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Isla Santa Rosa: Producción para autoconsumo

(Textos: Leticia Muñoz - Fotos: Germán Pomar)Batata, mandioca y maíz son los principales cultivos que hacen los isleños. Aunque hay más diversidad: cebolla de verdeo, tomates, zapallo, limones, ananá, bananas. También tienen ganado menor (cerdos y chivos), aves de corral y algunos hacen apicultura en baja escala.

José Adolfo Bosoms tiene 56 años y, al igual que Leonor, toda una vida en la isla. “Trabajábamos con cuatro chanchas madres y un padrillo. Teníamos más de cien gallinas criollas. Pero con la creciente nos fundimos y no nos recuperamos más”, recuerda.

José Bosoms y su hijo, Alejandro apuestan a las sementeras rápidas. Antes tenían ganado menor, pero hace tiempo que redujeron al mínimo la actividad en la chacra.
El arado de mancera es la principal herramienta para trabajar la tierra en la chacra de los Bosoms.
Además de las producciones de hortalizas y tubérculos, en la isla también se cultivan algunas frutas, como bananas y ananás.

En la chacra, que ocupa dos hectáreas, tiene también algunos tubérculos. “Sembramos sementeras rápidas como zapallo coreanito, calabaza, batata y mandioca”, enumera. La campaña anterior no anduvo nada bien.

“Este año vino mucho calor y se nos fundieron varias plantaciones. Pudimos levantar muy poco”, revela. La producción generada ahí se destina más para consumo de la familia que para la venta. “Él no tiene trabajo y está continuamente acá. Tenemos unos caballos para arar y un arado de mancera”, cuenta José, al referirse a su hijo Alejandro.

Son tres los caballos que tienen en el lugar, porque uno murió hace poco. “También nos robaron una potranca. No únicamente en la ciudad hay robos. Acá también pasan esas cosas”, señala el hombre.

En el lugar, todo parece haberse detenido en el tiempo: herramientas de antaño, métodos productivos de otras épocas, un rancho de madera y adobe, unos cuantos bidones para guardar agua “buena”, y corrales vacíos. José y su familia viven en Puerto Vilelas. “Yo soy criado en la isla, pero no nací acá”, aclara.

Es poco lo que se gana pero es continuo. Lo que tenemos acá es para pasar el tiempo y también porque me gusta trabajar la tierra

   Es padre de siete hijos, de un primer matrimonio, y tras enviudar rehízo su vida junto a su actual compañera. Junto a su padre, José trabajaba en una chacra de cinco hectáreas ubicada “más arriba” de la sede de Prefectura.Pero a los 18 años consiguió trabajo en la ciudad y se radicó ahí. Igual, siempre siguió al frente de la producción en distintas chacras que tuvo en la isla. En la que ocupa desde hace quince años, hay una parte pequeña de terreno preparado para hacer maíz o coreanitos. “Si llega a helar temprano, no influye mucho en pérdidas”, asegura.
Canoas con remos, el principal medio de transporte de los isleños para atravesar el riacho Barranqueras, que los separa de los centros urbanos cercanos.
En su chacra, Leonor produce hortalizas, tubérculos y algo de maíz. Tiene además un jardín colorido y un gallinero con una veintena de ponedoras.
La isla Santa Rosa está ubicada frente al complejo portuario Barranqueras-Puerto Vilelas, donde se emplazan además las terminales de combustibles y los silos de las agroexportadoras.

Batata, mandioca, zapallo, calabaza son los cultivos que hace. “No tenemos nada de verduras porque hay que limpiar todos los días”, fundamenta. Es que su actividad principal es como empleado de una carpintería en Puerto Vilelas. “Es poco lo que se gana pero es continuo. Lo que tenemos acá es para pasar el tiempo y también porque me gusta trabajar la tierra”, destaca. “La chacra es una lotería. Hay muchas contras”, define José, y habla de las contingencias que deben afrontar los cultivos sembrados, desde ataques de aves hasta las crecidas del río.

Tranquilidad y aire fresco

La historia de Leonor Godoy es bastante diferente. Tiene 63 años y desde que tiene memoria siempre habitó en el mismo lugar. Fue su marido (fallecido hace cinco años), el que levantó la casa donde reside actualmente en la isla: una estructura modesta, rodeada por una huerta, el gallinero y las tierras dedicadas al maíz.

Allí, en la vivienda, se destaca un viejo freezer que llena con hielo y le sirve para conservar alimentos, pese a no funcionar por la falta de electricidad. “Antes estábamos más adentro, pero después nos vinimos más hacia la costa”, relata.

