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Criptografía, seguridad para activistas y periodistas

La criptografía se define como el ámbito de las técnicas de cifrado o codificado destinadas a alterar los mensajes con el fin de hacerlos ininteligibles a receptores no autorizados. Las técnicas se utilizan hace siglos tanto en el arte (Leonardo) como en la ciencia (Galileo) con el único objetivo de conseguir la confidencialidad en la transmisión de los mensajes.

Por Ricardo Ambrosig

¿Y porque está hoy tan en boga el tema? Porque a diario se suman a internet miles de activistas de todas las causas imaginables que contactan a  periodistas e investigadores que desean mantener su correspondencia fuera de la vista, en especial aquellos que trabajan en condiciones de riesgo.

Tarjetas de claves para acceder a computadoras y sofisticados programas para enmascarar las comunicaciones digitales son el día a día de periodistas y sus fuentes y al establishment se le hace imperioso saber de qué se habla a sus espaldas.

Con las revelaciones de Edward Snowden lo que era una teoría es ahora una certeza, las agencias gubernamentales espían a los gobiernos y a las empresas en busca de ese intangible tesoro llamado ‘información’ que dará la ventaja estratégica en el campo de la economía, la política o -directamente- la guerra. Uno de los múltiples efectos que el caso Snowden tuvo sobre la ciudadanía es, sin duda, el incremento por la preocupación sobre la privacidad online y la seguridad informática en nuestro día a día.

Cada vez más personas utilizan software libre en sus sistemas de comunicación y navegan por la red de forma anónima. Sin embargo, “el cifrado personal es un poco como reciclar, hace sentir bien pero no sirve de mucho”, dicen los expertos.

Para espiar la comunicación entre un móvil GSM y su operadora basta con un modesto celular y un programa que cualquiera se descarga de Internet. Según el criptógrafo berlinés Karsten Nohl esas herramientas no sólo permiten escuchar conversaciones y leer SMS ajenos, sino incluso emular un teléfono y su tarjeta SIM.

En congresos y reuniones de expertos en el tema se dice que es imposible escapar al espionaje pero al menos con técnicas de criptografía se gana tiempo y se puede llegar a saber que los mensajes están siendo interceptados. Un emblema de esta certeza del espionaje gubernamental sobre los ciudadanos o los demás gobiernos es la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA).

El matemático y criptoanalista William Binney utiliza otro enfoque para navegar por ese mundo de investigación e informantes que quieren dar a conocer algo pero temen las represalias. Binney no utiliza la criptografía en su vida diaria. Si por ejemplo un periodista quiere comunicarse con él puede hacerle una simple llamada o enviarle un correo sin tener que previamente contar con un sistema de navegación cifrado.

Algunos lo consideran una obra maestra de la criptografía y otros piensan que se trata de una gran broma elaborada por algún monje de hace 500 años con mucho tiempo disponible pero lo cierto es que el manuscrito Voynich no pudo ser descrifrado ni por los algoritmos más sofisticados.

“Fui objetivo de la NSA, CIA, etcétera, durante al menos 12 años, dice, si me comunicara de forma cifrada con cualquier persona, esa persona pasaría automáticamente a estar en la categoría de ‘objetivos’ y no hago eso a la gente. Pero también hay otra razón, “todo lo que hago es de dominio público, así que si en algún momento quieren llevarme a juicio o acusarme de algo les fuerzo a ser honestos y si quieren llevarme ante un juez, tienen que justificar cuáles son los cargos por los cuales hicieron el esfuerzo de espiarme”, comenta.

Este veterano de la NSA tiene muy claro cuáles son las motivaciones que se ocultan tras esta cultura de recopilación de información de todo el mundo: Es simplemente “miedo a dejar de saber algo, por eso sienten que tienen que recopilar todo”. Así, una vez que tienen una sospecha sobre alguien “lo único que necesitan son los datos”.

El objetivo de ese espionaje indiscriminado es “desarrollar perfiles y grupos de perfiles, al igual que hace la publicidad”, pero en este caso para estipular patrones de comportamiento y poder anticiparse a potenciales actos delictivos.

 

La ley pyrague

En Paraguay hace pocos días se lleva a cabo una campaña en contra del proyecto del gobierno de controlar el tráfico de internet. Denominada la ley pyrague (traducido, delator o informante) el gobierno paraguayo quiere ordenar a los ISP a rastrear y almacenar los datos de tráficos de los IP durante 12 meses. Estos planes se hacen con el pretexto de combatir el terrorismo, pedofilia y narcotráfico, aunque se cuestiona que estas políticas obligatorias de retención de datos tratan a los ciudadanos como sospechosos con una constante e intrusiva vigilancia masiva. Además compromete el anonimato en línea, que es crucial para los investigadores, periodistas, movimientos sociales, oenegés de derechos humanos y todas aquellas que se dedican a la expresión política.

En el sitio web http://pyrawebs.tedic.org/ se puede recabar más información sobre el tema.