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La historia a dedo de Laura y Juan

“Vivir viajando no es vivir de vacaciones”

La circunferencia de la Tierra es de 40.076 kilómetros. Laura Lazzarino y Juan Villarino hicieron 36.000 km a dedo, recorriendo Sudamérica: son viajeros y el movimiento es la forma de vida que encontraron en este mundo. A principios de marzo vinieron a presentar su libro, Caminos Invisibles, el resultado de esta travesía de amor y destinos, que comenzó en Resistencia en febrero de 2011.

Texto: Mónica Kreibohm

Fotos: Germán Pomar y gentileza Acróbatas del Camino

En una casa del pasaje Mármol me esperan Laura y Juan para desayunar. Están parando en la casa de otro amigo viajero, que los aloja en la ciudad y los ayuda con la campaña de difusión de la presentación de Caminos Invisibles. El libro fue la excusa para volver al punto donde comenzó todo: estos 18 meses de viaje por América del Sur sólo fueron el inicio de una historia de amor en mochila.
Calma. La belleza de Venezuela y su naturaleza es uno de los destinos de Caminos Invisibles.
Viajeros. Más que un estado, Laura y Juan toman el movimiento como su profesión y estilo de vida.
Bajo cero. La curiosidad por descubrir el mundo es más fuerte que los grados bajo cero al fin del mundo en la Antártida.
Medio mundo. Los viajeros en el justo medio del planeta Tierra.

Juan y Laura se conocieron en 2010 y desde allí no se separaron. Ya los unía la curiosidad por dar la vuelta al mundo, esa idea con que todos fantaseamos en las lecturas de Julio Verne o Jack London. Ellos convirtieron el viaje en su forma de vida y andan a dedo por el mundo, conociendo gente y derribando mitos. Uno los ve tan relajados, pero a la vez tan decididos y organizados, que la idea del hippie vagabundo se evapora en la imaginación.

¿Por qué vivir viajando?

Laura: Vivir viajando no es vivir de vacaciones. Esto es algo que tratamos de aclararlo siempre. Mientras viajamos, tenemos una vida normal en el sentido de que estamos preocupados por cosas muy similares a las que estaríamos preocupados si estaríamos acá. Qué vamos a comer, dónde vamos a dormir, tenemos que trabajar un poco con la computadora, a uno le agarra ganas de no hacer nada, quiero tirarme a leer en la cama, a ver una película. No estás todo el tiempo con la adrenalina allá arriba. Estamos viviendo y trabajando, pero de una forma distinta.

Juan: Hay que entender que en las vacaciones uno está en una forma de viajar pasiva porque vas a que te atiendan, no vas a descubrir nada y se entienden las vacaciones en contraposición al tiempo en que estás trabajando. En cambio, viajar es algo activo, vas buscando algo: tenés una idea, un propósito y es en sí mismo, no se define en relación al tiempo en que no estás trabajando. Viajar es un estado constante de movimiento. Es similar al sentido de la palabra nómada. Hasta te diría que el único punto en común que tienen esta forma de viajar y las vacaciones es que el lugar al que llegas no es tu casa.

¿Por qué viajar a dedo?

L: Justamente la idea de viajar a dedo, contrariamente a lo que mucha gente piensa no se relaciona directamente con algo económico, no viajamos a dedo por falta de dinero, sino que es la manera que nosotros tenemos de insertarnos en la sociedad. Por ejemplo, llegas acá a Resistencia junto con un maestro y seguramente va a tener algo para contarte y vas a entrar a la ciudad de una manera diferente y eso te puede ayudar a conocer otras cosas que están fuera de la ruta turística tradicional. De alguna esa forma de viajar del turista, de bajarte en la terminal e ir a tu hotel, es como seguir sin saber en dónde estás.

J: Ir a dedo es como hacer espionaje porque viajás con personas de esa cultura nueva que pueden ser de cualquier profesión o creencias. Hemos viajado con budistas, boxeadores, con peluqueros de mascotas o gente que su trabajo era lanzar bombas atómicas. El ir a dedo te da mucha autonomía, a diferencia de lo que muchos piensan, es por eso que en el último viaje nosotros hicimos esos 36.000 en Sudamérica así, lo que nos permitió ir y venir.

