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La ruta migratoria más peligrosa del mundo

Todos los años miles de personas intentan huir de las guerras, la violencia y el hambre que azotan a poblaciones enteras de África y Oriente Medio. Aventurarse en las difíciles aguas del Mediterráneo para llegar a Europa se presenta para estos migrantes, que marchan apenas con lo puesto, como la única y última posibilidad de una vida mejor. Sin embargo, el viejo continente mira para otro lado, ignorando los pedidos de asilo y también las muertes en alta mar.

 El drama humanitario que padecen estas personas ha convertido al Mediterráneo en la ruta migratoria más peligrosa del mundo. Un reciente informe de la Organización Internacional para las Migraciones alertó que, solo durante los primeros seis meses de este año, 681 personas han muerto tratando de cruzar ese mar. La cifra, aseguran expertos del organismo internacional, se ubica muy por encima de las que se registran por muertes en otras zonas del mundo que tienen, incluso, un mayor movimiento migratorio irregular, como es el caso de la frontera entre México y Estados Unidos. Pero frente a esta enorme tragedia no todos dan la espalda a tanto sufrimiento. El Papa Francisco, por ejemplo, reiteró esta semana su apoyo a los migrantes que piden asilo a distintos países europeos. Lo hizo al cumplirse el sexto aniversario de la recordada y más que simbólica visita que hizo a la isla italiana de Lampedusa, en 2013, a pocos meses de haber iniciado su pontificado. En un fuerte mensaje a la comunidad internacional, el Sumo Pontífice celebró una misa en la basílica de San Pedro con la presencia de migrantes y socorristas del mar. Allí, además de reconocer la necesidad de ayudar a quienes piden asilo, el Papa expresó su dolor por las muertes ocurridas días atrás en un centro de detención de migrantes de la ciudad de Tajoura, en Libia, a raíz de un bombardeo. “La comunidad internacional no puede tolerar hechos de esta gravedad”, dijo.

No piensa lo mismo el ministro del Interior de Italia, Matteo Salvini, quien ha hecho gala de sus ideas xenófobas, rechazando cualquier posibilidad de desembarco de inmigrantes en puertos italianos, sin importar si sus vidas peligran en el mar. Salvini no dudó en ordenar la detención de la joven alemana Carola Rackete, capitana del barco Sea Watch 3, que tras dos semanas de navegar a la deriva en el Mediterráneo con 40 inmigrantes africanos a los que había rescatado de una muerte segura, desobedeció las órdenes de las autoridades italianas y atracó la embarcación en la isla de Lampedusa que, debido a su proximidad con Libia, recibe a cientos de solicitantes de asilo por mes).Es la misma isla que el Papa visitó en 2013 para llamar la atención sobre la crisis de los migrantes. La capitana fue detenida por la policía italiana, aunque una jueza rechazó luego los cargos en su contra que había presentado Salvini y ordenó su inmediata libertad. El funcionario italiano, lejos de dar marcha atrás, redobló su apuesta y ordenó cerrar el mayor centro para migrantes de Europa que funcionaba en Sicilia. Pero será difícil tapar el sol con las manos.

Según las autoridades del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Europa está frente a “una de las mayores afluencias de refugiados en décadas”. Los expertos del organismo de la ONU explican que lo que se observa en el Mediterráneo va más allá de un mero fenómeno migratorio. Se trata, aseguran, de una situación humanitaria crítica, que se agravó en los últimos años por el incremento del flujo de refugiados, de pedidos de asilo y de las migraciones por razones económicas que utilizan las vías de desplazamiento irregular. Son migrantes que escapan de países de Oriente Medio, África, los Balcanes Occidentales e incluso de Asia del Sur.

La organización Médicos Sin Fronteras, que participa de operativos de rescate de refugiados en el mar, denunció que varios estados europeos iniciaron campañas de desprestigio y maniobras para desalentar el trabajo de las organizaciones no gubernamentales que, por razones humanitarias, se han lanzado a la tarea de rescatar a personas del Mediterráneo. Representantes de esa organización señalaron que a los rescatados en el mar se les ha negado el acceso a puertos seguros y se les ha rechazado la asistencia de otros barcos, dejándolas varadas en el mar durante semanas. Es de esperar que los países de la Unión Europa no sigan cerrando sus puertos y ayuden a quienes sufren esta crisis humanitaria.