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Sergio Schneider
Por: Sergio Schneider

Nuestro largo sueño lúcido

“Vanilla sky” fue uno de los grandes estrenos cinematográficos de 2001. La historia tiene como protagonista a David (Tom Cruise), un tipo que lo tiene todo: éxito, dinero, la admiración de su mundo y las mujeres más hermosas. En medio de una relación intensa pero superficial con Julie (Cameron Díaz), conoce a Sofía (Penélope Cruz), una joven española que lo estrella contra el amor. Pero toma, en un instante fatal, una mala decisión. Acepta una invitación de Julie, su ex, para un paseo en el auto de ella. Perdida por los celos, intenta acabar con la vida de ambos haciendo volar el vehículo desde un puente. Julie muere. David queda con varias secuelas; la principal, su rostro desfigurado. Numerosas cirugías que intentan reconstruirlo fracasan.

El muchacho exitoso se convierte en el bicho raro. Su nueva condición lo vuelve inseguro, iracundo y desconfiado. Sospecha que Sofía tiene un romance con su mejor amigo. Cree que en su empresa conspiran contra él. Teme que sus médicos únicamente pretenden seguir quitándole dinero (a quienes deseen ver la película -que además tiene una banda sonora memorable- les convendrá dejar de leer este artículo en este punto). 

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A partir de allí la historia de David muestra una serie de disrupciones inexplicables. Porque los cirujanos plásticos logran rehacer su rostro, pero de a ratos él ve en el espejo su aspecto anterior. Recupera a Sofía pero a veces ella es Julie, como si no hubiese muerto en aquel auto. Enloquecido, la asesina; pero luego de consumar el crimen, la realidad vuelve a cambiar: a quien ha matado es a Sofía. En prisión recibe el apoyo de Curtis McCabbe, terapeuta que lo ayuda a comprender que ha sido víctima de una enorme conspiración. Hay poderosos personajes que gestaron su desgracia.

Entre tanta confusión, aparecerá la explicación a todo. Se la dará Edmund, un hombre extraño al que ha visto en varias ocasiones acechándolo. En plena fuga de su cárcel, sobre la azotea de un rascacielos, David escucha la verdad: todo lo que ha vivido en los últimos tiempos es un “sueño lúcido” contratado por él mismo a una empresa que brindaba ese servicio a personas desahuciadas. Las congelaban hasta un estado de vida latente y les inducían un sueño a medida de sus deseos (el concepto del sueño lúcido) que podía durar siglos. En el caso de David, había comprado el servicio luego de un intento de suicidio en su etapa más oscura post-accidente. Pero su subconsciente comenzó a interferir y el sueño se convirtió en pesadilla. Edmund es el servicio técnico que llega para corregir el problema.

Nosotros

Los argentinos también vivimos un largo sueño lúcido que se salió de cauce y al que regresamos, entre arrepentidos y aterrorizados, tras las escasas ocasiones en que nos hemos atrevido a despertar al mundo verdadero.

¿Cuándo comenzó? Es difícil saberlo. Quizás fue en el arranque mismo de nuestra historia. O cuando en 1930, con el primer golpe de Estado, nuestro principal acuerdo de convivencia, la Constitución Nacional, se transformó en una entelequia. Recuerdo a mis profesoras de “Instrucción Cívica” tomando lecciones, en plena dictadura, sobre la composición del Congreso o sobre cómo debían elegirse los presidentes de la Nación. Crecimos hablando de cosas que no existían.

Crecimos, también, viendo que los problemas son los mismos siempre: la inflación; la debilidad de nuestra moneda; nuestra insignificancia en la producción industrial global; la persistencia -en el trazo grueso- del mismo modelo exportador de hace dos siglos, basado en materias primas sin valor agregado; la ausencia de acuerdo político en temas de fondo; el déficit fiscal crónico resultante de endeudarse en las malas y generar nuevos gastos improductivos permanentes en las buenas.

El presente da para diversas lecturas

-Algunas consultoras analizan que la economía podría comenzar a rebotar en el último trimestre del año, aunque organismos como la Cepal mantienen su previsión de un cierre de 2019 con caída de la actividad económica (retracción del 1,8% para todo el calendario). Pero hay bastante coincidencia en que los últimos meses mostrarían indicadores mucho mejores -en la comparación interanual- que los de la primera parte del almanaque.

