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Apuntalar la labor de las escuelas rurales

Garantizar el acceso de niños y jóvenes a la educación permite sentar las bases para la construcción de ciudadanía y el ejercicio de todos los demás derechos. Por eso, el enorme esfuerzo que realizan docentes y alumnos en las casi 4000 escuelas rurales que funcionan a lo largo y ancho del país, merece ser acompañado por toda la comunidad, con acciones que contribuyan en la mejora de la calidad educativa en estos establecimientos.

En muchos lugares, la escuela rural es la única alternativa que tienen los niños, las niñas y jóvenes que viven en zonas alejadas de los centros urbanos para acceder a conocimientos que solo se pueden aprender en las aulas, con la ayuda y el seguimiento de un docente. Si bien muchos de estos establecimientos sufren carencias de todo tipo, datos surgidos de las pruebas Aprender 2018 revelaron que los alumnos de escuelas rurales tuvieron un mejor desempeño académico que sus pares de establecimientos urbanos. Así se desprende del informe temático publicado por el Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de la Nación, que analizó en profundidad los desempeños y características escolares de las instituciones rurales, a partir de la prueba que evaluó a todos los alumnos de 6° año de primaria de todo el país en Lengua y Matemática. Se trata del informe “Los aprendizajes en escuelas rurales del nivel primario” que señala que en Matemática un 56 por ciento de los estudiantes que asisten a instituciones rurales se ubican en los niveles Satisfactorio y Avanzado, mientras que en las escuelas urbanas esta proporción es del 50 por ciento. Por otra parte, el documento observa que en Lengua, se registra una diferencia a favor de los estudiantes que estudian en la ciudad, aunque es menos pronunciada: un 68 por ciento de los estudiantes que asisten a escuelas rurales obtuvieron niveles de desempeños Satisfactorio y Avanzado, mientras que en las urbanas esta proporción es del 70 por ciento. Cabe aclarar que cuando se comparan resultados del ámbito urbano con el rural se toma únicamente el sector estatal debido a que la proporción de instituciones privadas rurales es muy baja (2 por ciento).

Un aspecto a tener en cuenta es que en las áreas rurales las condiciones de vulnerabilidad de la población estudiantil son mayores. Según datos de la cartera educativa nacional, en las zonas rurales se registra el doble de estudiantes pertenecientes a hogares de nivel socioeducativo bajo, respecto al urbano. Pero los resultados reflejan que hay otros factores que influyen a la hora de aprender, como son los vínculos más fuertes entre docentes y alumnos, el sentido de pertenencia y de comunidad. Por eso, distintas encuestas revelaron también que los chicos que asisten a establecimientos rurales sufren menos discriminación o el fenómeno conocido como acoso escolar, que sus pares de conglomerados urbanos.

Por todo lo expuesto, es necesario que la comunidad valore el esfuerzo que realizan tanto los maestros como los alumnos y sus familias para poder completar sus estudios. Existen, afortunadamente, iniciativas que apuntalan la tarea que llevan adelante las comunidades educativas en las zonas rurales y en ese sentido se puede citar el ejemplo de la Fundación Red Comunidades Rurales que, desde el año 2006, aporta recursos, talentos y capacidades para acompañar el desarrollo individual, familiar y comunitario en aquellos lugares donde las escuelas rurales desempeñan un papel fundamental en la vida los alumnos y donde educar es un desafío de todos los días.

También merece mencionarse la labor de la Asociación Civil Padrinos de Alumnos y Escuelas Rurales, que colabora con la construcción, reparación y ampliación de escuelas, instalaciones eléctricas y perforaciones de agua, granjas escolares, invernaderos y provisión de filtros bacteriológicos, por citar solo unos pocos ejemplos de la ayuda que lleva esta organización a los rincones más alejados del país donde la educación está presente gracias a estos establecimientos rurales. Los distintos sectores de la comunidad deben apoyar a las escuelas rurales y también a las organizaciones que, a través de distintas acciones, colaboran con esos establecimientos educativos donde todos los días se trabaja para garantizar el derecho a la educación y mejorar la calidad de vida de niños, niñas y jóvenes de todo el país.