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Florencia Martínez
Por: Florencia Martínez

¿Y la cultura para cuando?

Se cumple un mes del paro de los trabajadores del Instituto de Cultura. Un mes en donde no existe una agenda, no se prenden las luces y el sonido está silencio. No hay artista que gaste el taco sobre el escenario, película que se proyecte o simplemente se hagan muestras . No hay talleres, charlas, los museos permanecen cerrados y las funciones deben ser levantadas.

¿Indigna? Si, claro. Pero los espectadores, o el público en general, sólo ve lo que se muestra durante lo que dura un show. ¿Alguien sabe el trabajo qué hay detrás? ¿Las veces que se enciende sonido y luces para una puesta perfecta? O la cantidad de veces que se rehacen gacetillas, fotos o se abren las puertas para los ensayos. Y todo eso pasa porque hay un grupo grande de personas que hacen su trabajo, y mucho más incluso.

Ese grupo de trabajadores hoy están reclamando sus derechos, su reconocimiento económico. No señores políticos, no se puede vivir con diez o quince mil pesos al mes. No cuando se trabaja fines de semana sin horas extras, sabiendo a qué hora se entra pero no a la hora que salen y muchas veces solucionando problemas que ni siquiera tienen que ser suyos. Y los aplausos de los llevan otros.

Pero esta lucha no es de hace un mes, es de hace años. Una lucha necesaria, correcta. Pero lamentablemente el problema no sólo radica en los malos sueldos o la precarización laboral sino, paradójicamente, en una cuestión cultural.

Es increíble que a una semana de elegir nuestros nuevos representantes en los poderes, ningún candidato haya hablado de la cultura, de sus problemas, de sus necesidades. Esos mismos políticos, que después sonríen para las fotos cuando van a alguna presentación, inauguración, o eventos. Nadie propuso ideas para la cultura, ni para el turismo, para todos parecen ser temas de última categoría, problemas que se resuelven en el momento y sino, se encajonan y seguimos para adelante.

No hay políticas culturales, no hay diversidad de propuestas. Se repiten actores, directores, la torta se reparte siempre para los mismos invitados. Cuando realmente la cultura deje de ser un gasto y se empiece a pensar como una inversión, como un legado, la historia se va a empezar a contar de otra manera.

Hoy los funcionarios a cargo de la cartera cultural no dan la cara, no dan respuestas. Como si no existiera el reclamo, incluso rozando la soberbia del cargo y el de sus pseudo seguidores. Sería fácil decir que no existen culpables, que él gobierno nacional y sus malas políticas económicas fue lo que devaluó los sueldos. Pero acá existen culpables, tienen nombre y apellido y hoy están escondidos o encerrados en su mundo de cultura elitista.

Si, a la cultura la hacen los trabajadores. Esos que están siempre dispuestos a difundir las actividades de los artistas, esos que piensan y planifican actividades para que en los pueblos o ciudades del interior haya entretenimiento. Esos trabajadores que hoy están en lucha, son los que merecen ser escuchados y acompañados por toda la comunidad.

Lo llamativo de esta situación es cómo las diferentes asociaciones, grupos de teatros, e incluso personal con cargos de Cultura se enojan porque se levantan las funciones. Y piden respeto por su trabajo, su tiempo, su trayectoria y que en verdad se la merecen, pero la solidaridad y la humildad ante estas situaciones sirve mucho mas.

Otra de las cosas llamativas que deja este paro, es como las salas, teatros, agrupaciones y demás que hacen llamarse independientes tampoco tienen programación. La respuesta clara: todos viven del aporte del Estado. Salvo casos muy específicos que se juntaron para hacer un encuentro de teatro independiente o ponen en cartelera alguna que otra función.

Las malas gestiones tuvieron su resultado, tratar de hacer a la cultura algo elitista también.

Hoy más que nunca, la lucha tiene que continuar porque si bien la cultura es de todos, pero la hacen los trabajadores.