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Urge retomar el camino del crecimiento industrial

En la Argentina, el uso de la capacidad instalada industrial cayó al 57,7 por ciento en septiembre y se ubicó en su mínimo en ocho meses. Respecto de agosto, el mismo indicador retrocedió 2,8 puntos porcentuales. Así lo señala el informe que mide la proporción utilizada de la capacidad productiva del sector industrial, elaborado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), que constató que el registro de septiembre se ubicó 3,4 puntos porcentuales por debajo del mismo mes del año anterior, cuando el promedio había sido del 61,1 por ciento.

El trabajo del Indec se basó en el relevamiento de 700 empresas de todo el país, y para la estimación se tuvo en cuenta la producción máxima que cada sector puede obtener con la capacidad instalada. Las cifras que arroja el análisis del instituto estadístico confirman el duro golpe que asestó la gestión macrista a la industria nacional, y tanto es así que el presidente de la Unión Industrial Argentina, Miguel Acevedo, estimó que por el daño causado por las políticas nacionales de Cambiemos a la industria, el sector necesitará al menos una década para poder reconstruirse y llegar a los niveles de crecimiento que presentaba en el año 2012. No fue el único que manifestó su preocupación por el deterioro que sufre una actividad que es clave para salir de la crisis económica. También el titular de Techint, Paolo Rocca, lamentó el deterioro de la actividad industrial en la Argentina y, según señaló, situación que se repite también en la mayoría de los países de la región, con excepción de México. En el Congreso Latinoamericano del Acero que se realizó esta semana en la Ciudad de Buenos Aires, Rocca advirtió que la retracción de la actividad industrial tiene un impacto directo negativo sobre cada ciudad o pueblo donde los complejos industriales pierden peso o directamente se retiran. “Estoy viendo que en todos los lugares donde nuestra industria pierde en la licencia de operar, se rompe todo. Se rompe la unidad, se rompe la industria, se rompe la capacidad de atraer inversiones y talento para la comunidad, que es un factor esencial de transformación. Esto puede ser un círculo virtuoso o un círculo vicioso. La dimensión del cuidado local es fundamental”, observó el empresario, tras plantear la necesidad de recuperar políticas de industrialización que permitan avanzar en la senda del crecimiento con empleo de calidad.

En rigor, hay motivos más que suficientes para preocuparse ante los datos que confirman el daño provocado a la capacidad industrial del país en los últimos años. Según el Indec, la industria automotriz alcanzó en septiembre una utilización de su capacidad productiva de apenas 37,4%, por lo que más del 60 por ciento de las terminales tiene sus máquinas paralizadas. Por otra parte, si bien la producción básica en las industrias metálicas, que elaboran productos de acero y aluminio, mostró el mayor promedio de utilización, con 79,1 por ciento, su nivel estuvo por debajo del de mismo mes del año anterior, cuando llegó al 84,3 por ciento.

Por otro lado, los sectores industriales que en septiembre mostraron niveles de utilización superiores al promedio general fueron, según el Indec, la refinación de petróleo, con 77 por ciento y la producción de insumos para la construcción, con 75,4 por ciento. Los subsectores que se ubicaron por debajo del nivel general, en tanto, fueron los de edición e impresión con un 57,5 por ciento, la elaboración de productos de caucho y plástico con 51,3 por ciento, de sustancias y productos químicos 47,7 por ciento y la industria metalmecánica con un 40 por ciento, afectada por la contracción de la industria automotriz.

El fracaso de las políticas de la gestión macrista, que apuntaron claramente a un drástico achicamiento del mercado interno, junto con el aumento de las importaciones, la suba de las tasas de interés hasta llegar a niveles que prácticamente no se ven en el resto del mundo, la devaluación de la moneda y la caída del poder adquisitivo de los salarios, terminaron por colocar al país en una situación de inviabilidad económica. A todas estas calamidades juntas deben sumarse los fuertes incrementos de tarifas que representaron un duro castigo para muchos sectores y que, por supuesto, asestaron también un duro golpe a la capacidad industrial. Es de esperar que el próximo gobierno de Alberto Fernández impulse políticas públicas que reviertan esta situación y fortalezcan el tejido industrial, devolviéndole a este importante sector su capacidad para generar empleo de calidad.