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Artesanos de Resistencia

Miguel Ivanoff, apasionado de la fundición

Por Mariano Bianucci - Cultiva la pasión por fundir metales y darles forma, “cualquier forma”, dice. Chaqueño, de Resistencia, con “probable parentesco” con el gobernador Juan Carlos Bacileff Ivanoff: “No lo puedo asegurar, pero es probable porque mi familia viene de la misma zona”.

Miguel es un aficionado a la escultura que prefiere los fines de semana de invierno para “fundirlos” con sus dos pasiones: su familia y darle forma al duro metal. En su casa, en un ambiente acogedor, de grandes dimensiones expresa en el papel las ideas que imagina y visualiza en alumino o bronce.
Ese ambiente parece ser el ideal para encontrar la inspiración, mientras comparte los días libres con su esposa Susana y sus hijos Laura (19 años, estudiante de arquitectura) y Sebastián (14 años, estudiante secundario en la Escuela Industrial).
Con 53 años, su pasión por la fundición nació de chico, cuando “imaginaba tener mi propio juego de ajedrez con piezas de bronce”. Hace diez años decidió comenzar a cumplir ese sueño pero no resultó facil “porque hay muy poca información sobre el tema y la industria que había en el Chaco ya no esta”.
Su titulo de “Analista de Sistemas” descansa sobre un mueble de la sala y lo ejerce en Sameep, donde trabaja desde que se recibió, “cuando todavía era Obras Sanitarias”, explica. Visiblemente entusiasmado, Miguel comienza a hablar sobre su pasión y, café de por medio, cuenta sus inicios en el camino de la fundición.

Los primeros pasos

-¿Cómo fueron sus primeros pasos para comenzar a fundir?
-Comencé leyendo libros sobre fundición pero hay muy pocos en castellano. En la zona, en los años 80 se perdieron los rastros de las fundiciones industriales. En Fontana había varias.
Mi primera referencia fue la Escuela Industrial donde tenía los medios pero se trabajaba poco en fundición. Fui haciendo sucesivos experimentos hasta que decidí comprar el horno. Contacté empresas de Buenos Aires, donde me aconsejaron, y llegué a conseguir resultados satisfactorios. Era una idea de chico y hoy se convirtió en una pasión.

-¿Cómo se realiza una escultura mediante la fundición?
-El primer paso es hacer ladrillos de yeso.Una vez que tengo la idea hago un bosquejo de la forma que quiero dar a la pieza y luego comienzo a tallar el yeso con herramientas punzantes, con escofinas y lijas, para darle forma. Cuando tengo definida la pieza con detalles de pulido paso a la segunda instancia, el moldeo en arena.
Consiste en hacer la mitad de la pieza en una caja con arena húmeda, donde se entierra la pieza de yeso y luego se cubre la otra mitad, con una segunda caja con más arena. Cuando la arena está seca separo las cajas, retiro la pieza de yeso y queda el espacio vacío que se va a rellenar con el metal fundido.

-Entonces, hay dos esculturas, una en yeso y la de metal que es una réplica.
-Sí, el trabajo manual de tallado es en yeso. Es el material que elegí, porque se puede hacer en arcilla, en cerámica.
-¿Cuando está el molde listo se pasa inmediatamente al fundido?
-Dejo pasar un día para que se seque la arena. Se puede trabajar con arena mezclada con bentonita, que es un estabilizante que se utiliza en las obras de construcción, o con carbonilla, para liminar los gases de la colada. Se mezcla con un cierto grado de humedad y por último se hace el molde. También hay resinas que suplen el agua con que se humedece la mezcla.

-¿Utiliza arena especial?
-Trabajo con arena de construcción. Apunto a trabajar con elementos accesibles, de nuestro entorno. Si no se depende de la importación, al precio del dólar, y se pierde el entusiasmo con tantas barreras.
Hasta he hecho experimentos con arena del río, pero tienen un alto grado de material orgánico que, expuesto a altas temperaturas, se quema y deja mucha porosidad. Esto resulta en una pieza que requiere de mayor trabajo posterior.

-¿Las resinas agilizan el trabajo?
-Permiten acelerar el proceso. La resina se mezcla con la arena, se hace una primera presentación del moldeo, se deja a secar solo dos horas. Se hace la caja superior, otras dos horas para que fragüe la arena y a las cuatro horas ya está en condiciones de efectuarse la colada.
Hay que tomar ciertas precauciones. Por ejemplo, un día nublado o de llovizna, la humedad ambiente hace que la pieza venga muy porosa, entonces elijo días limpios, de sol, frescos y, mate de por medio, hago la colada.

Mejor solo pero bien acompañado

-¿Trabaja solo para hacer la colada o necesita ayuda de otra persona?

-Prefiero hacerla solo. Cuando las piezas son pequeñas no necesito ayuda. Utilizo un horno eléctrico que no requiere mucho espacio. Pero, en algunos casos, cuando las piezas son grandes, consigo voluntarios que me dan una mano. De todas maneras no es usual porque la mayoría son objetos pequeños.

-¿Ha hecho alguna vez trabajos en formato grande?

- En una oportunidad me han encargado una tapa de motor de moto que se había roto. Me lo pidió un amigo, Ricardo, que tiene un taller. Lo acepte como un desafío. A pesar del grado de precisión que requiere, lo hice con arena. El dueño de la moto quedó contento porque era una pieza que no conseguía. Pero no es mi especialidad. Requiere mucha precisión ese tipo de piezas, además de un material diferente porque debe ser muy resistente. Teniendo en cuenta que se trataba de una pieza para un motor fundí pistones de camión que están hechos de una aleación que permite esa resistencia y dureza.

