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El río negro, otrora vía de navegación, hoy agoniza irremediablemente.

A 137 años del arribo de los primeros inmigrantes a Resistencia

 El 27 de Enero de 1878 arribaron al Paraje San Fernando 39 familias inmigrantes (unas 200 personas) originarias de la Provincia de Udine, Italia, enviadas por la Oficina Central de Inmigración para comenzar a poblar las colonias fundadas en 1875 por la Comisión Foster-Seelstrang, una de las cuales estaba situada precisamente en este paraje con el nombre de “Colonia Resistencia”.

Por Marcos Altamirano                                                                       

Desde 1876 estaba al frente de la misma como Administrador, el señor Jaime Sosa Escalada, ex diplomático exiliado de origen paraguayo. El lugar estaba habitado desde varios años atrás por unas 800 personas según testimonios documentales de la época, en su mayoría peones de unos 15 obrajes madereros que se hallaban nucleados en torno a las casas-quintas del Coronel José María Ávalos, Félix Seitor, Agustín Vázquez, Sicard, Manuel Díaz, Juan José Ajesta y otros propietarios. Este importante acontecimiento de la historia del Chaco se festeja todos los años el 2 de Febrero por una tradición ya arraigada en el imaginario popular.

"Llegada de los primeros inmigrantes a Resistencia", Óleo de Alfredo Pértile.

El primer inconveniente que debieron afrontar los colonos fue  la falta de alojamiento para ubicar a las familias hasta su radicación en las tierras asignadas. Hubo que alojarlos en las casas de los obrajeros durante los primeros meses de su vida en la Colonia. Los obrajeros Manuel Díaz y Juan José Ajesta facilitaron sus casas sin cobrar alquiler alguno.

Otro serio problema fue que los mojones de la primera mensura se perdieron, por lo que hubo que realizar una nueva a cargo del agrimensor Juan Dillón (h) enviado por la Comisaría General de Inmigración. Las fuertes inundaciones ocurridas en ese año dificultaron esta tarea que recién se pudo concluir en Mayo de 1879, lo que permitió la entrega de los lotes, quintas y chacras a los primeros 150 colonos llegados hasta ese momento.

Enfermedades y penurias de la población

La creciente que afectó a la Colonia en los primeros meses de 1878 provocó el anegamiento de todos los campos aislando a las familias de colonos y dificultando su asistencia por la Administración.

El mal estado del agua y los alimentos ocasionó la aparición de enfermedades gastro-intestinales y del paludismo. Fue requerido entonces los servicios del Dr. José Luna, de avanzada edad, que había cumplido tareas en el hospital militar de El cerrito y que dominaba el idioma italiano.

Este médico prestó inestimables servicios a los colonos recorriendo extensas distancias a caballo o en canoa para atender a los enfermos y administrarles medicamentos que dificultosamente podía conseguir en Corrientes.

Esto no impidió que entre Enero de 1878 y Marzo de 1879 se produjeran 29 defunciones, de las cuales 16 fueron niños. Los inmigrantes procedían de una región montañosa y carecían de defensas para enfermedades propias de un clima subtropical.

Por otra parte las condiciones precarias e insalubres en que tuvieron que vivir en los primeros tiempos de la colonia fueron muy difíciles de sobrellevar por estos pioneros.

Típica familia de inmigrantes llegados a la Colonia Resistencia a partir de 1878.

Construcción del albergue

Siguiendo órdenes superiores el Administrador Jaime Sosa dispuso la construcción de un galpón  de grandes dimensiones para albergar a unos 500 inmigrantes con sus equipajes y herramientas hasta que se instalasen en sus tierras.

La obra estuvo a cargo del maestro albañil Francisco Pucci, con la ayuda de carpinteros contratados en Corrientes y por peones aborígenes qom y vilelas, y criollos en su mayoría provenientes también de aquella Provincia. El material utilizado fue el adobe para las paredes, tejas de palma para el techo y maderas de quebracho, urunday y espina-corona transportadas desde los montes cercanos.

La participación activa de aborígenes y criollos en la instalación de la colonia, respaldando la tarea de los propios colonos en la construcción de sus viviendas, debe ser valorada a la hora de distribuir méritos en los comienzos de esta etapa importante de nuestra historia.

