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Día del Inmigrante en Argentina

Museo de la Emigración Italiana

En 1861, luego de varios años de guerras dentro y fuera de la península, Italia logró su unidad nacional. A partir de ese año y hasta la Segunda Guerra Mundial, casi 30 millones de ciudadanos emigraron a países que les ofrecían mejores condiciones de vida: Estados Unidos (5,8 millones), Francia (4,4), Suiza (4,3), Argentina (3 millones), Alemania (3) y Brasil (1,5). Casi la mitad eran agricultores y se integraron a las comunidades de acogida aportando su trabajo y su cultura, su saber y sus costumbres, fundiéndose con los pueblos que los recibieron con los brazos abiertos.

Por Fabio Javier Echarri

El Museo de la Emigración Italiana de Roma cuenta parte de esa historia. Se habilitó el 23 de febrero de 2010 en el enorme edificio inaugurado en 1911 en la Piazza Venezia en honor al primer rey de Italia, Víctor Manuel II. Comparte el espacio con otras instituciones, y la más importante es el Museo del Resurgimiento Italiano, que ocupa el sitio central. Por lo tanto, fue relegado a un espacio menor. Su misión es adquirir, conservar, catalogar e investigar el patrimonio cultural de la emigración italiana con fines educativos. 

La Casa Museo Geraldi en Villa Elba.

Para gestionarlo, se creó un comité científico, presidido por el secretario de Estado encargado de las políticas relativas a los italianos en el Exterior y las Políticas de Migración. El comité está compuesto por el director de los Italianos en el Exterior y de Políticas de Migración y siete ‘expertos de reconocido prestigio’. El comité cuenta con amplias injerencias sobre la institución, lo que puede ser un limitante a la libertad de acción y a la autoridad del director,  encargado de ‘supervisar la organización y gestión del museo, y coordinar las cuestiones científicas, técnicas y administrativas’.

Las salas de exposición

El museo está organizado en 5 espacios de exposición. El primero se titula ‘Los orígenes de la emigración italiana’, y presenta un guión museográfico que muestra el movimiento emigratorio desde el siglo XVI hasta la década de 1860. El sector ‘La emigración masiva: 1876-1915’, toma el período de posguerra de unificación y organización del Estado hasta la Primera Guerra Mundial. Las crisis económicas, escasez de tierras productivas y falta de derechos civiles provocaron el mayor desplazamiento: 14 millones, la mayoría agricultores (hacia América) y trabajadores de pequeñas industrias (hacia Europa).

En la sala de ‘Emigración entre las dos guerras mundiales’ se describe la etapa de restricciones en el ingreso de inmigrantes, por ejemplo en Estados Unidos, lo que aumentó el movimiento hacia Europa donde se emplearon en fábricas y se dedicaron a actividades de servicios, como gastronomía o transporte. A los factores internos se agregaron los políticos; el advenimiento del fascismo hizo que algunos italianos abandonar su país y a otros por persecución ideológica.   

Otra sala está referida a la ‘La emigración después de la Segunda Guerra Mundial: 1946-1976’. Se orienta a testimoniar la dura realidad de una posguerra que diezmó la economía con la destrucción de la infraestructura y el cierre de puestos de trabajo, pero también la persecución a militantes políticos, tanto fascistas residuales como comunistas. El destino fue Argentina como en épocas anteriores, ya muy unida por lazos consanguíneos,  y se sumaron nuevos países: Venezuela, Canadá y Australia.

El último espacio es el de ‘Italianos en el mundo: 1977 hasta la actualidad’. Se presenta una emigración que ya no es masiva, pero no por eso deja de ser preocupante, pues hay un éxodo de individuos altamente cualificados hacia centros industriales que ofrecen mejores condiciones. Al mismo tiempo, Italia recibe inmigrantes de países donde la situación es peor, como Sudamérica o África. 

