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Eduardo López
Por: Eduardo López
La página del lunes

Basta de política vieja

En seis días 941.935 chaqueños tendrán que acudir a las urnas para decidir quién gobernará a la provincia por los próximos cuatro años, en el décimo período tras el regreso a la democracia en 1983. Por lo que se siente y se palpa entre los ciudadanos hay, podría decirse, un clima que es mezcla de resignación, conformismo y muy pocas esperanzas de que la situación empiece a cambiar.

Y siendo realistas, razones hay para tener este estado de ánimo. Pese las expresiones de buenos deseos (para no decir mentiras) de los ¡diez! candidatos a gobernador, lo que se espera es más de lo mismo. En los discursos y en los mal llamado debates, lo que se dice ya lo hemos escuchado por lo menos una decena de veces (este es el décimo gobernador que se elige) y, sin embargo, seguimos, acoplados a una situación nacional, en una pendiente que no parece tener fin. Si el país está en una crisis sin precedentes, aquí en el Chaco, somos una de las provincias con peores indicadores dentro de esa crisis. Por eso el descrédito y, sobre todo, porque quienes se presentan para decir que vamos a vivir en un paraíso en los próximos cuatro años, ya hace tiempo que están en puestos de responsabilidad y nos han puesto en este tobogán.

Los que ya estuvieron

De los diez postulantes a la fórmula de la gobernación tres, por lo menos, han ejercido la máxima autoridad provincial: Capitanich, por ocho años; Nikisch, por cuatro, más un año de vice de Ángel Rozas; Bacileff Ivanoff fue siete años vicegobernador y presidió el Ejecutivo en uno. Pero hay varios más que no se quedan cortos en cuanto a ejercicio del poder: Carim Peche fue ocho años intendente y lleva doce de diputado; Analía Rach Quiroga lleva cuatro años como diputada nacional; Eduardo Aguilar fue ministro de Economía, diputado provincial por cuatro años y en dos ejerció la presidencia del Poder Legislativo y es senador hace cuatro años; Carlos Martínez fue tres veces diputado provincial y Aurelio Díaz es diputado provincial. A ellos hay que sumar dos líderes sociales bien conocidos como Emerenciano Sena y Raúl Castells, todos con ejercicio del poder, pero que hasta ahora están ofreciendo más de lo mismo y de la boca para afuera. Es decir que son un poco corresponsables de esta crisis.

Hechos, no magia

Y esto es porque sabemos que el ejercicio de la política no es magia y debe traducirse en hechos concretos que salga de este laberinto con un Estado gigante del que se cuelgan todos y quieren vivir de él como si fuera un barril sin fondo. Un Estado repleto de empleados de los que la mitad trabaja y la mitad vive de arriba y a los que los políticos han llenado de privilegios sobre todo a aquellos que les responden fielmente. Y así no se puede vivir y progresar.

Muchos podrán pensar que esta es una visión pesimista. Y puede que así sea. Pero el tiempo transcurrido nos da la razón. No estamos mejor. Es una verdad irrevocable. Podremos tener más edificios, más caminos, más obras de argamasa, pero el futuro no se avizora, porque los que nos han conducido y ahora se vuelven a postular no tienen intención de hacer cambios de fondo y, aunque la tengan, no lo podrán hacer si no hay una acción conjunta, despojada de intereses partidarios. Y eso porque los partidos políticos no son adversarios sino enemigos. Se busca la descalificación del otro y no el acuerdo para el mismo fin, el bienestar de la sociedad. Un bienestar consistente y no simplemente para subsistir medio mes y volver a penar el otro medio, repitiéndolo doce veces al año.

Los partidos políticos existen solo en los papeles y aparecen para las elecciones. No preparan ni atraen a las nuevas generaciones y los jóvenes que aparecen en las listas son los que se cobijan bajo el dedo del caudillo de turno. Los cambios que se proponen son solo de forma y no de fondo. Se cree que, con hacer paredes y rutas, está todo hecho (y de paso se lucra con las licitaciones) y, evidentemente, no es así. Se sueña con volver a un pasado que fue también malo y para colmo, la escuela no contribuye porque los docentes y sus alumnos están en la misma situación, apenas si subsisten.

Incentivo para el cambio

Esto, que parece un dantesco panorama cargado de desesperanza, no es así. Es una visión realista, un incentivo para el cambio que vendrá inexorablemente a partir de las nuevas generaciones como está pasando con el cambio climático y la casi adolescente Greta Thunberg. Las nuevas generaciones quieren y deben cambiar esta sociedad que tiene, por ejemplo, treinta y dos legisladores, muy bien pagos y otros privilegios, que se reúnen una vez a la semana para dictar leyes en la mayoría obsoletas, que cada vez que se reúnen deben vallar la casa de la Democracia y que no le rinden cuentas a nadie si cumplen o no con su trabajo, por citar solo uno de los miles malos ejemplos que se pueden mostrar.

Quizás valdría la pena pensar y meditar en algunas de estas cosas en estos días previos a la elección, para dar el voto a gente que muestre ideas y ganas de hacer cosas mejores y nuevas, y no lo mismo de siempre. Y eso viene de la mano de las nuevas generaciones.

“Podemos tener un país mejor” dijo uno de los políticos en retirada, no porque se quiera ir sino porque no lo dejaron. Pero tiene razón, lástima, que no lo hizo, ni lo podrá hacer.

 

 La copla de Aledo

 

Qué manera de abundar

candidatos y punterosà

En este ruedo político

todos se sienten toreros.

 

(Aledo Luis Meloni, La copla del lunes, 2001)

 

 

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