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Eduardo López
Por: Eduardo López
La página del Lunes

¿Y si “reperfilamos” la política?

Los continuos e imparables avatares de la vida económica del país hicieron que se hablara, entre tantas otras cosas, de “reperfilar la deuda”, una palabra que inmediatamente se puso de moda y que, en muchos casos, se aplicó para los más inverosímiles avatares de la vida diaria

Pensamos que, ya que estamos en un proceso electoral, y que el clamor de la gente es para que haya un mínimo de mejoría en la acción de la política, el novedoso término se aplique a ello: hay que reperfilar antes que nada a la política, a los partidos políticos, que están mostrando lo mismo de siempre. Y lo mismo de siempre es esto que nos ha llevado a esta enorme de cadencia que no parece tener fin. Y este reperfile de la política, por ahora, no parece tener manifestaciones dignas de ser tenidas en cuenta. Es más, se reflotan prácticas y dichos del pasado que, por lo visto, no han tenido buenos resultados, sino que han profundizado el declive.

FIGURITAS REPETIDAS

Que nada parece querer cambiar en la política, y que casi todo lo que se dice es para cazar incautos, se lo escucha a diario de boca de los supuestos líderes que prometen el oro y el moro como nuevos mesías, sin mirar todo lo que no hicieron y lo que dejaron pendiente.

Al hacer un repaso de los nombres que aparecen en las listas, uno no se equivoca si afirma que se repiten en un noventa por ciento y que, apenas el diez por ciento restante sería la novedad, aunque esto tampoco está seguro porque, para entrar en las listas hay que integrar el grupo selecto.

Y esas listas surgen de un proceso más que democrático: el dedo del mandamás al que se someten todos los que quieren llegar, de alguna manera, para repartirse el cada vez más escaso botín. “Espero que acepte mi candidatura” decía en estos días un esperanzado postulante a una intendencia. “Siempre le fui fiel y estuve a su lado”, argumentaba. Y en muchos municipios se ve la postulación repetida hasta para un tercero, cuarto o quinto período, cuando no la sucesión de padres a hijos o a hermanos o algún pariente. Ni qué decir para lograr el ingreso a la elite que significa ocupar una banca en la Legislatura o en algún concejo municipal.

Y entre los dichos que se escuchan están algunos como éstos: “Quiero otra oportunidad, porque es tanto lo que hay que hacer, que no me alcanzaron estos cuatro años”, sin pensar que en muchos casos falta más que antes. O que lo único que avanzó es el patrimonio personal del político, en detrimento del cumplimiento de su deber como funcionario público.

CUMPLIR CON SU DEBER

Este reperfilamiento de la política debería terminar con los espejitos de colores que muchos siguen vendiendo, cuando ponen en su inventario decenas y decenas de obras que hicieron con el dinero que es de todos, y que hacerlas no es nada más y nada menos que cumplir con su deber, eso que juraron hacer en forma solemne ante un crucifijo o una Constitución. Quedando, en más de una oportunidad el interrogante de si la obra realizada, con su costo, no contribuyó al engrose de la cuenta personal del “abnegado funcionario” con un pactado retorno.

Y esto debería contemplar algo de lo que se viene hablando: una real reforma constitucional, pero que contemple los intereses de todos para una mejora de lo que ya existe y para que no repita algo de lo que está pasando, como en el caso de ciudad capital de la provincia, donde hay dos conducciones paralelas en el municipio, la del intendente y la del presidente de concejo, que parece otro organismo totalmente distinto, con todos los atributos propios de un Ejecutivo y, además, una agencia de programación de espectáculos.

La gran mayoría silenciosa de los ciudadanos, esa que no integra los círculos íntimos de los partidos políticos, y que es más del 60 por ciento de los no afiliados, está ahíta de las prácticas clientelistas que siempre obligan a votar por lo menos malo, en vez de alcanzar algo superior para terminar con este tobogán que no tiene fin. Es imprescindible para ello reperfilar también la política, que es la deuda pendiente de esta sociedad.

UN BOTÓN DE MUESTRA

Como para muestra basta un botón, basta recordar lo que pasa con el segundo gran acueducto del interior, que se comenzó hace tres gestiones, con la promesa firme de terminarlo antes de finalizar la segunda gestión. Eso no pasó y la tercera gestión, que en principio prometió concluirlo, en cuatro años tuvo un avance mínimo, de modo que hoy, tras doce años, queda un tramo importante sin hacer. Por suerte parece que el que lo va a terminar es el que lo empezó. Eso si las urnas lo habilitan.

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