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La trinidad imposible

Un instrumento de análisis de política económica

Por Víctor Ruiz Díaz, AFC - Este modelo permite fundamentar la imposibilidad práctica de sostener simultáneamente los tres objetivos de política económica siguientes: un tipo de cambio fijo, libre flujo de capitales y una política monetaria autónoma. En la Argentina de hoy sus observaciones mantienen la misma vigencia que confirmó la validez de su desarrollo inicial durante los años de gobiernos -civiles tanto como militares- que, cada uno en su momento, gozaron de una alta concentración de poder.

Surgidos como una curiosidad teórica derivada de una ampliación de otra construcción modélica (conocida en ámbitos académicos como IS-LM) por parte de Robert Mundell (1963) y Marcus Fleming (1962), los conceptos de ‘la trinidad imposible‘ recibieron su confirmación empírica directamente de los fracasos de las políticas económicas que en las décadas posteriores persiguieron ilusoriamente los tres objetivos al mismo tiempo. 


Como toda contribución teórica, el modelo parte de algunos supuestos y cualquier modificación de éstos altera sus resultados. Ha sido blanco también de algunas críticas (en 2005 un autor mexicano -Daniel Velázquez Orihuela- le atribuyó cierta inconsistencia con la teoría de los precios en su versión neoclásica) pero ya desde los ’80 sus núcleos conceptuales pasaron a ser seriamente considerados como verdaderos fundamentos macroeconómicos en una economía abierta. 
En la Argentina actual, resulta sorprendente revisar la realidad de los últimos días bajo la luz de sus predicados (por no dedicarle una mirada a todo el decenio que ha desembocado en este escenario). 
Inclusive, en el mundo contemporáneo y aun en el pasado reciente, hay ejemplos a la vista de países que han elegido uno de los lados del triángulo y el derrotero seguido por la evolución de sus respectivas economías puede visualizarse hoy mismo, sin necesidad de emprender una suerte de pesquisa histórica. 
Argentina ha elegido un camino intermedio: un Tipo de Cambio Administrado y por esta singularidad, aparentemente (sólo aparentemente), no cabe en el esquema condensado en el cuadro pero no escapa de sus corolarios cuando ‘fija‘ una paridad peso/dólar, por ejemplo, o cuando acelera la emisión monetaria o cuando regula las tasas de interés (por vía de la Badlar que sirve como tasa de referencia en su sistema financiero). El régimen cambiario de ‘flotación administrada‘ adoptado por Argentina, en el fondo, se comporta como si fuera un tipo de cambio fijo porque representa la cantidad de moneda propia que el Estado argentino se declara dispuesto a pagar por cada unidad de moneda extranjera, tal como sucede en un régimen cambiario rígido (en lugar de permitir que la paridad ‘flote‘ libremente).
La novedad adoptada por Argentina atrae ciertas consecuencias, tan indeseadas como inevitables: cuando por arrastre de una desfase entre el tipo de cambio ‘oficial‘ y las realidades de la economía comienza a surgir una creciente distancia entre la paridad admitida por el Estado (y sostenida mediante intervenciones en el mercado de divisas, al costo de una riesgosa sangría de reservas de su Banco Central), el poder político por lo general busca en algún momento escapar de su propia trampa. Y la única salida racional pasa por sincerar abruptamente la relación cambiaria mediante una corrección súbita -súbita, sí, pero como parte de un programa completo- que afecta el nivel de precios, el nivel de actividad, el nivel de los salarios, el tipo de cambio nuevamente (por forzosas actualizaciones periódicas) y, fundamentalmente, la credibilidad del poder administrador (sin dudas, la credibilidad es su principal capital y, por eso mismo, el que más debiera cuidar).
Pero Argentina siempre está en un momento de transición (pareciera ser su estado permanente) hacia algún elusivo, utópico y ucrónico puerto de destino. Desde esa perspectiva, su política económica actual depende de los consensos que logre reunir (y mantener) de cara al futuro.
Corresponde aclarar que el tema aquí no es ni la política económica argentina ni sus estrategias (en última instancia las políticas se miden por sus aciertos o desaciertos y las estrategias se evalúan por sus resultados, además de por su adecuación a sus respectivos objetivos). El caso argentino ha sido incidentalmente mencionado en esta circunstancia tan sólo por ese lábil lugar que le resulta pertinente en las explicaciones -incluso con valor predictivo, reiteradamente demostrado- del modelo Mundell-Fleming.
Para una mejor comprensión de los razonamientos involucrados en el modelo Mundell-Fleming, éstos se resumen en el cuadro siguiente bajo dos escenarios distintos: uno con Tipo de Cambio Flexible y otro con Tipo de Cambio Fijo.

(*) El autor es Asesor Financiero Certificado por el IEAF, Instituto Español de Analistas Financieros