en un ciclo de verano (en Nanas Suena Bien) con un tipo de música en un lugar donde tal vez no se había hecho antes.

Y entraron en un género que tiene el ADN de la región

Paly: -Sí es parte del ADN del Chaco y de una zona donde hay mucha influencia del chamamé y la chacarera. Un chico de Buenos Aires nos decía que es muy interesante lo que nos pasa porque logramos juntar lo snob con lo popular. La gente de acá vive y respira mucha cumbia, sin embargo allá algunos no pueden ir a bailarla o a escucharla en vivo.

Guido: -Ese estereotipo se rompió acá en el Chaco porque hoy ves a Los Chaques o a Los Continuados tocar en boliches, donde antes no entraban. Porque estaba muy marcado que la cumbia iba para un lado y los demás ritmos por otro.

Emi: -En todo el país se está rompiendo con ese mito, la cumbia es uno de los ritmos más populares.

Mauro: -Es lo que queremos reflejar en nuestras fiestas, que podamos juntarnos, sin sectores vip.

¿Se puede transitar la cumbia sin estigma? 

Guido: -Es un tema porque tocábamos en una agrupación de rock; Mauro tocó temas internacionales. Venimos de otro palo. 

Marcos: - En todos los estilos están los tradicionalistas que no van a cambiar su postura porque crecieron de esa manera y no van a aceptar que entren músicos de otros ritmos. Pasó siempre y va a seguir pasando. Hoy el fenómeno de la cumbia en particular, como música popular, hoy se está insertando en distintas clases sociales, como en algún momento lo hizo el folclore o el tango. El repertorio se armó con temas que no se escuchaban fuera de la casa, en los boliches. Escucharlas en público creo que es lo que despertó al público. 

Mauro: -Lo que nos mantiene en el proyecto es que hoy, independientemente de venir del rock o de la música cantautoral, estamos porque también como músicos proponemos algo que la gente toma para sí, componer una canción y que pidan que la pongan en el boliche o la cuelguen en el Face. Es muy difícil producir algo así.

En el repertorio, ¿hay temas que aseguren una respuesta del público?

(Todos): -No hay un show que sea igual a otro. Cada uno tiene su repertorio y a veces podemos ir cambiando sobre la marcha.

¿Cuáles son las canciones más difíciles de interpretar?

Marcos: -Depende de cada uno, a mí me cuesta cantarlas a casi todas.

Pali: -Difícil, no. Hay imprevistos que van sucediendo, como en todos los trabajos.

Guido: -Creo que los más difíciles son nuestros temas, Que no se entere mi corazón, por ejemplo.

Emi: -Porque uno trabaja tanto en él que quiere cuidarlo. Y algo que nos está pasando es que la gente los pide. Con Espuma de río, por ejemplo. 

Marcos: -Por haberlos grabado, en el vivo se trata de lograr algo parecido y tal vez por eso se quita un poco de espontaneidad. 

Pali: -Además Que no se entere mi corazón es difícil porque tiene muchos arreglos y es alto para cantar.

¿Quiénes componen?

Guido: -Entre todos aportamos. Hay arreglos de todos sobre un mismo tema. En el primer mes Mauro nos dijo que teníamos que componer. Después decidimos invertir en un estudio y en traer un productor (Juanito, el cantor, que trabaja con Gustavo Cordera) que nos ayude a poner orden en la composición. No teníamos una personalidad propia en los sonidos.

Mauro: -Es lo bueno que tiene el modo de trabajo del grupo, estamos en una instancia en la que el producto final se crea con el aporte de todos.

Guido: -Además somos conscientes de esto: que la perpetuidad depende de las canciones propias, sino seríamos una banda más.

Pali: -Por eso cada tema tiene su ciclo, cada uno tiene su magia y toque distintivo. Largarlos a todos juntos sería no darle ese valor que tiene.

Guido: -Hoy no queremos grabar 12 canciones para que se escuchen tres o cuatro. Cambió mucho la industria de la música. Somos cuidadosos, en la página (web) publicamos poco, ahora vamos a tocar en el Cumbiódromo y no vamos a actuar hasta esa fecha.

Pali: -Nos demanda mucho, venimos con ideas, hay bastante ensayo, como en todo, nos enfocamos en la fiesta y nos dedicamos a eso. Los bolicheros ya saben que un mes antes no tocamos porque nos dedicamos a ver el repertorio y todo lo que hay en juego.   