Aunque uno no crea, Laura y Juan viven de los libros que venden, además de la venta de sus fotografías, convertidas en postales artesanales. Gastan un promedio de 8 dólares al día para comer y que lo necesiten. No cuentan en este cálculo la movilidad porque van a dedo y el alojamiento lo tienen en su carpa o en casa de gente que los invite. Ambos coinciden en que comer fuera de nuestro país es terriblemente barato y la clave de su economía personal es la administración.

Cada tanto se dan alguno que otro lujo, como el que les permite una revista mexicana para la que trabaja Laura y que los invita a hoteles y restaurantes para hacer las reseñas. Cada vez que pueden, recurren al intercambio para obtener lo que necesitan: prefieren usar lo menos posible el dinero.

Uno se aventuraría a pensar que son insensatos porque prescinden de la seguridad y la estabilidad de lo conocido por un mundo abierto de incertidumbres y sorpresas. Unos pocos se atreven a pensar que es un modo de vida distinto, lleno de incertidumbre, pero también de recompensas.

¿Qué aprendés del constante movimiento?

L: Para mí es la satisfacción personal de haberlo logrado. Es como darse cuenta que uno tiene una sola vida que es ésta y tiene la posibilidad de vivirla como quiere y de lo que le hace feliz. No todos tienen esta suerte y nosotros estamos agradecidos de tenerla porque podemos vivir para viajar. Entre las otras alegrías, está el ejercicio de imaginar los lugares que conoceremos; los amigos que aún no saben que son nuestros amigos por no los hemos conocido todavía. Y también la inmensa alegría de decir que este es mi trabajo, amo vivir así y lo logré a costa de romper paradigmas y tomar riesgos.

Y la angustia que no los abandona...

L: Mi mayor miedo es que no estén más lo que estaban cuando uno se fue. Con esto me refiero a mi familia y amigos. Por ejemplo, mi abuelo tiene 80 y pico de años y siempre me dice que capaz que cuando vuelva él ya no esté; y eso es durísimo. Cuando viajás por mucho tiempo aprendes a confiar en vos mismo porque hay que tomar decisiones todo el tiempo, hay que resolver situaciones todo el tiempo.

J: Para mí, la inquietud que me agarra es cuando no estoy viajando. Extraño viajar y no puedo estar más de seis meses quieto. Necesito estar viajando. La estabilidad y el confort me hacen sentir prisionero: necesito esa incertidumbre de no saber dónde acampar o con qué me encontraré. Lo más difícil para nosotros dos es decidirnos en cuanto al destino. Desde que volvimos hace un año y medio a hoy, cambiamos como cinco o seis veces. Lo siguiente fue investigar las cuestiones climáticas, de visa, cuántos días te dan, cuáles son los países abiertos.

Cuando Laura leyó el primer libro de Juan, Vagabundeando por el Eje del Mal, sintió que hablaban el mismo idioma y decidió escribirle un mail. Ese fue el inicio de todo y hoy están por emprender un nuevo viaje. A mediados de abril van a tomar un vuelo a Europa y después de recorrer Italia, Alemania e Islandia, van a tomar el tren transiberiano hasta Mongolia. En Asia Central recorrerán Tayikistán; Uzbekistán; Kazajistán: Kirguistán y Turkmenistán.

El concepto de este viaje es unir el neonomadismo europeo con el nomadismo ancestral de las caravanas, de la gente que todavía vive en yurtas, en carpas y en tiendas, que es el modo de vida de muchas personas del Asia Central en las zonas rurales.

El periplo durará poco más de un año, dependiendo de cuánto los desvíe de su ruta el dedo y cuántas personas le abran sus corazones y casas. La idea es unir Islandia, como el punto más occidental, y Mongolia, como el más oriental. En línea recta sería aproximadamente unos 14.000 kilómetros, ida y vuelta, pero cuando la brújula es el dedo es difícil hacer este cálculo.

Nuestro encuentro termina, pero un nuevo recorrido recién se inicia para Juan y Laura. Villarino explica lo que están haciendo socialmente y la idea conmueve: “A mí me gusta decir que somos periodistas de paz, por oposición a los corresponsales de guerra, porque en vez de mostrar fotos de un conflicto bélico, vamos contando y mostrando la vida de la gente que conocemos, que es bien distinta en cada lugar”.