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En el nuevo contexto climático, se plantean reajustes en los esquemas productivos del NEA

Desde mediados de la década de 2.000 se instaló una fase seca que amenaza profundizarse. En las zonas donde el régimen de precipitaciones es primavero - estival, como el NOA y el NEA, se acortó la duración de la temporada de lluvias, que empezaron más tarde y terminaron más temprano. Como consecuencia, las áreas marginales perdieron gran parte de la aptitud agrícola que habían ganado durante la fase húmeda precedente.

Así lo describe un informe elaborado por el especialista en Agroclimatología, Eduardo Sierra, publicado en una reciente edición de la Revista CREA. Allí, tras narrar los profundos cambios que experimenta el clima en las últimas décadas, el experto resalta la necesidad de hacer replanteos en el esquema productivo, ya que el actual está dando muestras de no adaptarse al cambio que se encuentra en marcha.

“Es urgente efectuar un análisis de sus debilidades frente al desarrollo de una nueva fase seca y llevar a cabo las adecuaciones y los desarrollos tecnológicos necesarios para restablecer su capacidad de producción sustentable”, resalta Sierra al referirse al esquema de producción.

En este sentido, se necesita, en primer lugar, trazar un cuadro preciso y detallado de ese cambio. La primera tarea es actualizar y sistematizar los conocimientos fragmentarios que poseemos actualmente mediante la confección de un “Atlas de cambio climático del área agrícola nacional”. A partir de esa base se podrán encarar con fundamento una serie de tareas. Sin que el listado que se presenta a continuación pretenda ser exhaustivo dice Sierra- he aquí algunos de los aspectos que resulta necesario revisar y ajustar, desarrollando la tecnología necesaria para que ello sea posible.

-Genética: desarrollar cultivares de granos y pasturas eficientes en el uso del agua, a fin de mejorar su rendimiento en condiciones de déficit hídrico. Promover las variedades de ciclo corto que se adecuen a la menor duración de la temporada de lluvias.

-Épocas de siembra y dobles cultivos: revisar la práctica de siembras muy tempranas y los dobles cultivos, ya que las condiciones de la fase seca los exponen a las heladas y a la disminución de las lluvias.

-Rotación: considerar la posibilidad de restablecer la rotación agrícola-ganadera, ya que la rotación exclusivamente agrícola que se encuentra en vigencia es cada vez más vulnerable a la acción climática. Esta modalidad presentaría la ventaja adicional de proveer una capacidad de recuperación natural de la fertilidad.

-Sistemas de labranza: si bien el sistema de siembra directa vigente presenta buena adaptación al nuevo ambiente, sería conveniente considerar la posibilidad de incrementar su adaptación, volviendo a introducir recursos como los sistemas lister y semilister.

-Manejo de suelos: dado que se observan voladuras en rastrojos de campos manejados con siembra directa, sería conveniente estudiar la posibilidad de generar una mejor cobertura durante el lapso en que no están cubiertos por los cultivos.

-Cadena forrajera: es necesario volver a disponer de reservas para hacer frente a interrupciones prolongadas de la cadena forrajera.

-Combate contra adversidades climáticas, como granizo, vientos y heladas: es urgente mejorarlo y ampliarlo a fin de hacer frente a los crecientes impactos que se están observando.

-Combate de incendios forestales y de campos: es urgente mejorar la capacidad para prevenir este tipo de adversidades.

-Sistema de cosecha, acondicionamiento, almacenaje y transporte: se debe mejorar la eficiencia y reducir costos.

-Sistema de comercialización: debe ser revisado a fin de mejorar su capacidad de cobertura y darle mayor flexibilidad.

-Sistema de previsión y pronóstico de adversidades climáticas: debe ser ampliado y mejorado para que pueda cumplir sus funciones en el nuevo escenario climático.

-Seguros y otros instrumentos financieros: es necesario fortalecer el sistema a fin de que pueda brindar coberturas adecuadas en el ambiente riguroso en que se ha instalado.

-Régimen de emergencia y desastre agropecuario: es necesario revisarlo y darle flexibilidad a fin de que se adecue al nuevo escenario climático.

Tras esa enumeración, Sierra resalta que es necesario impulsar todos estos cambios “con celeridad, para que nos ubiquemos delante y no detrás de los hechos”. “Un gramo de prevención evita más daños que una tonelada de remediación”, reflexiona.

El cambio, la única constante

Explica el experto que, en la naturaleza, la única constante es el cambio, que modifica el ambiente haciéndolo pasar de un estado a otro. Estas modificaciones pueden ser rápidas o de alta frecuencia. En este caso, el estado del sistema climático oscila alrededor de su nivel medio, pasando alternativamente de desvíos negativos a desvíos positivos, constituyendo lo que se denomina variabilidad del clima.

Cuando los cambios son lentos y persistentes, o de baja frecuencia, alteran el nivel medio del sistema climático y reciben la denominación de cambio en el estado medio del clima, que a menudo se abrevia como cambio climático.Las alteraciones en la variabilidad son tan importantes como las que afectan al estado medio del clima. Por lo tanto, debe recordarse que los cambios del clima pueden afectar tanto a su estado medio como a su variabilidad.

En lo que refiere a la variabilidad climática, el clima del área agrícola nacional está fuertemente modulado por el fenómeno El Niño Oscilación Sur (ENSO, por su sigla en inglés), que produce grandes diferencias en el comportamiento de las distintas campañas agrícolas.

