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A un siglo del arribo de Martín Pérez Rodríguez

El niño inmigrante

Aquella mañana el niño Martín, asomado a la borda del buque Silvia, contemplaba con asombro el panorama de la gran ciudad acariciada por un espléndido sol: Buenos Aires. Era el 1 de diciembre de 1913, hace cien años. Su padre, Alonso Pérez Rodríguez, lo había despertado para anticiparle que estaban llegando a destino.

Por Hugo Martin Pérez

La noche anterior habían pasado frente a otra metrópolis, Montevideo, y observaron su magnífica iluminación nocturna. Los dos inmigrantes españoles formaban parte de un numeroso y diverso grupo que llegaba con un mismo destino: radicarse en la Argentina. El hombre y su hijo provenientes de Arboleas, provincia de Almería, habían embarcado en el puerto y capital provincial del mismo nombre hacía poco más de dos semanas. Martín tenía 13 años y Alonso 42.

El origen

Alonso y Elisa Fernández Parra vivían en Arboleas y tenían cinco hijos y serias dificultades para conseguir trabajo. Entre otras tareas Alonso trabajó en la explotación de canteras -posiblemente en las de Macael- donde se producía mármol blanco de primera calidad cuyos destinos alcanzaron el Palacio Real de Madrid y la Alhambra de Granada. La decisión de probar suerte en América debió tomarse en familia ya que viajaron solamente Alonso y su hijo varón mayor, Martín. Elisa y los demás hijos quedaron a la espera de aquel esperanzado viaje hacia la Argentina.

Primer destino

Luego de un breve tiempo en Buenos Aires, Alfonso e hijo se trasladaron a Formosa. Allí estaban construyendo las vías para el ferrocarril que uniría la Capital con la ciudad de Embarcación, Salta. A pocos meses en aquel destino se propagó una epidemia. Alonso decidió alejarse de la zona y con Martín se trasladaron al Chaco (1914), ubicándose  en Villa Alta, de Resistencia.

En el Chaco

El nuevo destino fue una colonia ubicada al norte de Resistencia. Hicieron estadía breve en una vivienda facilitada en el Lote Rural 219, hasta que finalmente se radicaron en una posesión del colono Luis Címbaro Canella en el lote rural 237. Allí comenzaron su vida de actividades agrícolas, especialmente el algodón.

En su adolescencia y juventud, Martín aprendió tareas y costumbres del campo y monte chaqueños: preparación de la tierra,  siembra, cultivo, limpieza, crecimiento de las plantaciones y los frutos. Además del algodón, el maíz, mandioca, batata, hortalizas, verduras y árboles frutales, especialmente cítricos.

Se familiarizó con las actividades en los montes cercanos: obrajes y desmontes; con la cercanía del río Negro, esteros y lagunas, poblados por gran variedad de peces y otros habitantes de aquellas aguas que abundaban en el Chaco. Concurrió a la Escuela N° 6. Toda esa generosidad del suelo argentino le creaba un vigor espiritual y optimismo, pero también recuerdos de su lejana Arboleas, de su madre y hermanos.

Esa gran distancia le provocaba una frecuente aflicción interior que no lograba mitigar. Pero hubo un acontecimiento feliz: en 1917 Elisa embarcó hacia la Argentina con sus hijos Asunción, Francisco y Alonso (h), ya que Josefa se había casado con Hermenegildo Gómez y ambos se radicaron en Gardey, provincia de Buenos Aires.

Elisa y los tres hijos viajaron en barco desde Buenos Aires al Chaco, y en tren desde Barranqueras a Resistencia. Allí los buscó el colono José Palma, español, amigo de Alonso, y en su carro los trasladó a Puerto Vicentini. La familia estuvo nuevamente reunida. Los niños concurrieron a la Escuela N° 6, en el mismo lote rural 237.

En 1919 y en 1920, Alonso tuvo activa participación en la fundación de la cooperativa agrícola Colonias Unidas (luego ministro Le Breton) que se radicó en un terreno ubicado a unos mil metros al sur de Puerto Vicentini. Alonso integró el primer consejo directivo, formalizado como institución el 5 de diciembre de 1920.

Senderos junto al Oro Blanco

En 1921 nació Sara Argentina, la única hija nacida en el país. En 1923 Martín se casó con Ángela Bruno, de Puerto Tirol, hija de los inmigrantes italianos Domingo Bruno y Ana Stella llegados en 1878. Martín y Ángela fueron nuestros padres. El primero de seis hijos, Alonso, falleció a dos días del nacimiento.

Después nacieron Víctor Ramón, Hugo Martín, Elisa Ana, Cristina Josefa y Miguel Ángel. La familia se radicó en el lote rural 220 y aproximadamente en 1925 Alonso abrió un gran almacén junto a la ex ruta nacional 16 (actual avenida Alvear 5.100), mientras Martín continuó con la agricultura y  complementaba tareas del almacén con un pequeño camión Ford A. Tiempo después el joven matrimonio residió en una vivienda junto al almacén.

En 1935 en reconocimiento a su capacidad y experiencia algodonera, Martín y otro operario de apellido Ojeda fueron comisionados por la cooperativa, a la provincia de Tucumán para enseñar el cultivo del algodonero. Allí trabajaron con autoridades profesionales de una escuela experimental en la zona de Simoca durante algo más de un semestre. En tanto, Martín viajó a conocer brevemente la ciudad de Córdoba. En 1939 recibió un premio a la producción (calidad del algodón, primera categoría, segundo premio), era una medalla de oro de la cooperativa agrícola industrial Colonias Unidas Limitada con el nombre y apellido prolijamente grabados.

De 1941 a 1959

En 1940 el almacén había sido alquilado. A comienzos de 1941 Martín y su familia volvieron a radicarse en el lote 220, donde continuaron con la vida agrícola y la venta de sus productos. En diciembre de ese año falleció la abuela Elisa (67) y en abril de 1942 el abuelo Alonso (71). En los años siguientes los hijos de Martín y Ángela alcanzaron diversos estudios, dentro de las posibilidades que permitían las distancias con las escuelas y colegios de Resistencia, hasta que en 1959 toda la familia se trasladó a la capital chaqueña. 

Los últimos años 

Martín continuó con la venta de artículos de publicidad que remitían desde Buenos Aires. Años después Martín se vio afectado por una enfermedad que le impidió trabajar normalmente. En 1968 la familia sufrió una gran pérdida con el fallecimiento del hijo mayor, Víctor Ramón “Pocholo”. En 1971 fallecía Martín Pérez Fernández (71), nuestro padre, el mismo que 58 años antes miraba asombrado desde el barco la gran ciudad a la que llegaba con su padre.

Ángela Bruno, nuestra madre, le sobrevivió 24 años. Falleció en 1995, a los 89 años. No dejaron herencias materiales pero sí el ejemplo de la honradez, la enseñanza a través de consejos, estricto respeto hacia las personas, cumplimiento de normas de conducta y todo lo conducente a ser buenas personas.

Ninguno de esta familia de españoles inmigrantes volvió a su patria. Las posibilidades eran difíciles. La serenidad de la mirada de Martín a lo lejos, a veces acompañada de silbidos bajitos apenas perceptibles, hacía presumir el recuerdo de aquella niñez en Arboleas.

Alguna vez llegó a manifestar que si volviera a su pueblo natal sería solamente de visita para regresar luego, a la tierra que quería mucho y donde tuvo cinco hijos argentinos que eran su orgullo. Quienes llegaron exactamente hace un siglo y aportaron al Chaco iniciativas y trabajo esmerado desde actividades positivas, merecen estas líneas de recordación, reconocimiento y homenaje.