Yeso, aluminio y bronce

-¿Para las esculturas qué material utiliza?

-Por practicidad trabajo mucho con aluminio. Es un metal que permite un buen pulido final. A veces las paso al bronce pero, mayormente, las que hago a pedido. Elegí el bronce cuando descubrí que es el material místico en China. Desde siempre fue apreciado por su valor espiritual. Quizás por eso me atrae principalmente el bronce.

-Quiere decir que la obra en aluminio pasa a ocupar el lugar de la de yeso.

-Sí. conservo la pieza original en yeso, en días de humedad y calor se deteriora. El simple movimiento de llevarlo de un lugar a otro hace que se empiece a cachar y ya no es el original. Por ese motivo la paso inmediatamente al aluminio, la dejo terminada y cuando se da la ocasión la paso al bronce, con mucho menor trabajo de maquinado.

-¿Es sencillo trabajar el bronce?

La dificultad del bronce radica en que para fundirlo hay una diferencia de 300 grados respecto del aluminio. Este trabajo nunca lo hago en verano (risas), porque al cargar el horno o sacar la escoria que deja el material, uno se expone a 1200 grados de temperatura y, aunque se trabaja con protección es muy riesgoso. Trabajo siempre en invierno, porque además mis amigos y allegados vienen y disfrutan de cada una de las coladas. Aunque lo hayan presenciado varias veces, vuelven cada vez y es una satisfacción invalorable.

El maestro Carlos Hipper

-¿Conoce otros artesanos que se dediquen a la fundición?

-Cuando comencé a informarme busque otros artesanos pero no conocí ninguno. Pero aprovecho para remarcar que recibo asesoramiento de Carlos Hipper, quien tenía una fundición en Fontana en los años 80. En esa época había fundiciones que realizaban piezas para las máquinas de las fábricas.
Carlos Hipper me brinda su experiencia, fundamentalmente sobre el “caldo”, el material fundido. Con la vista reconoce cuándo el metal está listo para la colada. Yo me guio con la temperatura que me marca el pirómetro del horno.
Su experiencia es una ayuda importante porque me enseña métodos que se van adquiriendo con el tiempo. Me ha ensenado detalles que ayudan a resolver cuestiones de las coladas, principalmente.

 

A reciclar que se acaba el mundo

-¿Utiliza material reciclable como las latas de bebidas?

-Ciertamente que es material utilizable. En Resistencia nos jactamos de vivir en “la ciudad de las esculturas” pero considero que se puede buscar el lado ecologista a la escultura, que no sea solo la madera de un árbol derribado. También se pueden utilizar residuos, como los envases de aluminio, de modo que, además, se reciclan residuos.
El inconveniente con el aluminio es que tiene desde un 30 hasta un 40 por ciento de suciedad. De un kilogramo quedan 600 gramos, el resto son escorias que hay que separar. Si no, la pieza viene muy porosa y puede salir dañada.
Con el bronce es diferente, las escorias rondan el 20 por ciento, según la utilidad del objeto que se está fundiendo. El material comprado es más limpio que el reciclado.

-¿Cómo consigue el bronce?

-Por lo general me llegan generosos aportes de amigos y allegados que me traen llaves, picaportes, canillas y hasta cañerías de hidrobronce que cayeron en desuso. Cuando falta compro en chacaritas. Si bien se puede conseguir en las casas de fundición en Buenos Aires, prefiero conseguir en la zona y limpiarlo si es necesario.

Hecho en casa

-¿Las herramientas que utiliza dónde las consigue?

-Las hice todas. Según la necesidad de cada pieza fabrico la herramienta apta. En ese caso me ayudó el consejo de gente experimentada de Sameep. Allí me indicaron qué tipo de herramienta me serviría. Para algunas utilicé hojas de sierra, las que sirven para tallar. Para trabajar con el metal fundido consegui, por ejemplo, un cucharon con perforaciones para escoriar. Tengo pinzas de distintos tamaños para mover los crisoles porque, por ejemplo, 10 litros de bronce fundido pesan unos 25 o 27 kilogramos.
Eso demanda una herramienta particular para extraer el crisol del horno, que sale a 1200 grados y es riesgoso por mas que se tomen las condiciones de seguridad y precauciones necesarias. Por lo general utilizo pinzas y cucharones, además de las escofinas y lijas que sirven para el modelo.

-¿Las piezas son producto de su imaginación o también las elabora a pedido?

-Hay de las dos clases. Las piezas que me solicitan son siempre réplicas. Por lo demás prefiero inspirarme en lo que fuera. Caminando por la calle, pescando, si se me ocurre una idea la bosquejo en un papel y la voy madurando hasta lograr la forma que me complace.

-¿Cuánto llegan a pesar sus obras?

-La más pesada puede tener unos seis kilogramos, en aluminio. Esa misma pieza en igual volumen, hecha en bronce tendría unos 18 o 20 kilogramos. La más pequeña, en cambio, unos 500 gramos, tambien en aluminio.

En su taller, mientras muestra el proceso de su pasión, el entusiasmo crece: “Es muy grato relatar mi actividad, porque mirando hacia atrás veo el resultado de tanto esfuerzo y valoro cuanto uno es capaz de hacer por algo que quiere y siente. Es una pasión que me completa y es una gran satisfacción compartirlo”.

“¿El juego de ajedrez? Entendí que es más fácil hacerlo mediante un torno, que fundirlo. Salvo el caballo, las demás piezas no tiene sentido pasarlas por el horno”, explica entre risas, mientras sirve otro café.