“Siempre trabajamos la tierra. Producimos para consumir nosotros. Yo los ayudo a los muchachos (sus hijos)”, acota. Tiene seis: cuatro varones y dos mujeres. El mayor tiene 47 años y el menor, 35. Y es abuela de seis nietos.

“Todos los domingos vienen a verme. Son una alegría. Siempre les digo que voy a estar acá en la isla hasta que Dios me dé fuerzas”, subraya, y agrega: “Mi alegría es estar acá, con tranquilidad y viento fresco”. Ahí los tiempos son diferentes a los que tiene la gran ciudad.

Con constancia pero sin apuros, Leonor trabaja su huerta, dedica tiempo a sus perros (son al menos siete, y varios con características de guardianes), poda sus árboles y arregla las plantas del jardín, cocina y se ocupa de la casa.

“La salud me acompaña. Tomo una pastilla para la presión, pero estoy sana. Y mientras esté así, no puedo estar quieta”, asegura. En la isla, la cocina es también un arte: “¿No sé si les gusta la tortilla de verdeo? ¿O las marineras?”, preguntó Leonor al equipo de NORTE.

Es que son esas sus especialidades, con las que deleita a su nutrida familia cada fin de semana, cuando todos llegan a la chacra para visitarla. “A mis nietos les cocino guiso de gallina, y ellos me dicen `abuela, vos cocinás muy rico’”, comenta.

Sin servicios

Pese a eventuales promesas hechas por gobiernos de distinto signo político, la isla Santa Rosa no cuenta con los servicios básicos de electricidad, agua potable y cloacas. “Siempre cuando hay elecciones vienen y prometen poner luz.

Pero después muere todo”, grafica José Bosoms. “Juntamos agua de lluvia. Y cuando podemos, compramos para tomar y para cocinar”, cuenta Leonor, y valora las lluvias de este verano, que fueron buenas. “Ahora el agua del río está muy sucia. Seis meses está limpio, y otros seis meses, sucio”, revela.

Marca así uno de los cambios que nota en los últimos tiempos: la erosión de las barrancas. “Antes teníamos que hacer escaleras para subir, de lo alta que era la barranca. Ahora es todo llano. Cambió mucho todo esto”, contrasta, señalando el paisaje.

José tiene también algo para decir: “El río se hizo más angosto y menos profundo. Antes, si queríamos cruzar con la balsa a vapor, teníamos que hacer 40 o 50 metros para salir enfrente, porque la corriente nos bajaba. Ahora, para salir más arriba, hay que ir derecho nomás porque el agua no corre”, relata.

Al buscar razones de estos cambios evidentes, opina que se hicieron “malos trabajos” de dragado y también faltó mantenimiento. “Desde la Junta de Granos para acá, el río no está ni la mitad de lo que era. Se angostó demasiado”, describe.

De las modificaciones que sufrió el paisaje fluvial, José resalta los cambios tras la construcción del puente inteprovincial Chaco-Corrientes. “Antes no había la cantidad de bancos (de arena) que hay hoy. Antes era todo río”, concluye.

El río se hizo más angosto y menos profundo. Antes, si queríamos cruzar con la balsa a vapor, teníamos que hacer 40 o 50 metros para salir enfrente, porque la corriente nos bajaba. Ahora, para salir más arriba, hay que ir derecho nomás porque el agua no corre

La asistencia

“El gobierno ayuda, pero pasa por muchas manos y llega todo manoseado lo poco que llega”, describe José Bosoms. Así se refiere a la asistencia que reciben los isleños, para producir o para subsistir. Recuerda que hace varios años elaboró un proyecto para comprar una rastra, destinada a trabajar la tierra.

“Me lo aprobaron pero nunca llegó (la herramienta)”, asegura. Explica además que es mejor la producción con semillas de las propias chacras y no con sementeras entregadas por distintos programas oficiales, ya que “la clase” no es adecuada para el tipo de tierras y las condiciones particulares del lugar.

Preparan relavamiento

El ministro de Desarrollo Social de la provincia, Roberto Lugo, adelantó que está en carpeta una visita y relevamiento en la isla Santa Rosa, sobre todo para llevar operativos de DNI, y una intervención directa para conocer las necesidades de los habitantes, entre las que también se cuenta además la normalización dominial de los terrenos que ocupan las chacras.

En ese orden, el funcionario provincial explicó la forma de organización de la ayuda social distribuida en la provincia, que se canaliza a través de los municipios y son éstos los que definen la llegada a los destinatarios, incluso los que viven en parajes o islas que forman parte de cada jurisdicción. Esa es la metodología comúnmente utilizada, aunque en algunas situaciones particulares la asistencia llega en forma directa

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