-La balanza comercial es positiva y su saldo crece desde septiembre del año pasado, en los últimos meses con una fuerte presencia de las exportaciones energéticas (rubro en el que la Argentina tenía números en rojo) y con la “ayuda” -la otra cara de la moneda- de una caída importante de las importaciones por la menor actividad.

-El gobierno y la Cepal estiman que la parte final de 2019 traerá una recuperación (leve, pero recuperación al fin) del salario real, que oxigenará tenuemente al mercado interno. Pero la Argentina fue, también, el único país -de los once de América Latina monitoreados por la Cepal- en el que los salarios se retrajeron durante el primer trimestre de este año.

-La “paz cambiaria” se mantiene y mejoró el optimismo sobre el futuro de la economía, pero la estabilidad del dólar (la del peso, en realidad, pero en esto también optamos por una mirada inversa) se está logrando con fórceps. Incluso, con tasas exorbitantes en pesos que perjudican las chances de recuperación.

-El gasto público continúa siendo un problema grave del que nadie quiere hacerse cargo. Mucho menos aquellos candidatos que son principales responsables, en mandatos actuales o anteriores, de haber alimentado al monstruo con sus incorporaciones clientelares de empleados.

-Relacionado con el punto anterior, el sistema impositivo ideado para sostener a ese Estado gigante, caro e ineficiente se va tornando cada vez más demencial. En combinación con la recesión y la caída de la capacidad de compra de los consumidores, hizo que a la parte más cruda del ajuste la pérdida de puestos de trabajo- la tuviesen que hacer las empresas privadas. Entre junio de 2018 y mayo de 2019 se quedaron sin empleo 217.000 personas del sector privado. ¿Qué ocurrió durante el mismo período con el empleo público? Se nombraron 16.500 empleados más en provincias y municipalidades.

-Los índices inflacionarios continuarían a la baja en los meses siguientes, pero siempre sujetos a la incógnita cambiaria.

-Probablemente el mejor dato de los últimos años: hay una cantidad inédita de figuras políticas presas y procesadas por hechos de corrupción. Sólo en la causa “Cuadernos de las coimas”, hay 47 imputados que llegarían a la instancia del juicio oral y público. La lista incluye a Cristina Kirchner y a buena parte de su elenco de funcionarios del Ministerio de Infraestructura. También a empresarios.

La decisión

A una semana de la primera estación electoral del año, las PASO, el principal interrogante de todo el proceso de votaciones es si nos animaremos a dejar de soñar u optaremos por seguir nuestra vida de onironautas que atraviesan, a bordo de una almohada, el tiempo y el espacio rumbo al infinito. Candidatos que nos pintan el cielo color vainilla sobran. ¿Cómo no jugarse a todo o nada si la supervivencia misma de ellos y de sus estructuras depende de que sigamos sin abrir los ojos?

Elijamos lo que elijamos, tengamos en claro que cuando los relatos de los viajeros -o cuando nuestras propias experiencias de valijas- nos dejan con las bocas abiertas por cómo es la vida en esos países en los que las cosas tienen lógica, los asombrosos no son ellos. Somos nosotros. Porque es difícil que en alguna nación más las víctimas sean los victimarios, trabajar sea la peor manera de ganarse la vida, la honestidad sea una seria disfunción personal, los que se enriquecen con dinero robado al Estado hagan todo lo posible por exhibirlo y no por ocultarlo, la holgazanería se considere una prestación, lo absurdo y lo políticamente correcto suelan ser la misma cosa.

En el final de Vanilla Sky, Edmund, el “asistente técnico”, le explica a David cuáles son las opciones. Le dice que el inconveniente con su sueño fue resuelto y que puede retomarlo si lo desea. La otra es que despierte y afronte un mundo que cambió mucho durante los 150 años en que él estuvo congelado. Le advierte, sobre esta opción, que su fortuna está casi agotada. Quizás intentando ayudarlo a tomar la decisión, le agrega:

-Aquí lo importante es que te contestes qué es la felicidad para vos.

El psicólogo McCabbe reaparece en escena: -No hables con esta gente, David, es peligrosa.

Pero McCabbe es, finalmente, una creación más de la mente de David, que desestima la advertencia, piensa un segundo y responde: -Quiero una vida real.

Luego corre y salta al vacío. Era la condición para despertar.