El ENSO está ligado a una oscilación anual que afecta la velocidad de los vientos alisios, que dan la vuelta al mundo alrededor del Ecuador afectando el clima global. El ciclo de vida de este fenómeno es de aproximadamente un año; comienza en abril y termina en marzo del año siguiente, presentando tres fases bien diferenciadas:

-Neutral: es la fase no perturbada, en la cual el clima se mantiene cerca de su valor medio.

-El Niño: se encuentra ligado a una disminución de la velocidad de los vientos alisios, que provoca que el océano Pacífico Ecuatorial desarrolle un área con aguas más calientes de lo normal frente a las costas de Ecuador y Perú, lo cual permite identificar el inicio del fenómeno.

Cuando esto ocurre, la Mesopotamia, el este de la región chaqueña, el este de Santiago del Estero, Córdoba y La Pampa, y la mayor parte de Buenos Aires observan lluvias superiores a lo normal y un régimen térmico benigno, con riesgo de heladas moderado a bajo y temperaturas medias.

Por el contrario, Jujuy, Salta, el oeste de Santiago del Estero, Tucumán, oeste y centro de Córdoba, San Luis y oeste de La Pampa registran precipitaciones inferiores a lo normal y un régimen térmico riguroso, con calores intensos y mayor riesgo de heladas. Paralelamente, se producen abundantes nevadas en la cordillera, lo que incrementa la disponibilidad de agua para riego.

-La Niña: ocurre cuando los alisios incrementan su velocidad por encima de lo normal, haciendo que el océano Pacífico Ecuatorial muestre un área con aguas frías frente a las costas de Ecuador y Perú. Las anomalías climáticas se invierten con respecto a El Niño, dando lugar a buenas condiciones en el oeste del área agrícola, perjudicando el este. Son temporadas de pocas nevadas, lo cual reduce el caudal de los ríos cordilleranos.

El ENSO posee una notable capacidad predictiva, porque a partir de abril de un año empieza a dar señales de cómo puede ser la temporada que se extenderá hasta marzo del año siguiente, lo cual le ha conferido una gran popularidad como herramienta de planificación y comercialización. Durante los últimos años, la frecuencia e intensidad de los episodios de La Niña se incrementó considerablemente, provocando impactos de consideración.

Estado medio del clima

Desde que en 1886 Florentino Ameghino publicara su famosa obra Las inundaciones y las secas en la provincia de Buenos Aires, comenz ó a perfilarse la noción de que el área agrícola nacional está sujeta a un ciclo periódico durante el cual atraviesa fases positivas y negativas.

A partir de esta base, el fenómeno fue estudiado, surgiendo un modelo de ciclo que puede describirse en los siguientes términos:

Fase húmeda. Los vientos cálidos y húmedos procedentes del trópico incrementan su penetración hacia el interior del área agrícola, al tiempo que se reduce la intensidad de los procedentes del oeste, secos y fríos.

Las precipitaciones aumentan al tiempo que se reduce su variabilidad. Son lluvias de tipo frontal, bien distribuidas, de intensidad moderada y se producen con regularidad. Las zonas marginales del NOA, Cuyo, oeste del Chaco y oeste de la región pampeana adquieren capacidad agrícola.

El régimen térmico se torna más benigno, aumentando el período libre de heladas y disminuyendo la intensidad de las heladas invernales. Los calores estivales se moderan. Se reduce el riesgo de tormentas severas con granizo, vientos y aguaceros torrenciales.

Como contrapartida, se incrementa el área de las lagunas pampeanas, anegando grandes extensiones de campos bajos, y aumenta la frecuencia de crecidas de los grandes ríos. Adicionalmente, la disminución de la intensidad de los vientos del oeste reduce las nevadas en la cordillera, provocando una merma del caudal de los ríos cordilleranos y la consecuente reducción de la provisión de agua para riego.

Fase seca. Los vientos cálidos y húmedos procedentes del trópico disminuyen su penetración hacia el interior del área agrícola, al tiempo que aumenta la intensidad de los vientos del oeste, secos y fríos. Las precipitaciones se reducen y aumenta su variabilidad.

Las lluvias son de tipo convectivo, muy concentradas en algunos puntos y escasas en el resto, muy intensas pero poco regulares. Las zonas marginales del NOA, Cuyo, oeste del Chaco y oeste de la región pampeana pierden capacidad agrícola y son afectadas por una sequía semipermanente.

El régimen térmico se torna riguroso, reduciéndose el período libre de heladas y aumentando la intensidad de las heladas invernales. Los calores estivales se vuelven intensos. También se incrementa significativamente el riesgo de tormentas severas con granizo, vientos y aguaceros torrenciales.

Como rasgos favorables, puede mencionarse que se reduce el área de las lagunas pampeanas, liberando grandes extensiones de campos bajos, y baja la frecuencia de las crecidas de los grandes ríos. Adicionalmente, el aumento de la intensidad de los vientos del oeste incrementa las nevadas en la cordillera, aumentando del caudal de los ríos cordilleranos y proveyendo abundante agua para riego.

Durante las fases húmedas, los episodios El Niño aumentan su vigor, aportando fuertes lluvias, con riesgo de crecida de los ríos y anegamiento de las zonas bajas. Contrariamente, el fenómeno La Niña modera su intensidad, sin provocar sequías severas, por lo que sus efectos no se traducen en pérdidas graves.

Por el contrario, durante las fases secas, El Niño pierde vigor, mientras que La Niña se vuelve particularmente intensa, causando notables y prolongadas sequías, acompañadas por heladas severas y fuertes calores que afectan gravemente la producción.