En todas las etapas hubo movimientos migratorios internos dentro de la península, abarcando la despoblación de zonas rurales y el hacinamiento en las grandes ciudades y centros fabriles.
El Museo de la Emigración Italiana fue realizado en mármol blanco, y está precedido de una gran escultura ecuestre del rey de Italia, Víctor Manuel II.

El espacio no es grande como mereciera un tema tan trascendente para la historia de Italia y los objetos son mínimos imprescindibles. Se observan documentos de emigración/inmigración, pasaportes, afiches propagandísticos, fotografías grupales e individuales, filmaciones que pasan en forma constante, publicaciones varias, etcétera. La puesta es correcta, agradable estéticamente y con una tenue pero buena iluminación. La información en los paneles es cuantiosa, de tal forma que agota la capacidad de lectura en un visitante común y corriente, que sólo busca ilustrarse y no profundizar en demasía. Por otra parte, sólo se presenta en idioma italiano, sin considerar que los descendientes de aquellos inmigrantes hablan inglés, francés o castellano.

Es de destacar que el museo cuenta con una sala de cine, y una importante biblioteca y archivo con datos de las familias, y está interconectado a otros museos y centros de documentación histórica sobre la temática que sirven como fuentes de información primera para un investigador.

 

En Argentina y el Chaco

Entre 1857 y 1880 la inmigración en la Argentina fue de lento crecimiento. Pero desde ese año el arribo de europeos se hizo más numeroso, teniendo picos muy importantes como el ocurrido entre 1887 y 1890, con 120 mil personas por año. A partir de 1904 y hasta 1914, hubo casi 150 mil inmigrantes anuales que totalizaron casi 1,5 millones. El censo nacional de 1914 arrojó sobre un total de 7.885.237 habitantes, 2.357.952 extranjeros, lo que representa casi el 30%.  Esos inmigrantes se concentraban fundamentalmente en Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. El grupo mayoritario correspondía a españoles e italianos con casi el 80% del total.

La ciudad de Resistencia fue fundada por inmigrantes italianos del Friuli el 27 de enero de 1878 para dedicarse fundamentalmente a la agricultura. El crecimiento poblacional en el Chaco fue lento en las últimas décadas del siglo XIX, pero luego fue en constante crecimiento. En 1895 había 10.422 habitantes;  en 1914, 46.274; en 1934, 214.160; en 1947, 400 mil y en 1986, 778.500.

En 1935 la cantidad de italianos era de 2.813, pero en este dato no se consigna a los hijos y nietos de los primeros contingentes. 

La importancia que tuvieron para el país fue trascendente, al punto que actualmente se calcula en 20 millones los argentinos con apellidos y/o sangre italiana. Sin embargo, es sorprendente que no exista un museo dedicado exclusivamente a la inmigración y la cultura italiana, siendo ésta una colectividad numerosa y activa, y que posee instituciones relevantes desde donde divulgan la lengua y la cultura itálica en el territorio nacional.

En Resistencia se restauró la antigua casa de Luis Geraldi y se inauguró como museo en mayo de 1999, con un acervo donado por familiares y otros hijos de inmigrantes, y elementos que pertenecieron al Museo del Hombre Chaqueño. En 2002 se declaró Patrimonio Cultural del Chaco y funcionó regularmente hasta 2007 a cargo de las profesoras Susana Geraldi e Inés Serezo. Algunas vicisitudes lo mantuvieron cerrado por algunos años, hasta que fue reabierto al público el 5 de marzo de 2014.

La Casa Geraldi es un sitio histórico que funciona como museo, con una cuidada exposición dentro de los escotados límites que le impone su reducido espacio. Creemos que la colectividad italiana del Chaco en general y Resistencia en particular, merece un museo acorde a la relevancia que reviste para la historia local, y no conformarse con lo que existe. Hay muchas historias que rescatar: familias, nombres, pioneros, descendientes, figuras relevantes, aspectos culturales ligados a sus regiones de origen y a su nueva tierra. Pero para ello creemos que es necesario crear un nuevo museo acorde a los tiempos actuales, en un todo de acuerdo con la Ley N° 6.201 de Museos del Chaco.