Temas de hoy: Elecciones provinciales 2019 Liga Argentina de Básquet Ecuador Selección Argentina bienestar digital
Para ver esta nota en internet ingrese a: http://www.diarionorte.com/a/103626
Contracara del desarrollo metropolitano

Isla Santa Rosa, despoblada y olvidada

(Textos: Leticia Muñoz - Fotos: Germán Pomar ) - Ubicada justo frente al puerto de Barranqueras, nunca logró la anhelada integración con la ciudad, ni la llegada de los servicios básicos como luz y agua potable. Son cada vez menos los habitantes permanentes en la inmensidad de ese paisaje y pese a la productividad de sus suelos. Las nuevas generaciones prefieren la ciudad.

“Antes había más gente. Ahora ya no somos tantos”. La comparación sale de boca de Leonor Godoy, una de las más antiguas habitantes de la isla Santa Rosa, un territorio de 5.339 hectáreas que se extiende frente al puerto de Barranqueras, delimitado por el brazo principal del río Paraná, el riacho Barranqueras y el riacho que lo separa de la isla Chouí.

Los antiguos pobladores recuerdan que en la isla llegaron a censarse 900 habitantes.

“Hasta que Dios me dé fuerzas, voy a seguir viviendo acá”, asegura convencida-, esta abuela de 63 años. José Adolfo Bosoms ratifica los dichos de la mujer y pone números a la realidad. Según cuenta, hoy no quedan más de 70 chacras con cierta actividad.

Están dispersas a lo largo de la costa occidental, sobre el riacho Barranqueras. Hace dos décadas, eran poco más de 900 personas las residentes en forma permanente en la isla; pero ahora son pocos los que quedan, y predominan los antiguos pobladores, ya que las nuevas generaciones se establecieron en las ciudades del área Metropolitana.

Hasta que Dios me dé fuerzas, voy a seguir viviendo acá

Es conocido y valorado el potencial productivo de la isla, aunque buena parte de la migración de su población se produjo por las crecientes que destruyeron plantaciones y chacras. Y también por la carencia de programas productivos sustentables en el tiempo, que ofrecieran oportunidades y alentaran la permanencia en el lugar.

Si bien llegar es fácil (sólo hay que cruzar el riacho Barranqueras), las distancias con el desarrollo urbano de las ciudades metropolitanas son abismales. Es que, pese a los esfuerzos de los productores isleños, sus métodos para trabajar la tierra nunca lograron aggiornarse: todavía predominan los arados de mancera tirados por animales, y los saberes ancestrales, heredados de generación en generación.

Dicen los pobladores más antiguos que la inundación del ’83 “corrió a muchos”. “No quedó ni la cuarta parte de la gente”, afirma José, y agrega más datos: “En toda la línea de costa había varias familias estables.

Leonor Godoy tiene 63 años y vive en la isla desde que tiene memoria. “Antes había más gente. Ahora ya no somos tantos”, asegura.

Pero muchos ya murieron y los hijos se fueron. Comparando con tres décadas atrás, ahora no queda ni la mitad”. El hombre, con uno de sus siete hijos, ocupa una chacra en el último terreno habitable de la isla, en la costa occidental, la menos inundable. Allí se establecieron en 1999.

“Los que quieran vivir acá, deben tener su canoa y eso hoy cuesta bastante”, comenta Leonor, quien reconoce que son pocas las veces que visita la ciudad. Últimamente, sólo para algún chequeo médico.

Cada vez que cruza el riacho para llegar a Barranqueras, lo hace en la canoa “Santa Rosa”, una de las tres amarradas en la costa de la chacra donde vive. “En la última crecida importante que me acuerdo, nosotros no salimos”, repasa la mujer, y recuerda que en una parte del terreno “había piso alto”, entonces “nos quedamos todos ahí”.

De menor impacto fue la creciente del Paraná en 2013. Ahí, el agua llegó hasta una pequeña canchita de fútbol que tiene la chacra, en la parte posterior a la vivienda. “Tuvimos que sacar la mandioca para que no se funda”, señala.

“El agua vino de golpe. Y fueron pocos días. Acá los muchachos tuvieron que salir nadando con los caballos”, revive Leonor, con un tono que refleja aquella angustia por el avance de las aguas. Así, reconoce que no siempre sus hijos pueden asistirla en estas circunstancias, ya que tienen sus actividades y no viven en la isla.

También te puede interesar