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El que no avanza, retrocede

Es una buena reflexión para no detener nunca el paso, por más lento que sea, siempre hay que ir hacia adelante. Detenernos no es mirar atrás, ya que si lo hacemos asumimos que es una acción que quizá incluso pueda ayudarnos a seguir con paso firme. No avanzar significa quedarse sin estímulos, proyectos, sin ganas de más.

Por Nuri Bendersky

Muchas personas llegan a una meseta en su vida, la cual es considerada a partir de los 50 años, cuando damos revisión de todo lo que pensábamos ser, lo que fuimos y lo que somos finalmente. Si el resultado de esta regla de tres simple no nos favorece, enseguida comenzamos con un estado de depresión, la cual al no ser tratada a tiempo puede terminar en patología. 

Para no caer en esta tendencia cada vez más común en nuestra sociedad, basta tener en cuenta ciertos tips que aumentarán la energía de continuar y con una fuerza mayor a la que teníamos antes de iniciar con las recomendaciones.

Lo primero que suele plantearse es comprender que la vida pasa, y que como una ruta con curvas y contra-curvas, siempre va hacia adelante. Si retrocedemos es porque algo nos olvidamos y esto nos hará retrasar en nuestro camino.

Avanzar en el desarrollo normal del día a día es planeado como manera de desarrollo en todos los niveles que atraviesa una persona. Desde la creatividad hasta la espiritualidad. Si no activo mis estímulos para mover un dedo, esa inactividad contagiará más inactividad. Por lo contrario cuando vemos una persona con las energías suficientes para encarar nuevos proyectos; desde hacer las compras para preparar el mejor almuerzo, como de iniciar clases de tango, natación, un grupo de fe…inmediatamente esta energía se contagia de cuerpo en cuerpo.

¿Qué significa no avanzar? Sucede muy a menudo cuando las personas no encuentran el motor que siempre condujo su vida para mantenerla en pie. Las razones para las cuales luchamos nos tiran para abajo y como fieles guerreros la lucha es intensa y ganará la que posiciones en mayor medida su fortaleza y sus convicciones.

¿Por qué retroceder? Porque cuando paramos, le estamos quitando tiempo de vida a otros. No comprender la sabiduría de los pasos a la hora de planificar y ejecutar, resquebraja nuestra sabiduría y la convierte en materia inflamable a la hora de estancamiento y relajación. Obedecer a una orden de quietud o de resignación, mata las neuronas e insensibilizan la capacidad de perdonar, de responder y de avanzar.

Retroceder por una inacción es más penable que hacer un paso hacia atrás, porque en ese caso hay una acción, y por lo tanto vida. Comprender que la sabiduría de quienes avanzan a paso lento pero seguro son aquellos que llegarán primero a sus objetivos.

Saber adaptarnos a nuevos cambios es una manera de hacer camino sabiendo que las metas son una excusa para mantenernos de pie. Cuando tenemos una meta bien definida, el esfuerzo para alcanzarla es invencible. Somos capaces de atravesar obstáculos y tempestades de todo tipo, porque la idea de supervivencia es el mayor estímulo para no decaer jamás. Si perdemos este estímulo, comprenderemos de qué estamos hechos.