¿Cuántas actuaciones pueden tener en una noche?

Mauro: -Hemos hecho hasta tres; cada espectáculo no supera los 40 -50 minutos. Muchas bandas hacen cinco.

Pali: -Somos cuidadosos con los boliches también, tratamos de llevar un show distinto a cada uno y no tocar la misma noche en dos o tres. Además, uno no rinde.

Mauro: -Queremos disfrutar de cada show y físicamente es muy exigente porque además de tocar y cantar se baila y salta. Yo estudié canto, soy cantante y quiero morir cantando. A todos les pasa más o menos lo mismo. Ahí es cuando hay que encontrar el punto medio entre disfrutar y cumplir con algunos compromisos.

Decir no, ¿es parte una negociación permanente?

Mauro: -Siempre hay una puja, con los boliches, con los conocidos. A veces te ofrecen más plata, otras está el compromiso de gente amiga. 

¿Qué piensan de los que afirman que la cumbia es música de pobres y estéticamente pobre?

Mauro: -Nos pasó que tuvimos que explicarlo al momento de formar la banda.

Marcos: -Me tocó varias veces hablar con gente que me decía que hacía cumbia porque es lo que garpa o porque es lo más fácil. Al que le gusta el blues le digo que la música que escucha es música rural, pero de otro país; que se armó de la misma manera y que el blues tiene la misma destreza musical en la guitarra que la cumbia en la percusión. El percusionista de cumbia improvisa al mismo nivel, con la misma pasión y con la misma espontaneidad que el guitarrista en el blues. No sé por qué hay gente que lo ve de otra manera, supongo que por no vivir distintas cosas.

Guido: -El compositor Edgardo Cardozo dijo hace poco que se sentía testigo de una transición en la cumbia como fue con el tango en otro momento, que empezó en las clases bajas y terminó llegando a las más pudientes. Creo que eso lo resume.

“Hoy en Buenos Aires ves a ex jazzeros o folcloristas que están haciendo cumbia y no creo que sea por moda, quizá estamos entendiendo que hay barreras que se caen”, afirma Mauro.

Casi como una cooperativa

Guido: -Algo así como una pequeña empresa, hasta tenemos un fondo de emergencia, en caso de que exista algún imprevisto. Vamos previendo cosas. Los viajes estábamos haciendo en combis chicas. Si contamos a los que se encargan con el sonido somos 15 personas y necesitamos buenas condiciones para actuar. Por ahí nos quieren pagar menos y preferimos pasar para cuidar lo que tenemos y evitar riesgos. Es el precio de trabajar con independencia, porque en general varios grupos dependen de un mismo organizador. Está muy bastardeada la actividad.

Mauro: -Cada grupo se vende como quiere ser vendido. Es una decisión de la propia banda. Algunas quieren aprovechar al máximo porque saben que viven un éxito pasajero, por eso aceptan hacer seis shows por noche, porque saben que en cualquier momento se termina. Si se quiere tocar en estadios o festivales, se hace eso. Son distintos planteos. Nosotros vamos cambiando de acuerdo al objetivo, queremos animar shows más que fiestas. Trabajamos por un producto artístico.

¿Quién se encarga del vestuario, la imagen, la estética?

Mauro: -Entre todos. Es una idea que empezó para tener algo resuelto. Después vimos que podía ser un elemento atractivo. 

Cuando actúan se los ve como un grupo que transmite alegría

Guido: -Yo soy depresivo (risas).

Mauro: -Hacemos cosas que nos gustan, nos divertimos; imaginamos cosas que las llevamos a cabo y la gente se divierte con eso. 

Vida de músico

Los impulsores del proyecto Cumbia Cultura los invitó a tocar en Tecnópolis como parte de un programa de eventos.

“Es un proyecto colectivo de estudiantes y profesores de la Facultad de Comunicación de La Plata, con varios formatos: festival, charlas, intervenciones barriales. Nos conocimos por haber trabajado hace algunos años con Seba Ibarra en otro proyecto (Tierra Verde)”, cuenta Mauro Siri. El músico valoró el trabajo de ese grupo de origen académico: “Tienen el ciclo en Tecnópolis, pueden llevar a Adrián y los Dados Negros a la Villa 31 y después a dar una charla a la universidad”.

“Además trabajan para integrar a las regiones del país; en el festival que estuvimos en La Plata representamos al Norte; sombras representó al NOA”-agrega Pali González-“Van mostrando la cultura de la cumbia en todos los contextos. Hacen un intercambio cultural, musical, de todo tipo”.

