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Historia del Cabildo de Buenos Aires

La celebración del 25 de mayo como aniversario de la Revolución de Mayo, tiene su representación paradigmática en la imagen del Cabildo de Buenos Aires. Desde pequeños los niños, ven en ese vetusto edificio un sinónimo de libertad, de autonomía, un símbolo de Patria en su más amplia dimensión. 

Recorreremos su historia, como la del monumento más significativo que recuerda la Gesta de Mayo.

Como institución

Los cabildos de las ciudades de la América española tienen su origen en una institución existente en Castilla, tomada a su vez de los romanos, que alcanzó su apogeo en España entre los siglos X y XII. Fue una de las primeras formas institucionales trasplantadas a América durante la conquista española, donde se arraigó durante siglos como firme baluarte de la vida municipal.

Precisamente, en líneas generales, era un cuerpo colegiado cuyas atribuciones, judiciales y políticas, eran muy semejantes a las que hoy tienen la municipalidades. Entre sus principales funciones administrativas estaban aquellas directamente relacionadas con el decoro, el abastecimiento de los habitantes, la seguridad pública, el contralor de precios, pesas y medidas y el progreso material e intelectual de la ciudad.

Se denominaba a su vez Cabildo Abierto a la reunión a la que concurrían, además de los miembros habituales, los vecinos y habitantes del lugar. Se lo convocaba en casos de real importancia o para resolver asuntos extraordinarios de interés común, que requerían el acuerdo de todos o de una gran parte de los pobladores.

El Cabildo de Buenos Aires fue creado poco después de ser fundada la ciudad por don Juan de Garay en el siglo XVI. En sus orígenes, celebraba sus reuniones en el domicilio de su autoridad máxima, el Alcalde, o en alguna dependencia de la casa del Gobernador.

El edificio

Al iniciarse el siglo XVII, se determinó la construcción del edificio propio lo que se haría en el lugar que le fuera asignado en el reparto de solares, que es el que hoy tiene, junto a la cárcel. La precariedad de los materiales utilizados hizo que cien años más tarde se resolviera edificar un nuevo local, de mejor calidad de acuerdo con los adelantos de la población. Luego de los trámites de rigor para procurar el dinero a utilizar, se obtuvo la autorización real para destinar los fondos necesarios.

En tanto se demolía el edificio primitivo, se alquiló una casa para el funcionamiento de la institución. El edificio construido en esa ocasión es el que podemos ver en la actualidad en uno de los costados de la Plaza de Mayo, aún cuando no responde a su forma original, pues fue modificado con el correr del tiempo por necesidades de la expansión de la ciudad.

Los planos conteniendo el proyecto fueron confeccionados por los arquitectos Andrés Blanqui y Juan Bautista Prímoli, religiosos de la Compañía de Jesús que intervinieron en la construcción de numerosas iglesias y edificios públicos del país. Luego de la aprobación de los mismos por parte del ingeniero militar, capitán Domingo Petrarca, los trabajos se iniciaron el 16 de julio de 1725, dirigidos por el Maestro de Obras Julián Preciado.

El edificio fue habilitado casi treinta años después. En ese momento no exhibía la torre, la que fue construida diez años más tarde por el Maestro de Obra José Antonio Ibáñez. Los sucesos de la Semana de Mayo encontraron así a este edificio En su ámbito se gestaron los sucesos más significativos que condujeron a la formación del Primer Gobierno Patrio. La Sala Capitular, ubicada en el primer piso se constituyó en el escenario de aquellas históricas deliberaciones.

Los pasillos fueron testigos del tumulto, provocado por algunos pobladores, exigiendo la constitución de la Junta. Por sus ventanas entró el clamor popular de la plaza, entonces denominada de la Victoria, en donde a pesar de la lluvia se hallaban expectantes otros vecinos, esperando el desenlace de los acontecimientos. Sus balcones fueron el escenario propicio para que los nuevos gobernantes saludaran luego al pueblo reunido. En calidad de institución el Cabildo continuó funcionando hasta 1821 año en que fue suprimido por una Ley sancionada por iniciativa de Bernardino Rivadavia.

Posteriores reformas y modificaciones

El primitivo edificio del Cabildo soportó modificaciones, agregados y mutilaciones con el transcurrir del tiempo. En 1861, la torre fue modificada en sus ventanas con motivo de colocar en ella un nuevo reloj, pues el que estaba en 1810 se había perdido. Diez años más tarde el edificio fue refaccionado, dejándolo en muy buenas condiciones y se agregaron dos pisos a la torre.

La construcción primitiva era mucho más ancha, cada mitad tenía cinco arcos en cada una de sus dos plantas y fue necesario reducirlos para posibilitar la apertura de las calles laterales. Cuando se construyó la Avenida de Mayo, en 1889 durante la intendencia de Torcuato de Alvear, fue preciso demoler tres arcos de la parte norte de la construcción y en 1931 se cortaron, en ochava, la misma cantidad de arcos del lado sur para abrir la diagonal Julio A. Roca.

También se realizaron modificaciones en la torre para volverla a su forma original y en los balcones. Con posterioridad el gobierno resolvió la restauración del edificio, tarea que estuvo a cargo del arquitecto Mario Buschiazzo,. Una Ley, la 11,688 de 1933, lo declaró Monumento Histórico Nacional y el 12 de octubre de 1940, al inaugurarse las obras concluidas, se lo pudo contemplar de la forma en que lo vemos en la actualidad.

Al crearse la Comisión Nacional de Museos y Lugares Históricos se le concedió el edificio para sede de la misma y se le encomendó la tarea de organizar del Museo del Cabildo y de la Revolución de Mayo, que hoy funciona allí. Con más de dos siglos y medio de antigüedad, el vetusto edificio ha presenciado la mayoría de los hechos políticos y sociales más significativos de la historia argentina de fines de la época hispánica y de todo el período independiente. Situado enfrente de la Casa Rosada, constituye hoy un símbolo que representa la vida toda del pueblo argentino.