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Hong Kong teme perder sus libertades democráticas

Cerca de un millón de personas salieron el domingo a las calles de Hong Kong para manifestarse contra los cambios que las autoridades de ese territorio quieren introducir en la ley de extradición. Los manifestantes temen que detrás de esas modificaciones esté la intención de China de acotar los límites de la democracia que goza esta región administrativa que, desde hace 22 años, está bajo la órbita de Pekín.

En rigor, Hong Kong tiene el estatus de ‘Regi ón Administrativa Especial‘ y desde que el Reino Unido se retiró de ese territorio y lo devolvió a China, que lo gobierna bajo el principio de ‘un país, dos sistemas‘, los habitantes gozan de un sistema político con más libertades, muy diferente al que rige en la parte continental del gigante asiático. La creciente desconfianza de los hongkoneses hacia China alcanzó el domingo su máxima expresión con la multitudinaria manifestación que ganó las calles.

Convertido en un centro financiero internacional, Hong Kong tiene un sistema legal diferente al de China, con un abanico de partidos políticos que, hasta ahora, ha permitido a los habitantes de ese territorio gozar de una saludable democracia, donde no está mal vista la libertad de expresión y de reunión. Sin embargo, la decisión de las autoridades locales de promover un cambio en la ley que permitiría extraditar a China a presos hongkoneses reavivó el temor por lo que consideran nuevos intentos de Pekín por imponer su controvertido sistema judicial en esta región especial. De hecho, el miedo a perder derechos movilizó a millones de ciudadanos que salieron a las calles de Hong Kong para protestar en contra del polémico proyecto para modificar la ley de extradición.

La protesta del domingo es considerada como la mayor en el territorio desde que se retiraron los británicos. El antecedente más reciente son las movilizaciones que tuvieron lugar en 2014, cuando una serie de manifestaciones ganaron las calles del centro financiero de la ciudad durante casi 80 días en el llamado Movimiento de los Paraguas, pero según periodistas de distintos medios locales la protesta de este fin de semana superó ampliamente en número a aquella. Diferentes organizaciones que promueven los derechos civiles en Hong Kong denuncian que China podría estar detrás del intento para cambiar la ley que establece las reglas que rigen para los casos de extradición y que, de concretarse la modificación, sería un avance del gigante asiático sobre el sistema democrático en esta región administrativa. En ese sentido, advierten que en la práctica el proyecto podría ser utilizado por Pekín contra dirigentes hongkoneses que defienden la autonomía y prefieren mantener a su sistema capitalista a una prudente distancia del modelo económico y social más rígido que impera en China continental. Los activistas hongkoneses que se oponen a un mayor acercamiento a la denominada “economía de mercado socialista” del gigante asiático aseguran, además, que su sistema judicial difiere enormemente del sistema chino, al que definen como “opaco y politizado” y carente de una verdadera división de poderes. Todo parece indicar que este miércoles los manifestantes volverán a las calles para expresar su rechazo a la ley que, aseguran, permitiría a los tribunales de Hong Kong tramitar las solicitudes de extradición de jurisdicciones sin acuerdos previos, en particular con China, y sin supervisión legislativa. Se teme también que en estas nuevas protestas se puedan repetir los enfrentamientos de manifestantes con la policía, como los ocurridos el domingo cuando los efectivos de la fuerza de seguridad reprimieron a la gente con bastones y gas pimienta para evitar el ingreso de la protesta a la sede del Consejo Legislativo local.

Mientras tanto, la desconfianza hacia Pekín aumenta a medida que pasan las horas. Si se tiene en cuenta que en enero pasado las manifestaciones en las calles de Hong Kong para reclamar plena democracia e independencia lograron convocar a no más de 6.000 personas, y que este domingo ese número trepó a casi un millón, es evidente que los ciudadanos de esta región administrativa especial ubicada al sur del gigante asiático cada vez son más conscientes que lo que está en juego es, nada más ni nada menos, que el futuro de las libertades democráticas en esta antigua colonia británica que en 1997 quedó bajo soberanía china bajo la particular fórmula ‘un país, dos sistemas‘ con la promesa de garantizar a sus ciudadanos autonomía y sufragio universal.