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Eduardo López
Por: Eduardo López

Democracia en decadencia

r.Ya está. Terminó la primerade las seis posibleselecciones que habrá, almenos en Resistencia y enFontana. Hay una pequeñatregua que se puede aprovecharpara reflexionar sobrela calidad de la democraciaque tenemos y que estamosviviendo, sobre todo con losecos de lo sucedido ayer.

Todos tomamos como un logro que llevemos 36 años de democracia sin que hayan vuelto los golpes de Estado. Y es así. Nos juramentamos “Nunca más” y se ha llegado hasta acá, en algunos casos con muletas y al borde del colapso, como lo fue con los sucesos de los carapintadas y con los del 2001. Pero se han mantenido las formas democráticas. Y ya es algo. Pero para que esto sea así, se está pagando cualquier precio y se ha llegado a convivir con una pésima calidad de lo que implica el sistema republicano.

CASTA O DINASTÍA

Los ciudadanos que constituimos la gran masa de votantes estamos obligados a votar y no tenemos más remedio que votar al menos malo, cuando deberíamos tener muchas opciones y optar por la mejor. Sin embargo, hay una casta o dinastía que se ha enquistado en la dirigencia de los partidos políticos que se reparte los cargos, que llega a esa situación y no se quiere ir nunca, manifestando que se desvive por cumplir su función, pero que lo que se ve es muy otra cosa. Engrosan sus patrimonios, viven muy bien, incluyen entre sus logros al progreso de familiares y amigos y no rinden cuenta a nadie, más que pronunciar frases hechas, vacías de contenidos pero que suenan épicas y que buscan emocionar.

“Necesitamos líderes que no estén enamorados del dinero, sino de la Justicia; que no estén enamorados de la publicidad, sino de la humanidad” dijo en alguna oportunidad Martin Luther King y sus palabras caen justo para lo que estamos viviendo cuando los funcionarios que están en ejercicio hacen campaña hasta con los estornudos, destacan como actos de heroísmo lo que es nada más que el cumplimiento de su deber por lo que juraron en público ante la Biblia o la Constitución. Que inauguran hasta las refacciones, que dividen obras en infinidad de etapas para tener más cintas para cortar, que regalan lo que no es suyo y que siempre se sospecha- pagan más caras las obras que hacen con dineros de todos, para quedarse con algún vuelto.

Todos estos que hoy están en campaña algunos hasta por más de un cargo, por las dudas que pierdan en uno- deberían pensar por qué estamos en un tobogán que no tiene fin, mientras en otros países muy cercanos se ha avanzado mucho.

SIEMPRE LOS MISMOS

A juzgar por los discursos nuestros candidatos parece que nada tienen que ver con el pasado cercano, y sin embargo hay que buscar con linternas a los que aparecen como nuevos y porque han recibido la bendición de alguno de sus superiores, no por mérito propio. No son pocos los que van de cargo en cargo desde la década del 90 (¡treinta años!) y la realidad nos dice que no estamos mejor ni mucho menos. Eso sí los desacuerdos y las prácticas personalistas han crecido en forma exponencial. No se discuten ideas o programas de gobierno, se defienden a presuntos líderes que digitan todo desde su situación de poder.

Esto está demostrado, por ejemplo, en las elecciones que tuvimos ayer, en las que los de un mismo espacio político ni siquiera pudieron ponerse de acuerdo en el tamaño de la boleta. O en las que vendrán, donde para el cargo de gobernador de un supuesto mismo credo habrá al menos cinco candidatos, además de los de las otras agrupaciones políticas.

Tenemos democracia, pero de muy baja calidad. Las propuestas son lugares comunes, los programas de gobierno son un menú de obviedades para llevarlas a cabo con más tiempo y con el pleno respaldo del gobierno central, como si hasta ahora no hubiera pasado nada. Y mientras no se logre mejorar la calidad de esa democracia que tanto pregonamos, seguiremos en el tobogán de la decadencia.

A propósito de esto, vale la pena considerar lo expresado públicamente por un representante de uno de los más pequeños partidos políticos surgido con el deseo de renovación, de superación de estas castas que se han enquistado en los ámbitos del poder.

“Votamos gente con tantos títulos y estamos como estamos, llegó la hora de los ciudadanos de a pie”. Sería bueno tenerlo en cuenta después de esta campaña llena de lugares comunes y de las que nos esperan para las autoridades provinciales, municipales y nacionales.