¿Les molesta que los comparen con Agapornis?

Guido: -Sí.

Mauro: -Es una apreciación desde la ignorancia. Nos pueden decir que venimos de otra clase social, podría ser lo único que tenemos en común.

Pali: -Bueno yo no vengo de clase alta, viajo en colectivo…

Mauro: -Nuestro planteo musical es totalmente diferente. Cuando quieren ser hirientes, dicen eso. 

¿Con lo que obtienen de las actuaciones pueden sustentarse?

Mauro: - Con lo que obtenemos a mí no me alcanza para vivir.

Guido: -Nosotros podríamos vivir de la música pero nuestra ley fundamental es invertir. Plata que entra, se invierte. Además está lo otro: fuimos a Buenos Aires, hay que pensar en el transporte. Hay que hacer un video, invertimos; hay que grabar, invertimos en un estudio. Lo mismo para la ropa.

¿Sienten que crecieron como músicos?

Emi: -Es muy distinto, depende de cada uno.

Guido: -La etapa en la que más aprendí es ésta y eso que hice una carrera en Buenos Aires, estudié jazz y blues. Tuve un profesor que decía: ‘Un estilo por vida’. Yo tocaba rock y otro poco con el Seba Ibarra. Y la verdad es que no quiero ser una eminencia o referente de un estilo, soy un músico que quiere aprender de todos los estilos. Con la cumbia me encontré con que no pegaba en lo que hacía, recién ahora creo que estoy sacándole a la guitarra el sonido que realmente debe llevar o la manera de tocar. Después eso lo aplico a lo que quiera. Al principio me costó. Hoy quiero lograr algo único con la vieja escuela como cimiento, pero tener mi sonido.  

Paly: -La música es música, no importa el estilo.

Mauro: -Todos estamos en lugares donde hay una búsqueda instrumental. A mí me pasa que nunca estoy conforme con lo que escucho, me pone en una situación de conflicto conmigo porque no está como quería o cantarlo de otra manera. Si por ahí la tuviera más clara desde el principio, la viviría de otra forma. Seguimos buscando. Un amigo me dijo que Viento Norte tiene esa magia de la posmodernidad de poder elegir de entre todo lo que hay, y de cada cosa tomar un poquito. Ya no es ser cumbiero o rockero a rajatabla. En lo personal siento que estoy aprendiendo como pocas veces en mi vida, musical e interpersonalmente también porque tenemos que aprender a convivir entre tantas personas.

La fiesta

El Cumbiódromo es un espacio bailable que a imagen y semejanza de las fiestas temáticas de los grandes centros urbanos, reproduce el espítitu de las bailantas tradicionales con pista de baile, cantina y alterna músicos en vivo, sean figuras centrales o invitadas. Con música nacional, latina e internacional, regae, todo en español.

La idea importada por Guido tomó de las celebraciones porteñas (bizarra, clandestina, mágica) la idea de producir una fiesta propia. A la primera fueron 300 personas; a la segunda, 800; la tercera se hizo en la UNNE y reunió a unas 1.500 almas y en la cuarta pusieron a bailar a otras 2.500 en el Club Comunicaciones. La próxima se hará el 22 en el Club Regatas y las expectativas se mantienen intactas.

Cómo empezaron  

Aún no cumplen dos años: formalmente arrancaron el 23 de diciembre de 2013, en esa formación los acompañó por única vez el baterista Esteban Peón. Era la fiesta de cumpleaños de Mauro y tocaron para un grupo de amigos e invitados. Para el 28 de diciembre en el segundo show se agregó el hermano de Pali y Manu González, el tecladista de la Nueva Luna Facu González, que también estaba de vacaciones.

Mauro y Guido venían tocando con Seba Ibarra, compartiendo proyectos musicales como Tierra Verde. “Dijimos ‘toquemos para divertirnos’, la idea era presentarnos antes de un ciclo al que nos invitaron para ese verano”, explica Mauro. 

Guido complementa: “Los dos vivíamos en Buenos Aires; Marcos, en Córdoba, y la idea fue juntarnos para tocar en Nanas Suena Bien, en enero”. También aclara que al principio, cuando pensaron en reunirse no tenían idea sobre cómo formar un grupo de cumbia. 

Los dos sabían que en la formación iban a estar Marcos y el Chino (Emi), que trajo a su hermano, Paly y éste al primo Manu.