La primera limpieza del Río Negro

Una tarea fundamental para evitar el aislamiento de la Colonia fue la de permitir la  navegación del Río Negro hasta su desembocadura en el Paraná, librándolo de la vegetación acuática que se había acumulado como resultado de la creciente.

Esta tarea estuvo a cargo de una Comisión de Limpieza con el concurso del personal de la administración, peones contratados y de los propios colonos. Grandes embalsados formando verdaderas islas flotantes obstruyeron totalmente el curso del río impidiendo su navegación. Los trabajadores debieron emplear hachas, palas, machetones y sierras manuales para cortar en partes esta vegetación acumulada y poder remolcarlas hasta la boca del río.

Este trabajo demandó muchos días y fue muy arduo y penoso. Como lo relató el propio Administrador: “Los trabajadores estaban constantemente en el agua, sobre los camalotes, donde a cada paso se encontraban enormes serpientes de cascabel, de la cruz y otras.

Los peones se acobardaron y enfermaron de chucho muchas veces y tenía que reemplazarlos con otros.”… “Los trabajadores tenían que ir a dormir siempre a la Capilla (San Buenaventura del Monte Alto), por lo cual tenían que recorrer grandes distancias.” Estos trabajos fueron, según el Administrador, una de las operaciones más importantes  y difíciles que se habían realizado en la Colonia.

El comienzo de los trabajos agrícolas

Los colonos también debieron superar serios inconvenientes al iniciar el cultivo de la tierra. Las primeras semillas de hortalizas facilitadas por las autoridades eran de mala calidad y produjeron el fracaso de los primeros sembrados.

Las herramientas entregadas tampoco sirvieron de mucho, pues las hachas se inutilizaban al poco tiempo de ser usadas y los arados eran muy pesados y poco aptos para esos terrenos. Los animales suministrados procedían de Corrientes y estaban acostumbrados a trabajar según la modalidad criolla y no a la usanza europea conocida por los colonos. Éstos debieron asimilar rápidamente usos y costumbres que el medio les imponía.

El primer ensayo de arar la tierra virgen se hizo en la Chacra Nro. 5, propiedad del colono Girolamo Pérez, tarea que fue presenciada por los funcionarios de la Colonia y por los pobladores. Fue considerada satisfactoria pese a las dificultades que planteaban estos terrenos nunca trabajados y donde reinaba la maleza.

En cuanto a los arados distribuidos a los colonos, debieron ser armados en la propia colonia por los colonos Antonio Bizarro y Gotardo Lavia, quienes además de demostrar habilidad y conocimientos técnicos, recibieron una recompensa por su tarea.

Primeros frutos de la tierra chaqueña.

Hacia el mes de marzo de 1879 los ensayos efectuados en la siembra del trigo en pequeña escala habían dado buen resultado a tal punto que un colono ya tenía diez mil plantas de morera blanca. Además en las huertas y quintas se podían ver plantaciones de trigo de guinea, sorgo, alfalfa, papas, batatas, zapallos, porotos, sandías, melones, arvejas, habas, caña dulce, tabaco, mandioca, árboles frutales, verduras, algodón, parras, flores y hasta un colono se había animado al cultivo del café.

Esto revela la variedad de especies que admitían estos terrenos y que los primeros colonizadores advirtieron desde el principio las buenas posibilidades que ofrecía el algodón en esta zona, textil que en pocas décadas se convertiría en la principal riqueza agrícola del Chaco.

Los pobladores de la nueva colonia pudieron reemplazar las raciones de alimentos que les proveía la Administración en los primeros tiempos, con productos cultivados por ellos mismos, mejorando su dieta con alimentos frescos y logrando paulatinamente su autoabastecimiento.

La tierra del Chaco devolvía con creces el esforzado trabajo del colono agricultor, permitiéndole contribuir con su aporte al progreso de nuestro Chaco, peleando codo a codo a la adversidad y a las inclemencias con el peón y el bracero criollo, y con el obrero de las primeras fábricas que comenzaron a instalarse a fines del siglo XIX en los alrededores de Resistencia.

(El autor es Miembro de la Junta de Estudios Históricos del Chaco)