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Sin industria no hay desarrollo

Los indicadores de la producción industrial no son alentadores: registró en julio pasado un desplome del 1,9 por ciento en relación al mismo mes del año pasado y en siete meses arrastra una caída del 8,4 por ciento.

Así se desprende de los últimos datos aportados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec). Lo más preocupante es que la actividad industrial en todo el país lleva 15 meses consecutivos de caída. Si bien en julio hubo una mejora del 3 por ciento en la comparación mensual, ese respiro duró poco ya que en agosto el sector volvió a acusar el impacto del deterioro que mostraron las principales variables de la economía.

Según un relevamiento realizado por la consultora Radar, la caída del empleo industrial durante la gestión del presidente Macri ya es comparable al de la última etapa de la convertibilidad que impulsó el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, con políticas que se caracterizaron, precisamente, por el debilitamiento del tejido industrial.

De hecho entre el cuarto trimestre del primer año de la gestión de Cambiemos, es decir 2015, y el segundo de este año se perdieron más de 200 mil puestos de trabajo registrados en el sector industrial. Resulta paradójico que altos funcionarios de Cambiemos hayan ponderado todos estos años las políticas que aplican países como India, Israel, Alemania y Estados Unidos, ya que en estas naciones existen programas que alientan la compra de productos locales.

Como bien señala Diego Coatz, economista jefe de la Unión Industrial Argentina (UIA), en un mundo cuya disputa más clara es por la agregación de valor, la mejor estrategia es avanzar hacia un modelo industrial basado en la innovación. Pero para eso, según Coatz, se necesita una activa interacción entre los distintos sectores de la sociedad y de políticas públicas que tengan como objetivo mejorar la competitividad, promoviendo más y mejor crédito con líneas directas para el sector productivo, una reforma tributaria para incentivar el desarrollo regional y de las pequeñas y medianas industrias y una política para el sector que haga hincapié en el desarrollo tecnológico.

Es decir, en sentido contrario a todo lo que se hizo estos últimos años y que desembocó en una situación que se agravó con la nueva devaluación que sufrió la moneda argentina en los días posteriores a las PASO. No hay que olvidar que la industria venía ya en un contexto dominado por la recesión, en medio de una fuerte apertura de la economía, y con una presión fiscal que se hace cada vez más insoportable.

Es evidente que en todos estos años del gobierno de Cambiemos no hubo políticas públicas para impulsar la producción. Lo que sí hubo fueron medidas que facilitaron la especulación financiera, con tasas de interés por las nubes que hicieron que la Argentina ingresara en un cuadro de inviabilidad económica.

Con este escenario de fondo, las que más sufrieron el impacto fueron las pequeñas y medianas empresas industriales de todo el país, muchas de ellas golpeadas por la volatilidad cambiaria, el aumento constante de los insumos y el achicamiento del mercado interno. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, uno de los sectores que sigue en lo más alto del ranking de los más perjudicados por las políticas económicas es el automotriz, que acumula una variación negativa del 26,3 por ciento con respecto a 2018.

Le siguen las categorías de equipo de transporte (16,7 por ciento), productos de metal (7,7 por ciento) y prendas de vestir, cuero y calzado (7,2 por ciento). En Córdoba, uno de los distritos electorales que más apoyó en las urnas al gobierno de Cambiemos, un sondeo realizado por la Unión Industrial de esa provincia reveló que el 45 por ciento de las empresas sufrió una caída de la actividad, siendo el sector manufacturero, uno de los más golpeados.

La situación en la provincia mediterránea es complicada, y prueba de ello es que grandes empresas debieron adelantar vacaciones a sus trabajadores, como es el caso de Arcor; mientras que las pymes autopartistas no ocultan su preocupación frente a la paralización de las líneas en las grandes automotrices.

En ese sentido, se supo que Fiat resolvió trabajar solo cuatro días durante este mes, debido a la abrupta caída en las ventas de los vehículos nuevos. El próximo gobierno nacional, más allá de los resultados que arrojen las urnas en octubre, deberá apostar al crecimiento de la industria, porque sin ella no hay desarrollo posible.

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